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‘Pagainfantas’

Se ha sabido que Elena y Cristina se vacunaron en Abu Dabi durante una visita al patriarca. Es legal, vale, pero no ético

Las Infantas Cristina y Elena disfrutan juntas de una tarde de compras en las rebajas.
Las Infantas Cristina y Elena disfrutan juntas de una tarde de compras en las rebajas.José Oliva (Europa Press)

Crecí viendo a las infantas Elena y Cristina en la portada de las revistas rosa. Sus bautizos y comuniones, sus idas y vueltas al cole, sus veraneos en Mallorca, sus compromisos y, claro, sus fastuosas bodas, transmitidas por la tele pública con gran despliegue de medios sin que nadie dijera ni pío. Qué menos. Se casaban la primogénita y la mediana del idolatrado rey Juan Carlos, hermanas del heredero, relegadas por una Constitución que aún prima al varón sobre la mujer sin que a ningún partido se le caigan las siglas del oprobio. Después vinieron todas las debacles, privadas y públicas. El divorcio de Elena. La cárcel del marido de Cristina. La pérdida del norte, el sur, el este y el oeste de Juan Carlos. La disgregación de la familia real y de la real familia. Se acabaron las vacaciones, las Navidades, la misa de Pascua juntos en la catedral de Palma. A Cristina, incluso, le quitaron plazas y calles y su nueva Majestad, su hermano, la despojó del ducado que le dio su padre por su boda. Desde entonces, hermanas y padre parecen habitar, dos palmos sobre el resto y eternamente enojados, un mundo que no entienden.

Se ha sabido que las infantas se vacunaron en Abu Dabi durante una visita al patriarca en su jaula de oro. Se las ofrecieron y accedieron por no hacer el feo, según han contado, con dos ovarios por testa, al ser pilladas en falta. En plata: que, con 55 y 57 años, habrían tenido que aguardar meses para vacunarse en España y tomaron el atajo del privilegio que mamaron desde la trona. Es legal, vale, pero no ético. Y, como todo tiene remedio en esta vida, menos la muerte de quienes no llegaron ni llegarán a tiempo, les propongo enmendarse, esperar turno y ponerse la segunda dosis en sus sanatorios. Tenerlos, los tienen. El Infanta Elena, de Valdemoro, y el Infanta Cristina, de Parla, en la periferia madrileña. Dos hospitales pagados por todos que lucen su nombre en la fachada. Por ahora.

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Sobre la firma

Luz Sánchez-Mellado

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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