La Unión Europea se la juega en Hungría
La derrota o no de Orbán en las elecciones presidenciales de este domingo puede marcar el futuro democrático de Europa


Las elecciones generales de este domingo en Hungría se han convertido en el escenario de un decisivo duelo entre la UE como modelo de integración supranacional pacífica y voluntaria y unos EE UU de Donald Trump que con el pretexto de fomentar una teórica soberanía nacional buscan fragmentar la Unión y debilitar el peso internacional del Viejo Continente. La posible victoria por sorpresa de Fidesz, el partido del actual primer ministro húngaro, Viktor Orbán, o su probable derrota, como prevén los sondeos, se vivirán en Washington y en Bruselas como un punto de inflexión en las ya tensas relaciones transatlánticas.
La Casa Blanca confía en mantener a Orbán como cabeza de puente para una política internacional encaminada a profundizar el vasallaje de Europa. Trump busca que el húngaro sirva de referente para otros movimientos ultranacionalistas, en particular, para una Francia que en 2027 podría caer en manos del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen.
Bruselas y la mayoría de las capitales europeas, en cambio, cruzan los dedos para que el partido de Péter Magyar, Tisza, ponga fin a los 16 años de mandato ininterrumpidos de Orbán. El primer ministro saliente, cada vez más escorado hacia el euroescepticismo, ha aprovechado la generosa y multimillonaria ayuda de la UE para poner en pie un proyecto político en contra del propio club comunitario y al servicio, literalmente, de una corriente iliberal y autoritaria en la que milita junto a líderes como el ruso Vladimir Putin, el israelí Benjamin Netanyahu o el propio Trump.
La descarada intervención de la Casa Blanca a favor de Orbán, con mitin incluido del vicepresidente de EE UU, J. D. Vance, en Budapest, muestra ya de por sí que los comicios húngaros transcienden con mucho la importancia de una contienda electoral al uso. Y que está en juego el devenir de un proceso de integración política y económica más imprescindible que nunca si el continente europeo quiere ser algo más que un rosario de naciones alfeñiques a merced de las grandes potencias del siglo XXI.
La administración Trump no oculta que ese es el futuro nada halagüeño que desea para Europa. Así lo expuso en su reciente estrategia de seguridad nacional, aprobada a finales de 2025. Y para que no haya dudas sobre quiénes son sus aliados para la desmembración de la UE, el documento saluda con “gran optimismo la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos”, en clara referencia al grupo Patriotas por Europa creado por Orbán y al que se incorporó el Vox de Santiago Abascal.
Orbán, en horas bajas de popularidad —sobre todo, por el pésimo balance de sus políticas económicas y sociales— se mantiene aferrado a ese mástil reaccionario de Trump con la esperanza de seguir siendo el más fiel representante de MAGA en Europa. Pero la internacional ultra no lo tiene fácil y una derrota electoral este 12 de abril en Hungría podría lastrar su presencia en Europa. La euforia que disfrutaron por la vuelta al poder de Trump se ha transformado en estupor ante los desvaríos del 47º presidente estadounidense y en decepción por sus repetidos fiascos tanto dentro como fuera de EE UU. Los partidos ultras europeos empiezan a marcar distancia con el imprevisible inquilino de la Casa Blanca, desde la primera ministra italiana, Georgia Meloni, a Le Pen, líder de la oposición en Francia. A Trump le queda Orbán, y viceversa. Pero los ocho millones de húngaros llamados a las urnas este domingo pueden poner fin a tan peligrosa relación para Europa.
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