Editorial
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Inviable, indeseable

Los hechos deben confirmar la renuncia al unilateralismo del líder de Esquerra

Oriol Junqueras a su llegada al Parlament para asistir a la investidura de Aragonès el pasado 21 de mayo.
Oriol Junqueras a su llegada al Parlament para asistir a la investidura de Aragonès el pasado 21 de mayo.Albert Garcia / EL PAÍS

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El líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, dio ayer un paso significativo al descartar el unilateralismo, por inviable e indeseable, como vía para conseguir la independencia. Es una rectificación respecto de sus anteriores posiciones y de las de su partido. Las palabras son bienvenidas: como giro puede contribuir a reducir la tensión y reactivar el diálogo político. Naturalmente, la retórica no es suficiente. Habrá que constatar que esta se plasme en la estrategia oficial de Esquerra, así como verificarse como realidad inequívoca en su práctica política, ahora, y en el tiempo.

El unilateralismo que ahora cuestiona Junqueras implicaba una acción política pautada desde la ilegalidad, por la vía de los hechos, con desprecio al ordenamiento constitucional y estatutario. Es cierto que desde el fracaso del referéndum ilegal del 1-O de 2017, Esquerra venía defendiendo priorizar la vía escocesa, esto es, el acceso a la independencia de Cataluña mediante un referéndum pactado con el Gobierno. Pero en su conferencia del 1 de julio de 2018 las bases desbordaron a la dirección e impusieron la tesis de que “si el enroque del Estado perdurase”, ERC se comprometía a “no desaprovechar cualquier grieta de oportunidad” para proclamar de nuevo la independencia y abrir paso a una república catalana.

Conviene cotejar esa posición con el texto de ayer de Junqueras defendiendo “la vía del referéndum acordado”, pues “otras vías no son viables ni deseables en la medida en que de hecho nos alejan del objetivo”. Califíquese esta postura de cuestionamiento, rechazo o distanciamiento, lo cierto es que rectifica la anterior —y la suya propia, en el libro Tornarem a vèncer, escrito con la fugada Marta Rovira—, en el que consideraban “muy probable” tener que llamar a la “desobediencia civil” y a la “movilización constante” para imponer la secesión.

El distanciamiento de la unilateralidad se refuerza ahora con el reconocimiento de que la iniciativa ilegal del 1-O “tampoco fue entendida como plenamente legítima por una parte de la sociedad, también la catalana”. Aflora, por fin, el reconocimiento de la ciudadanía que vivió aquello como lo que fue: un atropello legal intolerable. Esto no imposibilita la repetición de la aventura sediciosa, pero desde luego complica el contorsionismo de justificarla de nuevo en el futuro. En conjunto, pues, las palabras son una buena premisa: la cúpula de Esquerra se aleja del unilateralismo.

El giro tendrá ahora que materializarse en la praxis política, en el respeto constante de los marcos constitucionales y estatutarios, en el uso democráticamente impecable de las instituciones. Queda por ver cómo esto encajará con el resto de los actores del universo independentista. La portavoz de Junts, Elsa Artadi, se reafirmó en el referéndum unilateral y se negó a “descartar caminos”.

Con todas las cautelas, la nueva retórica de Junqueras es significativa. El presidente de Extremadura, el socialista Fernández Vara, la calificó de “muy importante”. Su valor reside en que allana un poco el terreno a la salida del nefasto escenario en el que Cataluña ha estado sumida durante demasiados años. Es ingenuo pensar que haya soluciones cerca; pero lo es más creer que la cuestión catalana se resolverá con el no a todo. La política, dentro del marco constitucional, debe conducir a la sociedad catalana lejos del abismo. Las palabras de Junqueras no garantizan nada, pero van en la dirección correcta.

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