Ofelia y los patriotas
La ‘influencer’ puede ofender, y ofende, pero los peligrosos son los vendepatrias que mendigan al gendarme de la Casa Blanca que intervenga en España, caiga quien caiga, que ya la levantarán ellos

Ofelia Hentschel es una señora de 34 años que alcanzó cierta celebridad en España en 2021 como concursante de MasterChef. No ganó. Quedó semifinalista. Pero su belleza pizpireta, su precioso nombre entre musa de Shakespeare y secretaria de Mortadelo, y su genio, no solo culinario, le reportaron suficiente crédito como para reunir a una parroquia de 165.000 fieles en Instagram. Un púlpito desde el que se ofrece como “experta en nutrición antiinflamatoria” y da cuenta de sus peripecias. Nada extraordinario. Hay miles de autodenominados influencers que acreditan menos méritos. El verdadero drama de Ofelia le sobrevino el sábado. Se había tomado cuatro días de vacaciones en Dubái, ese sitio donde se encarcela a homosexuales, con la fatalidad de que, entre hotelazo, piscina y cócteles, a Estados Unidos e Israel se les ocurre atacar a Irán, Irán empieza a lanzar misiles sobre Dubái, Dubái a interceptarlos, y la chica se asusta y quiere salir de allí como sea. Comprensible. Menos lo fue su patriótica arenga a los españoles para no pagar impuestos porque la Embajada no la llamaba, como si los otros 29.999 españoles en su situación no existieran, ni, por supuesto, tener una sola palabra para las auténticas víctimas de la guerra.
Pobre Ofelia. Puede ofender, y ofende, pero es inofensiva. Un ejemplar alfa de esos especímenes a quienes les hemos hecho creer que tienen derecho a todo y los demás que arreen, y a los que hacemos demasiado caso: los medios, los primeros. Una malva. Mucho peores, más irresponsables e infinitamente más peligrosos, son otros patriotas que están dando el do de pecholobo estos días en las redes. Son esos políticos, empresarios y, sí, también periodistas vendepatrias, que mendigan al histriónico gendarme de la Casa Blanca que intervenga en España, caiga quien caiga, que ya la levantarán ellos. Esos sí que dan miedo. Por lo que respecta a Ofelia, ayer informaba, ya desde el aeropuerto de Estambul, de que, tras terribles vicisitudes con su tarjeta de crédito y las fluctuaciones del espacio aéreo, ya tenía plaza en un vuelo. Ojalá esté pronto en casa editando su próximo reel. No me lo pierdo.
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