DEFENSOR DEL LECTORTribuna
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Soldada, caba y sargenta; no generala

Las reglas del ‘Libro de estilo’ del periódico levantan pasiones dentro y fuera de la Redacción

Portada del libro de estilo de EL PAÍS, edición 2021.
Portada del libro de estilo de EL PAÍS, edición 2021.

El combate contra la discriminación de la mujer incluye continuos avances en el uso del lenguaje. A veces, como se sabe, con polémica. El Libro de estilo de EL PAÍS suma algunos de esos progresos en cada edición. La vigesimotercera, vigente desde el 21 de febrero, incluye nuevas normas contra la violencia machista y el sexismo, así como la feminización de nombres de oficios. Por ejemplo, “soldada”. El Libro define la palabra como “femenino correcto de soldado”. Hay lectores que no lo asumen. El diccionario de la Real Academia Española (RAE), tampoco.

La polémica saltó el pasado día 12 por una noticia con “la soldada” Cristina de protagonista. Álvaro Miranda Simavilla protestó: “Siento el hartazgo del mal uso lingüístico —mal uso hortera del género— al referirse a ‘la soldada”. Recordaba el lector que la RAE solo admite el término “la soldado” y que “soldada” es, para la Academia, el “haber del soldado”.

Otro lector, que prefiere no ser citado una vez más en esta columna, escribió: “Parece ser que el Libro de estilo permite o exige que una soldado sea soldada; de haber sido la soldado cabo, ¿habría sido obligado escribir caba?”. Pues bien, para su sorpresa y la de muchos otros, la respuesta es sí. La XXIII edición del Libro de estilo exige escribir “caba”. Y “sargenta”. Y “capitana”, que hasta ahora asumía en todos los contextos salvo en el militar.

Otros lectores también censuran estas licencias estilísticas con idéntico argumento: que la RAE no las admite. Quizás prefieran buscar otras razones si descubren que la Academia acepta el femenino de grados militares pero con estas acepciones: “Generala: mujer del general”; “coronela: mujer del coronel”; y “sargenta: mujer del sargento”…. pero también, ¡atención!: “mujer corpulenta, hombruna y de dura condición”, y “mujer autoritaria”.

EL PAÍS asume ahora en toda su extensión la norma general según la cual “cargos, oficios, profesiones y títulos observarán rigurosa concordancia de géneros con sus poseedores”. Resulta fácil hacerlo si el oficio o cargo acaba en o: ingeniero, ingeniera; diputado, diputada. La regla se complica si termina en consonante, salvo que se trate de una n o una r: capitán, capitana; doctor, doctora. Y resulta inviable si concluye en -ista, y por eso no se admite periodisto o electricisto.

En todo caso, conviene recordar que se trata del Libro de estilo de este periódico, no un código de conducta para todos los hispanohablantes. Casi siempre coincide con los diccionarios oficiales de uso del castellano, pero no en todos los casos. Y, en ocasiones, es la RAE la que se adelanta. Hasta esta edición XXIII, EL PAÍS no ha asumido las palabras “jueza” o “concejala” —pasan a ser obligatorias—, admitidas como optativas por la Academia hace años no sin argumentadas contestaciones.

Álex Grijelmo, subdirector de Edición y coordinador del Libro de estilo, subraya que se trata de eso, de “un manual de estilo”. “Optamos por unos rasgos que nos definen y no por otros, dentro de las posibilidades que ofrece el sistema de la lengua”. Así explica la aceptación de soldada: “No hay razón para que el ámbito militar quede fuera de la progresiva feminización de cargos que avanza en toda la sociedad. Y los contextos desambiguan soldada en sus dos significados del mismo modo que lo hacen con frutero o cajero. Podríamos decir sin problema ‘el frutero se llevó el frutero’, ‘el cajero puso dinero en el cajero’ y ‘la soldada cobró su soldada”.

Fijar ese tipo de reglas levanta a menudo pasiones dentro y fuera de la Redacción. El debate es tan intenso como interminable. Basta comprobar estos días el guirigay que ha provocado la ministra Irene Montero con ese supuesto lenguaje inclusivo del “escuchados, escuchadas, escuchades o “hijos, hijas, hijes”. El Libro de estilo no lo admite.

Grijelmo recuerda en su libro Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo que el académico mexicano Gonzalo Celorio bromea así sobre cómo convertir en lenguaje inclusivo la frase “el perro es el mejor amigo del hombre”. Ahí va: “El perro y la perra son el mejor amigo y la mejor amiga del hombre y de la mujer, indistinta, respectiva o excluyentemente”. Les aconsejo que no lo intenten con amigo, amiga y amigue.

El lenguaje está abierto al cambio permanente y, por tanto, todo es discutible. Sin embargo, en el periódico se produce una tregua tras cada nueva edición del Libro de estilo. Una nota inicial decreta ese alto el fuego: “El Libro de estilo de EL PAÍS contiene normas de obligado cumpli­miento para todos los cargos del periódico, los redactores y los colaboradores. Nadie estará exento de esta normativa”.

Amén… hasta la vigesimocuarta edición.

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