Editorial
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Error matemático

No hay razón para suprimir la obligatoriedad de las matemáticas en el Bachillerato

La facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid.
La facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid.Víctor Sainz

Suprimir el carácter obligatorio de las matemáticas en el Bachillerato, como plantea el texto de la nueva ley educativa (Lomloe) que se tramita en el Congreso, resulta muy difícil de entender en los tiempos que corren. Las matemáticas son uno de los principales cimientos de nuestro mundo, y los estudiantes necesitan conocerlas antes de enfrentarse a sus carreras, a sus estudios de Formación Profesional y a su futuro. No se trata solo de quienes se orienten a la física o la ingeniería. La biología y su entorno —biomedicina, epidemiología, biotecnología— ya no se pueden entender sin las matemáticas, desde los algoritmos de análisis genómico a las dianas para nuevos fármacos pasando por las curvas de contagio en una pandemia. Las ciencias de la computación son matemáticas de la cabeza a los pies, y quien las ignore tiene todas las papeletas para quedarse al margen de ese mundo emergente y complejo: nuestro mundo.

Los argumentos del Ministerio de Educación, que ha redactado el texto, son poco convincentes. Alegan que hay que asegurar un currículo diverso porque muchos alumnos de Bachillerato no se van a orientar hacia una carrera universitaria, sino a la Formación Profesional. Esto no es una razón para suprimir la obligatoriedad de las Matemáticas, sino para mejorar su pedagogía. Los redactores también sostienen que la ley solo debe esbozar los grandes rasgos, y que las Matemáticas ya serán reguladas por real decreto. Más que un argumento, esto parece una salida por la tangente, y la experiencia de anteriores regulaciones de ese tipo demuestra que no ha funcionado.

La ciencia moderna arrancó cuando Galileo mostró que las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza. Quizá porque son de letras, los políticos no han entendido ese simple mensaje cuatro siglos después. Antes de que pasen otros cuatro, los legisladores harían bien en estimular la formación matemática de sus hijos y sus nietos, en lugar de condenarlos a la misma ignorancia que han sufrido ellos.

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