_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

‘Remigración’, mucho más que una palabra funesta

El término tiene claras connotaciones eufemísticas. Suena como envuelto en gasa conceptual, pensado para difuminar el racismo que destila

Un manifestante sostiene una pancarta que muestra a Joseph Goebbels y a Bjoern Hoecke, principal candidato del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AFD) en las próximas elecciones estatales federales de Turingia, durante una protesta nacional contra el racismo y los planes de la AFD de deportar a extranjeros, en Bonn este domingo.
Un manifestante sostiene una pancarta que muestra a Joseph Goebbels y a Bjoern Hoecke, principal candidato del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AFD) en las próximas elecciones estatales federales de Turingia, durante una protesta nacional contra el racismo y los planes de la AFD de deportar a extranjeros, en Bonn este domingo.WOLFGANG RATTAY (REUTERS)

A la hora de elegir la palabra más negativa del año, Alemania se ha decantado por un término de inquietante actualidad: remigración. Es lo que toda la vida hemos denominado repatriación forzada. La han puesto en circulación individuos afines al nacionalsocialismo y, en general, personas que no dan un duro por el Estado de derecho. La palabra remigración tiene claras connotaciones eufemísticas. Suena como envuelta en gasa conceptual, pensada para difuminar el racismo que destila. El Tercer Reich abrigó en su día idéntico propósito. Consiste en establecer unos criterios encaminados a dividir la población entre puros (el pueblo genuino: antaño ario, ahora simplemente alemán) y los indeseados cuya presencia se supone que menoscaba el suelo patrio. Ciertos paladines de la pureza, no carentes de apoyo político y financiero, han urdido un plan para la consumación de su proyecto de limpieza. Proponen, entre otras cosas, descargar en África a millones de expulsados. La idea es análoga a la de los nazis, quienes estudiaron la viabilidad de un confinamiento masivo en la isla de Madagascar antes de impulsar la tristemente célebre solución final. Todo esto, incluyendo nombres propios de la Alternativa para Alemania (AfD) y de la Werteunion (una rama ultraconservadora de la democristiana CDU), se ha hecho público después que la red de periodismo de investigación Correctiv lograra infiltrarse en una reunión secreta de noviembre pasado en un hotel de Potsdam. En ella fue expuesto un plan que prevé la remigración (léase expulsión) del país no sólo de inmigrantes y refugiados, sino de ciudadanos con antecedentes migratorios provistos de nacionalidad alemana. Podría pensarse que se trata de fantasías de cuatro locos fanáticos. Cuidadito, cuidadito. Las últimas encuestas sitúan a la Alternativa para Alemania como segundo partido más votado; en algunas regiones del Este, como el primero.

Haz que tu opinión importe, no te pierdas nada.
SIGUE LEYENDO

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_