Editorial
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Tratado crucial

El Nuevo Start afecta a la salvaguarda de la paz en todo el planeta y la Administración Trump debería tratar de salvarlo

El representante especial de Trump para las negociaciones de Viena, Marshall Billingslea.
El representante especial de Trump para las negociaciones de Viena, Marshall Billingslea.CHRISTIAN BRUNA / EFE

La reunión celebrada en Viena entre Estados Unidos y Rusia para prorrogar el Tratado Nuevo Start, el último sobre control de armas nucleares que queda entre ambas superpotencias, no ha terminado en un fracaso, pero las condiciones para su renovación que exige Donald Trump auguran un inquietante futuro para un acuerdo vital para la seguridad mundial que expirará el próximo mes de febrero.

El Nuevo Start fue firmado en 2010 entre Barack Obama y el entonces presidente ruso Dimitri Medvédev, quienes ratificaron un texto que establecía limitaciones claras tanto sobre el número de ojivas nucleares activas que podían poseer EE UU y Rusia —1.550 cada uno— como sobre el número de medios para lanzarlas, como rampas, submarinos o bombarderos. Se trató de un compromiso histórico que superaba a otros tratados similares alcanzados durante la Guerra Fría y suponía el entendimiento sobre una cuestión crucial con la Rusia surgida tras el hundimiento de la Unión Soviética. No es por tanto un acuerdo con el que se pueda regatear ni amenazar con su desaparición, como ha venido haciendo Trump sistemáticamente con otros tratados de todo tipo desde que accedió a la Casa Blanca hace cuatro años, en lo que ha supuesto una voladura de los mecanismos internacionales de acuerdo ya existentes. El que la posibilidad de una guerra nuclear —intencionada o por accidente— haya desaparecido del subconsciente colectivo no significa que una de las amenazas más destructivas para la humanidad no exista ya o que tenga menos relevancia.

La Administración estadounidense quiere ligar la renovación del Nuevo Start a la inclusión de China en el acuerdo. Una intención que tiene su lógica, porque desde que Obama y Medvédev suscribieron el tratado ahora en cuestión, el desarrollo armamentístico nuclear de Pekín ha sido más que notable y un texto de estas características firmado a tres bandas sin duda supondría un hito en el freno de la proliferación nuclear. Pero la petición suena poco realista cuando quedan apenas pocos meses para negociar otras importantes cuestiones de carácter técnico, como los sistemas de verificación o el tipo de ojivas incluidas. Y máxime cuando el primer mandato del presidente estadounidense está a punto de terminar. Trump podría haber anunciado su intención de ligar a China a este tratado —un proceso largo que lleva varios años— al comienzo de su presidencia y no en el tiempo de descuento. Por si fuera poco, Pekín ha rechazado cualquier acercamiento de Washington en este sentido.

El Nuevo Start no es un tratado cualquiera, sino que afecta a la salvaguarda de la paz en todo el planeta. En vez de plantear escenarios desgraciadamente irrealizables por ahora, la Administración Trump debería tratar de salvarlo. Por el bien de todos.


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