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ANÁLISIS

La ‘solución Santa Sede’

España apoya una fórmula intermedia: la que tiene el Vaticano en Naciones Unidas

La petición de ingreso del Estado palestino en Naciones Unidas será debatida por el Consejo de Seguridad en septiembre. Como bien sabe la Autoridad Nacional Palestina (ANP), su propuesta no tiene ninguna posibilidad de prosperar, pues EE UU ha anunciado que, si es necesario, ejercerá su derecho de veto. Por eso, en paralelo, la ANP presentará una propuesta de resolución ante la Asamblea General, donde tiene el éxito asegurado, pues al menos 120 de sus 194 miembros reconocen ya al Estado palestino.

La Asamblea General no puede, sin embargo, admitir a Palestina como miembro de pleno derecho de la ONU, una competencia reservada al Consejo de Seguridad. Lo que sí puede es darle el estatuto de “observador”. Se trata de una fórmula intermedia, pues los observadores no tienen derecho de voto, pero sí pueden adherirse a los convenios internacionales depositados en la ONU.

España apoya esta fórmula, conocida como solución Santa Sede, ya que es el estatuto que tiene el Vaticano en Naciones Unidas, y el que tenía Suiza hasta que decidió, tras un referéndum, que formar parte de la ONU no violaba su neutralidad. No por casualidad el asunto se abordó en el almuerzo que el ministro de Presidencia, Ramón Jáuregui, y la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, mantuvieron con el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, durante la reciente visita del Papa a Madrid. Es a este estatuto al que aludía Jiménez cuando, en la entrevista con EL PAÍS que tanto ha molestado a las autoridades israelíes, subrayaba la necesidad de “dar algún paso” en la dirección de reconocer al Estado palestino. Porque aprobar el estatuto de observador para el Estado palestino es, en definitiva, reconocer al Estado palestino. Y todos los países que voten a favor de la resolución en la ONU deberán, antes o después, oficializar este reconocimiento.

Reconocer diplomáticamente a un Estado es una competencia nacional, pero la política exterior de la UE quedará muy debilitada si se divide en un asunto tan crucial. El consenso parece imposible, pues la canciller germana, Angela Merkel, se ha comprometido con Netanyahu a no respaldar la iniciativa palestina. Lo mismo harán, con toda probabilidad, la República Checa, Polonia u Holanda. Jiménez espera que, al menos, una mayoría de países de la UE respalde la resolución y para eso ha pedido a la ANP que esta incluya el reconocimiento del Estado de Israel, garantías para su seguridad y un llamamiento al reinicio de las negociaciones. Está por ver si será suficiente para Francia o Reino Unido.