Opinión
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¿Es posible otra forma de hacer política?

La crispación es recurrente en España, donde funciona más vencer que convencer. Una nueva actuación es necesaria: la que parta de asumir que nunca nadie tiene toda la razón. La ciudadanía lo está esperando

Raquel Marín

La crispación hace mucho tiempo que acompaña a nuestra vida política. Ya en la última legislatura de Felipe González, el líder de Convergència i Unió, socio entonces del Gobierno socialista, acabó declarando en este periódico que el “espíritu de masacre, la demagogia, la falta de madurez democrática, la ausencia de sentido de Estado” (EL PAÍS, 3 de agosto de 1995) estaban íntimamente relacionados con las prisas de la oposición por llegar al poder. Años después, y con Rodríguez Zapatero presidiendo un ...

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