Columna
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La izquierda española nunca aprende

Con ERC no vale el “no se podía saber” porque si alguien pacta sabiéndolo y haciéndolo saber es el independentismo

Joan Tarda, exdiputado de Esquerra en el Congreso.
Joan Tarda, exdiputado de Esquerra en el Congreso.Albert Garcia

La frase la dijo Joan Tardà en sus últimos días en el despacho de ERC en el Congreso: “¡La izquierda española nunca aprende!”. Estaba enfadado porque le recordé que en la última legislatura de Zapatero lo habían expulsado de la tribuna por hablar catalán. “Zapatero nos decía: ‘No podemos abrir ese melón porque la derecha se nos echa encima’. ¡Pero si la derecha se te va a echar encima hagas lo que hagas siempre!”. He ido a ver la fecha de la entrevista: era octubre de 2018 y Esquerra había anunciado que votaría en contra de los Presupuestos si el PSOE no instaba a la Fiscalía a retirar los cargos de los políticos presos. Un mes después ERC dijo que aquellas cuentas eran las de un “Gobierno opresor y represor”. La negativa llevó a Pedro Sánchez a convocar elecciones generales.

Tras repetir esas elecciones, Sánchez se dispuso a pactar con ERC para ser investido. Lo cierto es que Sánchez nunca habría sido presidente del Gobierno sin el independentismo catalán, primero en la moción de censura y, después, tras las elecciones de noviembre de 2019. Es un hecho, no es una opinión, del mismo modo que es un hecho que el objetivo político de ERC es independizarse de España y utilizar su presencia en las instituciones para ello. La democracia española permite estas cosas y el día que no las permita será menos democracia o, directamente, no será, del mismo modo que permite el monstruo que se generó en la extrema derecha y ayudó a legitimar entre la izquierda un pacto rechazado hasta hartarse por los socialistas, empezando por Pedro Sánchez I (hoy ya Pedro Sánchez IV). Por eso ahora que Esquerra anuncia que votará no a la prórroga del estado de alarma, dejando tirado al Gobierno en el momento más delicado, conviene preguntarse si semejante bofetada no es proporcional al abrazo recibido; conviene preguntarse, en definitiva, si no es parte del juego que si al adversario del Estado que representas le debes el Gobierno, el adversario te lo recuerde de vez en cuando, a ser posible cuando más falta hace. Nunca se da el poder de todo, siempre se guarda uno un poco para sí.

Políticamente, lo peor que se ha hecho a sí mismo el Gobierno no ha sido su trato a la oposición, sino a sus apoyos parlamentarios. Alguien ha pensado en La Moncloa que el mando único consistía en una mayoría absoluta espontánea y prolongada sine die sin más diálogo que un ensimismamiento general con el que hacer y deshacer a gusto creyendo, en algún momento, que sus votos bastaban. Ahora nadie del Gobierno puede decirle a Esquerra que ir contra el estado de alarma es ir contra España porque, aún por encima, se ganaría un abrazo. “Con la información de la que disponíamos” sabían que llegaría el momento en que ERC se bajase, porque siempre se baja. Ni siquiera cabe un “no se podía saber” porque si alguien pacta sabiéndolo y haciéndolo saber es el independentismo.

Nadie lo expresó como Tardà, que ahora se muestra contrario al no de su partido, aquel octubre de 2018: “Carod y Puigcercós lo tenían clarísimo: si la república no nos está esperando, hay que ir con la izquierda española hasta una España federal. Y cuando lleguemos a esa España federal, la izquierda española se bajará, y nosotros seguiremos hasta nuestra estación final, que es la república catalana”. Un instrumento, eso es la izquierda española para el independentismo. Nunca aprende. Tenía razón Tardà, pero al revés.


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