tribuna
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El ‘Sprachverwendung’ de Vox

El poder del lenguaje se convierte en un instrumento fundamental para una nueva extrema derecha que se ha normalizado en las instituciones

La diputada de Vox Carla Toscano, con una camiseta que reza "NotMeToo", en el Congreso en octubre de 2021.
La diputada de Vox Carla Toscano, con una camiseta que reza "NotMeToo", en el Congreso en octubre de 2021.Europa Press

En La lengua del Tercer Reich, Victor Klemperer, un periodista y filólogo judío que sobrevivió a la II Guerra Mundial en Alemania, describe cómo el nazismo “se introducía en la carne y la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones y de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente”. Ochenta años después del régimen totalitario, el poder del lenguaje se convierte en un instrumento fundamental para una nueva extrema derecha que se ha normalizado en las instituciones desde hace dos décadas.

En el libro del etnonacionalista francés Guillaume Faye publicado en 2001, Por qué luchamos: Manifiesto de la resistencia europea, y en el manifiesto de 2015 del líder fascista sueco Daniel Friberg, El regreso de la verdadera derecha: Un manual para la auténtica oposición, se introduce al lector a un compendio de términos específicos que están destinados a guiar el debate político. Las listas incluyen palabras como “amenazar”, “traidores”, “populista”, “extranjero” utilizadas de manera diferente según la realidad de cada Estado y que hoy son comunes en el discurso de toda la extrema derecha política. Y es que el lenguaje es un arma poderosa para hacer que las ideas extremas parezcan convencionales, que actúan como dosis mínimas de arsénico y que como observó Klemperer,”uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno y, al cabo de un tiempo, se produce el efecto tóxico”.

Precisamente una toxicidad de bulos e insultos que empezó a liberarse en el Congreso de los Diputados y en muchos parlamentos autonómicos desde que lograron representación en 2019: “burka ideológico”, “colectivización de las mujeres” o la última descalificación personal que recibió la ministra de Igualdad, Irene Montero. Este discurso, repetido en redes, permite la coexistencia pacífica de un machismo radicalizado y de la negación del propio concepto de violencia machista, y cuando resulta conveniente, traslada la violencia en términos generales a aquella de carácter sexual directamente a las mujeres.

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Por lo tanto, es incuestionable que el antifeminismo se ha convertido en una de las piedras angulares de la extrema derecha española: la ofensiva contra la llamada “ideología de género”, término cuya primera difusión y popularización en sectores ultraconservadores españoles debe asociarse a la labor llevada a cabo desde la Conferencia Episcopal Española y del Consejo Pontificio para la Familia, va tomando fuerza y consolidándose a medida que las fake news y las “verdades alternativas” presentes en las redes sociales alimentan una misoginia cuyos vocabularios se encuentran a medio camino entre el discurso reaccionario de la Iglesia Católica y los nuevos arsenales léxicos del nacionalpopulismo.

En este discurso, que tiene a partes iguales elementos de las retóricas reaccionarias que marcarían y facilitarían el ascenso de los movimientos autoritarios y totalitarios de los años treinta y cuarenta, hay también elementos novedosos y “palabras clave” de nuevo cuño que han permitido la gestación de un “contramundo” esencialmente retórico en el que de nuevo los fantasmas de la “decadencia nacional” parecen estar formados por las mismas alusiones a la “hiperfeminización de la sociedad y del género masculino”, supuestamente responsable del decaimiento y decadencia de la nación.

En este juego retórico los acompañan las redes, reproductoras del discurso que viene desde el terreno de lo político, pero también creadoras y difusoras de los vocabularios más reconocibles de los youtuber, los tuiteros y otros gurús digitales que han sido en gran medida responsables de la articulación de un machismo milenial de consumo rápido que no para de crecer entre los más jóvenes. Así, uno de cada cinco chicos entre 14 y 29 años niega la violencia de género o la considera un “invento ideológico”. Y esta percepción ha aumentado más entre hombres (un 9,1%) que mujeres (3,6%) en los últimos dos años (2017-2019) de acuerdo con el último Barómetro sobre Juventud y Género elaborado por el Centro de Estudios Reina Sofía. También es preocupante que el 15,4% de chicos opina que, si es de poca intensidad, no es un problema para la relación. En el caso de las mujeres, los porcentajes se reducen significativamente al 7,3%. Y, en ambos casos, crecen las cifras de normalización de la violencia (3,5% hombres y 2,5% mujeres).

Afirmaciones sobre la violencia de género evolución 2019-2021. Resultados agrupados para ACUERDO ALTO (7-10). Escala original de 0 (nada de acuerdo) a 10 (totalmente de acuerdo). Datos en %. Base: total muestra (N=1.201)
Fuente: elaboración propia con datos del Barómetro sobre Juventud y Género  2021. Centro Reina Sofía
Afirmaciones sobre la violencia de género evolución 2019-2021. Resultados agrupados para ACUERDO ALTO (7-10). Escala original de 0 (nada de acuerdo) a 10 (totalmente de acuerdo). Datos en %. Base: total muestra (N=1.201) Fuente: elaboración propia con datos del Barómetro sobre Juventud y Género 2021. Centro Reina Sofía

Ya no es suficiente decir “No más Auschwitz, no más horror” para invocar las atrocidades por las cuales esos hechos se constituyeron. Es necesario comprender la gestación de esos fenómenos, los porqués no solo de su nacimiento, sino de todas las aristas que lo conforman y que favorecen su normalización y crecimiento una vez han llegado a las instituciones a través de las urnas y alcanzar así una respetabilidad ante la ciudadanía. Y eso Vox lo ha logrado ya. La extrema derecha española ha echado raíces y el lenguaje ha sido fundamental para lograrlo.


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