Editorial
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Cambio esperanzador

La transición en EE UU muestra el vigor de la democracia en la potencia americana y prometedores primeros pasos de Joe Biden

El Gabinete de Biden, de arriba a abajo y de izquierda a derecha; Linda Thomas-Greenfield, Joe Biden, Avril Haines, Alejandro Mayorkas, Antony Blinken y John Kerry. (AFP)
El Gabinete de Biden, de arriba a abajo y de izquierda a derecha; Linda Thomas-Greenfield, Joe Biden, Avril Haines, Alejandro Mayorkas, Antony Blinken y John Kerry. (AFP)

A pesar de haber vivido una de las elecciones presidenciales más convulsas de los últimos tiempos, la democracia estadounidense ha demostrado durante estos 23 días, una vez más, su solidez y resiliencia ante unas circunstancias marcadas no solo por lo ajustado del resultado, sino sobre todo por las inauditas y reiteradas acusaciones de fraude sobre el proceso lanzadas por el presidente en ejercicio y por su actitud hostil y obstruccionista.

Las tareas de recuento exhaustivo de los votos y los procesos judiciales abiertos por el equipo legal de Donald Trump para impugnar algunos de ellos se suceden sin incidentes y lo que es más importante: sin muestra alguna de sufrir alteraciones ante la descomunal presión que está ejerciendo el todavía inquilino de la Casa Blanca, quien se sigue negando a reconocer su derrota. Lo sucedido en Michigan es un buen ejemplo de esto. La Junta Electoral Estatal, tras recontar de nuevo los sufragios, ha confirmado la victoria de Joe Biden por 154.000 votos, a pesar de que Trump llamara a dos miembros republicanos de dicha Junta para que retiraran su certificación.

Responda o no a este estado de cosas, Trump finalmente se ha visto obligado a dar un primer paso y activar la transición pidiendo a su equipo que haga “lo necesario” en relación con “los protocolos iniciales”. Lo ha hecho, por tanto, de un modo oblicuo: sin conceder la victoria y vía Twitter. En cualquier caso, el proceso en el relevo presidencial se puede dar por comenzado sin que el presidente electo tenga que recurrir, por ejemplo, a pedir donaciones privadas para organizar el proceso, una circunstancia, cuando menos, extraña.

En paralelo, los primeros pasos de Biden son prometedores, con un retorno a la mesura —visto en su tono conciliador ante la victoria y la necesidad de unión ante la pandemia— y a la profesionalidad institucional. Así lo demuestra la calidad y el simbolismo de los primeros nombramientos de la que será su Administración. Biden va a gobernar rodeado de figuras de gran solidez. El nombramiento de Antony Blinken como secretario de Estado es una buena noticia para la recuperación del papel de EE UU en el mundo, pero también para Europa y el multilateralismo. Que el veterano John Kerry se encargue de la política climática es una garantía del giro en este problema crucial que Washington dará tras el negacionismo de Trump. Es significativa también la designación en puestos clave de mujeres reconocidas por su trayectoria —Avril Haines al frente de Inteligencia, y Janet Yellen, del Tesoro— y de un hispano, Alejandro Mayorkas, en Seguridad Nacional. Habrá que ver cómo afrontan la ardua tarea que les espera. De momento, reconfortan la resiliencia del sistema democrático estadounidense y las primeras decisiones del presidente electo.

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