Análisis
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Las muertes en México por la covid-19 y su comparación con otros países

El subregistro de víctimas del virus hace difícil que el país salga bien librado respecto a naciones europeas o americanas

Dos familias acuden al entierro de dos víctimas de coronavirus en Tijuana, Baja California, en mayo.
Dos familias acuden al entierro de dos víctimas de coronavirus en Tijuana, Baja California, en mayo.GUILLERMO ARIAS / AFP

En pocos países la pandemia llegó, pasó y se fue. En la mayoría, el virus ha vuelto tras una breve ausencia. O nunca llegó a irse del todo, como en México. En días recientes y después que el país rebasara los 100.000 fallecidos por coronavirus, el presidente Andrés Manuel López Obrador defendió la gestión de su Gobierno afirmando que otros países, entre ellos economías más robustas y con mejores sistemas de salud, como España, registraban peores cifras que las locales. Las muertes acumuladas que ha dejado la enfermedad es un dato duro de comparar emocionalmente. Pero también puede ser informativo si se hace con cautela. La epidemia no ha terminado y los países tienen capacidades distintas para recoger la información, por lo que no es conveniente extraer conclusiones tajantes sobre lo que cada nación ha hecho durante la emergencia sanitaria.

“Tengo que decir que hay más fallecidos en otros países de Europa -para no mencionar uno por uno- y en países de América, que los fallecidos en nuestro país de acuerdo a la población de México”, dijo la semana pasada López Obrador desde Palacio Nacional. El mandatario criticó la cobertura mediática, entre ellas la de este periódico, que su Administración recibió tras rebasar las 100.000 víctimas mortales oficiales. El pasado viernes, México reportó más de 12.000 nuevos contagios, el número más alto informado desde el inicio de la pandemia. La segunda cifra más alta también se registró los últimos días, gracias al aumento de pruebas que algunas entidades, principalmente Ciudad de México, están haciendo. Los casos estimados han aumentado un 8% de acuerdo a las autoridades.

México es uno de los países más afectados, según las cifras publicadas diariamente por el equipo de datos de EL PAÍS. Solo contemplando las muertes certificadas oficialmente como producto de covid, supera los 800 por cada 100.000 habitantes. España, uno de los más afectados de Europa, y perjudicado por el devastador efecto que tuvo el virus en sus residencias de ancianos (algo que no se vio en Latinoamérica), alcanza los 900, más que México. En Perú o Bélgica los ratios son aún mayores. Estos forman parte de los 10 o 15 países más golpeados en el mundo por la enfermedad.

La base de datos de casos y muertes confirmadas en México es prolija y profunda. Cada entrada ofrece una gran cantidad de información individualizada. No solo edades y fechas de las víctimas, también las comorbilidades y los tratamientos que recibieron. Ahora bien, que sean profundos no quiere decir que estén completos. Se tienen muchos detalles de los casos, pero no se tienen todos los casos. Hay dos indicadores nítidos de que el subreporte, habitual en la mayoría de países, es mayor en México. El primero es el número de pruebas realizadas por positivo. La Organización Mundial de la Salud recomienda un ratio de 10 a 1 o incluso 20 a 1. México está casi en 2 a 1. Es decir: en torno a un 40% de los tests hechos devuelven resultado confirmado, lo que indica una saturación del sistema de pruebas.

El segundo, es el ratio observado entre muertes confirmadas y casos detectados. El equipo epidemiológico del Imperial College de Londres estimó hace poco rangos de letalidad para diferentes tipos de países: en los de ingreso medio-alto, como México (que tiene menos población anciana que Europa o Estados Unidos), se espera que menos de 1 de cada 100 contagiados fallezca. Es posible que la obesidad y la diabetes, muy presentes en el país, hagan crecer un poco el cálculo. También por la aparente falta de acceso a hospitalización de los casos más graves. Las autoridades informaron recientemente que los mexicanos tardan en promedio 3.3 días en acudir a un hospital, cuando lo recomendable es que sea menos de 2. Resulta improbable que, como sugiere la división entre muertes y casos oficiales, el virus sea entre nueve y veinte veces más letal en México. Esta brecha representa probablemente las diferentes capacidades para al menos aproximar la cifra real de contagios. Entre los países con mayor afectación del virus, ninguno sale tan mal parado como México con esta métrica.

Todo ello hace sospechar no solo de falta de conteo de casos leves o asintomáticos, algo que el propio subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell ha admitido desde el principio. Es posible que este subregistro también se presente en los casos más graves, que llegan al fallecimiento. Las instituciones mexicanas ya están, de hecho, compilando datos que no dependen de pruebas diagnósticas de infección de SARS-CoV-2. Los resultados que arrojan hasta ahora son aún más negativos que los mostrados hasta ahora.

El vertiginoso exceso de muertes en México

Es difícil establecer comparaciones sistemáticas de exceso de mortalidad, un criterio que estima las muertes esperadas mediante modelos que usan promedios históricos alimentados por los fallecimientos de los últimos 10 años. Esta ha sido la mejor métrica para medir el efecto de un evento extraordinario a largo plazo, como es la pandemia. Al no depender sino de la comparación de muertes en 2020 con el esperado según los años anteriores, no está atada a disponibilidad de pruebas, la aplicación de estas o las demoras en registros de causas de fallecimiento. La mayoría de países es capaz de contar de manera más o menos eficaz y pronta las muertes (sin entrar en causas) que suceden en su territorio. Es más difícil montar un sistema de detección para un nuevo virus.

Algunos países mantienen datos más actualizados; otros menos. En algunos lugares, como México, la transparencia en estos datos ha ido creciendo en las últimas semanas. Este domingo, las autoridades de Salud, actualizaron las cifras sobre el exceso de muertes. En el país hay 217.989 fallecimientos más de los esperados en el modelo matemático. Un aumento de 38% hasta finales de octubre. Se calcula que siete de cada diez de estas muertes, unas 155.990, son atribuibles al coronavirus. En otros países, como Rusia, no hay manera de confiar en las cifras de exceso de mortalidad. Y aún en otros, véase Brasil, su provisión es irregular. México destaca incluso entre aquellos que combinan la afectación de la epidemia y datos relativamente recientes, superando incluso a España.

Con el dato más reciente, a 24 de octubre, en México se acumulaba un exceso de mortalidad durante la pandemia de 173 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. Ese mismo dato, para España, era de unos 135 incluso considerando dos semanas más (hasta la primera de noviembre).

Este hecho quizás contrasta con la memoria que el mundo guarda de la primera ola de contagio en el país europeo. Hospitales desbordados, cuarentena estricta, miedo, tragedia y tristeza tanto en las calles como en los titulares de los periódicos. Un quiebre que fue tan intenso como poco duradero. El pico epidémico de España en marzo fue mucho mayor al más alto mexicano. Pero también, y aquí está la clave, fue más corto.

España, como el resto de Europa, intentó y logró suprimir el virus durante los meses de mayo, junio y parte de julio. Hubo un cierre falso. En este momento, la métrica de exceso de muertes vuelve a subir, mientras la de México sigue un lento descenso. Lo mismo sucede si comparamos otro par de países europeo y americano. Es la diferencia entre una estrategia de supresión, como la española, y otra de mitigación del contagio, como la mexicana. A veces por elección inicial, como lo fue en Brasil y Estados Unidos, otras porque la pandemia se impuso, como sucedió en Argentina, Colombia o Perú. Más allá de comparaciones, lo cierto es que todos los países aún enfrentan a un virus que no tiene un horizonte claro para desaparecer. Aún estará un buen tiempo entre todos nosotros.

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