Editorial
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Vacuna para todos

En la lucha contra la pandemia a escala global, el descubrimiento de vacunas eficaces no es suficiente. Es necesaria la cooperación internacional para que su distribución alcance a todo el planeta

Viales de la vacuna de Moderna, en un laboratorio de la compañía en Gaithersburg, Maryland (EE UU).
Viales de la vacuna de Moderna, en un laboratorio de la compañía en Gaithersburg, Maryland (EE UU).ANDREW CABALLERO-REYNOLDS / AFP

Las últimas novedades sobre las investigaciones en marcha hacen albergar fundadas esperanzas de que nos encontremos en la recta final para obtener una vacuna segura y eficaz contra el SARS Cov2. Particularmente positiva es la noticia de que la vacuna de Oxford-Astra Zeneca ha demostrado eficacia en la población mayor, la más vulnerable, algo que las otras dos más avanzadas, la de Pfizer y la de Moderna, están aún pendientes de demostrar. Esta vacuna tiene además la ventaja de que no necesita temperaturas muy bajas para su conservación y tiene un precio más asequible. En cualquier caso, entre la docena de vacunas en fase final de ensayo clínico es presumible que habrá una o varias capaces de frenar el virus.

Obtener una vacuna, sin embargo, es un requisito necesario pero no suficiente. Para frenar la pandemia es preciso disponer también de capacidad de producción a gran escala y una logística que permita su distribución, además de mecanismos de financiación que aseguren que llegará a todo el planeta y no solo a los países que puedan pagarla. Los más ricos, incluida la UE, ya se han asegurado reservas de diferentes vacunas antes incluso de saber si serán eficaces. Pero si algo ha demostrado esta pandemia es que, en un mundo globalizado e interconectado, la suerte de unos depende de que todos puedan inmunizarse.

La iniciativa de la UE, que por primera vez ha hecho una reserva conjunta de unos 1.800 millones de dosis y prepara un reparto equitativo, es un valioso precedente para el futuro de la Unión. Europa tiene además en los sistemas públicos de salud un instrumento muy importante para una rápida distribución. Cooperar en lugar de competir por las vacunas disponibles no solo es un enfoque éticamente preferible, sino también más eficaz.

La lucha por la vacuna se está convirtiendo en un elemento más de la pugna geoestratégica de las principales potencias para apuntalar su capacidad de influencia mundial. Pero esa competencia no asegura el éxito frente al virus. El gran reto en estos momentos es articular mecanismos de decisión y solidaridad a escala planetaria que permitan una distribución global justa y a un precio asequible. De momento, solo la iniciativa Covax se plantea una estrategia para que los países pobres no queden descolgados. Esta plataforma internacional de 187 países para el acceso equitativo a la vacuna se propone adquirir, bajo el paraguas de la OMS, unos 2.000 millones de dosis a lo largo de 2021, lo que permitiría inmunizar a las personas de mayor riesgo en los países más pobres. Pero hasta ahora solo ha logrado unos 1.700 millones de euros, y necesitará otros 4.200. Se acerca pues un momento crucial en el que habrá que tomar decisiones de las que dependerá el futuro de todos. Es la oportunidad de establecer un precedente que sirva para abordar futuras pandemias y otras crisis planetarias igualmente graves.

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