El derecho a equivocarse
Los lectores y las lectoras escriben sobre las maneras de evaluar en las escuelas, la distracción de las pantallas, la normalización de los modos ultras, y la importancia de la colaboración europea

Mi hija de 2º de ESO tiene hoy un curioso examen de Matemáticas: les plantea un ejercicio sobre algo del temario que aún no han visto para evaluar su capacidad de buscar soluciones a problemas que no les han enseñado a resolver. No es nuevo, es el “aprendizaje por descubrimiento”. Lo que me parece novedoso es evaluarlo. ¿Qué nota le damos al que no sea capaz de encontrar la solución? Si tiene que enfrentarse a conceptos que no entiende, ¿qué es lo que penalizamos? ¿La falta de capacidad?, ¿la falta de originalidad?, ¿el desinterés para intentarlo? Quizá eso sea lo único punitivo: no intentarlo. Porque de los errores, se aprende. Hay que equivocarse para mejorar. Quizá tengamos que aprender a premiar los errores y no a penalizarlos: en un mundo basado en las apariencias, lleno de suntuosos escaparates, aplaudamos a los que se equivocan y siguen intentándolo. Aplaudamos los errores y las caídas, que, aunque no tengan tantos likes, son más habituales que los éxitos.
Víctor Yuste Camacho. Las Rozas (Madrid)
Lo que dejamos de ver
Hace unos días vi a una persona en una cafetería mirando el móvil mientras le hablaban. No era descortesía, sino automatismo. Lo hacemos todos. Hemos aprendido a estar en dos sitios a la vez y en ninguno del todo. Los estudios sobre economía de la atención llevan años advirtiendo lo mismo: nunca habíamos tenido tanta información disponible y nunca habíamos prestado tan poca atención a lo que tenemos delante. Las pantallas no son el enemigo, pero sí han cambiado algo profundo en nuestra relación con el presente. No solo se pierde la conversación. También la capacidad de notar, de ver la luz de una tarde, el peso de un silencio, lo que alguien calla, pero está ahí. Prestar atención es un acto que se aprende y se desaprende. Y llevamos años desaprendiéndolo sin darnos cuenta.
Beatriz Infanzón. Gijón
Mañana irán a por todos
En un mitin de Vox en Andalucía llamaban “mierda” al presidente Sánchez y “rata marica” al ministro de Interior; muchos jóvenes y otros no tanto corearon “Pedro Sánchez hijo de puta”. Y todo sigue, nadie del resto de los partidos ni desde ninguna institución ha manifestado indignación, incredulidad, vergüenza, repulsa, miedo... necesidad de poner límite a este fascismo que va creciendo y normalizándose. Yo sí necesito gritar mi indignación, mi miedo y mi turbación ante semejante deriva y el furibundo clima de odio que van generando y que nos remite a climas prebélicos. Pido que defendamos nuestra democracia antes de que sea derrotada, porque hoy van a por Sánchez, pero mañana irán a por todos.
Mariángeles Cremades. Pozuelo de Alarcón (Madrid)
La mar de bien
El proyecto SeaClear2.0, financiado por la UE, impulsa el saneamiento del fondo del Mediterráneo mediante robots capaces de detectar y recoger residuos. Esta propuesta es un ejemplo más de la necesidad de apostar por la innovación para lidiar con problemas globales. Sin duda, iniciativas como esta son las que nos animan a seguir luchando por nuestros objetivos comunes.
Alba Flores Escriche. Valencia


























































