Columna
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No empujen a los viejos al matadero

Cerca del 87% de los fallecidos en España por el virus eran mayores de 70 años

Un anciano con mascarilla descansa en el Parque Calero en Madrid.
Un anciano con mascarilla descansa en el Parque Calero en Madrid.Eduardo Parra - Europa Press (Europa Press)

Buena parte de la verdad está en las cifras, aunque sean imperfectas. Cerca del 87% de los fallecidos en España por el virus eran mayores de 70 años. Esta franja de edad supone el 14% de la población española: unos siete millones de ciudadanos, un séptimo del total de 47 millones (en 2019). Así que la mortalidad se ceba sobre todo en los mayores, más de siete veces que en el conjunto de los otros segmentos de edad, lo que confirma eso que sabíamos por observación directa.

El virus ha atacado con saña especial a los ancianos alojados en residencias geriátricas: un 66% —o sea, dos tercios— de las muertes en total a causa de la pandemia han ocurrido en ellas, más de 18.000 sobre 27.000, según cifras de RTVE de ayer, aunque pendientes de depuración. La capacidad de las 5.417 residencias es de 372.985 camas, y en principio igual número de plazas, lo que supone menos de una centésima de la población total. Así que, la relación numérica es en sí brutal: un 0,8% corto de la ciudadanía ha nutrido el 66% de las bajas por la pandemia. Hemos enviado a nuestros viejos al matadero.

También en países de nuestro entorno ha sucedido algo parecido. En Reino Unido, el 54% del total de fallecimientos se ha producido en los geriátricos, según estimaciones de la London School. En Bélgica alcanzaría el 51%. Aunque las cifras no se recogen sobre una base armonizada, apuntan a una diferencia de grado en contra de las residencias españolas: mientras las muertes en las de los países vecinos superan ligeramente la mitad de las totales, en nuestro caso se elevarían —escrito sea en condicional, por lo aproximativo de los datos— a dos tercios.

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También se registran grandes variaciones, dentro de una tónica dramática, entre las distintas comunidades autónomas, las que ostentan las competencias de control y supervisión de estos establecimientos. En Cataluña sus muertes suponen el 57,4% del total de fallecidos en la comunidad. En Madrid, el 66,7%.

Convendrá realizar muy pronto una auditoría pública global de las residencias de ancianos: si han estado sujetas a protocolos para no desviar sus contagiados a los hospitales; la densidad de ocupación de sus instalaciones; el porcentaje de espacios comunes y exteriores; la proporción de cuidadores; la dotación de equipos de protección; la frecuencia de visitas familiares; el número de inspecciones realizado por cada comunidad autónoma.

Aprendamos así, al menos, a cómo mejorar de raíz el sector. Porque esta vergüenza no debe repetirse.

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