Editorial
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Evitar riesgos

La reapertura de las aulas es un paso delicado que debe hacerse con todas las garantías

Una clase de infantil del colegio público CEIP 103 de Valencia.
Una clase de infantil del colegio público CEIP 103 de Valencia.Manuel Bruque / EFE

Como ya se temía, organizar la vuelta a las aulas no va a ser fácil. El plan del Gobierno prevé que en las zonas que pasen a la fase 2 de desconfinamiento, a partir del 25 de mayo, puedan volver al colegio los alumnos de hasta seis años cuyos padres acrediten que tienen que realizar un trabajo presencial sin posibilidad de flexibilización, además de los alumnos del último curso de cada etapa escolar y aquellos que necesiten un refuerzo para sacar adelante los estudios, en este caso con carácter voluntario. Pero las comunidades autónomas, de las que depende la decisión final, ya han anunciado que los alumnos de 0 a 6 años no volverán a clase este curso. La última Conferencia Sectorial de Educación, que reúne a la ministra de Educación y los consejeros autonómicos, puso de manifiesto la dificultad de asegurar una distancia de dos metros y cumplir los requisitos de seguridad establecidos por Sanidad.

La escolarización de los alumnos menores de seis años había provocado controversia porque no se justificaba por razones educativas, sino de carácter laboral. La Sociedad Española de Pediatría, en un informe encargado por Sanidad, recomienda una vuelta a las aulas progresiva y paulatina, por grupos de edad, pero advierte que las dos etapas infantiles (guarderías de 0 a 3 años y escuelas infantiles de 3 a 6) son las que presentan mayor dificultad por lo que recomienda dejarlas para el final. En esas etapas predominan las actividades de socialización, con juegos y uso de materiales que pueden facilitar el contagio y la transmisión del virus.

Aunque algunos países, como Francia, han comenzado por los más pequeños, en nuestro caso, la alta densidad de alumnos por aula hace muy difícil garantizar espacio suficiente para que los niños no entren en contacto y un cuidador por cada cinco niños, como recomiendan los pediatras. No se debe obviar, sin embargo, que la falta de escolarización tiene un impacto negativo en todos los alumnos, pero muy especialmente en los niños de familias vulnerables que carecen de espacio vital y medios para seguir la enseñanza a distancia. Las administraciones educativas deben arbitrar planes de refuerzo escolar para estos alumnos, si es preciso a domicilio. En cuanto a las necesidades de los padres que tienen que trabajar, deberían considerarse otras medidas de apoyo, como permisos remunerados o ayudas específicas para el cuidado de los niños.

La reapertura de las aulas es un paso delicado que debe hacerse con todas las garantías y servir de ensayo general para evaluar las necesidades del nuevo curso en septiembre. Es un reto colectivo que debe afrontarse con el objetivo de obtener el máximo beneficio posible del esfuerzo sin contribuir al riesgo de rebrote de la epidemia.

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