Columna
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Prohibido jugar

Entre los aspectos más asombrosos de la respuesta a la pandemia está que lo primero que cerramos fueran las escuelas y que probablemente sea de lo último que vayamos a abrir

Unos niños en bicicleta pasean con su padre en Huesca con mascarillas para evitar contagios de covid-19.
Unos niños en bicicleta pasean con su padre en Huesca con mascarillas para evitar contagios de covid-19.JAVIER BLASCO

En todos los debates en España hay un momento en el que se dice que el problema está en la educación. Entonces uno sabe que la conversación ha llegado a la nada. La educación solo interesa de verdad cuando puede convertirse en batalla cultural o disputa teológica. En la desescalada hemos hablado de comercios, turismo, terrazas y fútbol, pero no hay una idea clara para la educación, ni ahora ni para el curso que viene.

Durante seis semanas los niños estuvieron encerrados sin que hubiera una explicación. Se decía que eran vectores de contagio, pero los estudios no sostienen esa idea. El descontento se atribuía a padres caprichosos: los niños, al parecer, no tenían derechos. Leíamos observaciones sobre los efectos del confinamiento en los adultos, pero también leíamos que a los niños no les afectaba. Todos pensamos que las experiencias de los primeros años son decisivas, pero en ese caso podíamos hacer una excepción, como Janis Joplin con Leonard Cohen. Si repasamos nuestra biografía, el confinamiento de los niños resulta claustrofóbico y el encierro de los adolescentes, un infierno.

El apaño de la escuela a distancia, a menudo disfrazado del optimismo tecnológico que sirve para vender mercancía averiada, contribuye a incrementar las desigualdades. No todos los padres tienen las mismas posibilidades, los mismos recursos de tiempo, formación, interés, acceso a libros o tecnología. Un maestro, por entusiasta que sea, tiene menos instrumentos para comunicarse o detectar los problemas. Puede producir estrés en los niños y una carga adicional incluso en padres que puedan teletrabajar. La carga se suele distribuir de forma asimétrica en relación con el género.

Hay muchas razones para lamentar el descuido de la educación. Entre ellas están la adquisición de conocimientos de los alumnos y su importancia para la sociedad y el hecho de que la educación contribuye a aumentar la igualdad de oportunidades. También que es bueno para los menores perder de vista a sus padres un rato y relacionarse con otros niños y con otros adultos. Una función esencial de la escuela es la socialización. Muchas veces no recuerdas cuándo aprendiste algo o se te olvida un contenido, pero de los amigos del colegio te acuerdas toda la vida. Entre los aspectos más asombrosos de la respuesta a la pandemia está que lo primero que cerramos fueran las escuelas y que probablemente sea de lo último que vayamos a abrir, y que entretanto hayamos prohibido jugar a los niños. @gascondaniel

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