¿Y si educamos a los niños y a las niñas para que cuiden y críen por igual?

Somos los adultos quienes, atravesados por nuestros propios prejuicios de género, ofrecemos la cuna y la muñeca a las chicas y el tractor o el bombero a los niños

Un niño y una niña cocinan en su casa.
Un niño y una niña cocinan en su casa.Unsplash

Regalarles coches a los niños y muñecas a las niñas, les trasmite que ellos pueden ser mecánicos y que ellas pueden ser madres o la persona que en la familia cuida y quiere. Las faenas de mimo, como puede ser comprar un regalo de cumpleaños, felicitar las fiestas, cuidar a los mayores o, incluso, cambiar pañales y educar, ha sido tarea encomendada a la mujer por una educación machista heredada. Pero ¿y si les tratamos con igualdad?, ¿y si educamos para que ellos cuiden tanto como las niñas?, ¿y si les inculcamos también a los niños los valores que eran asociados a las niñas?

Somos los adultos quienes, atravesados por nuestros propios prejuicios de género e influenciados por lógicas de mercado, ofrecemos la cunita y la muñeca a la niña y al niño el tractor o el bombero. Haciendo estas distinciones estamos limitando su desarrollo y permitiendo que se consoliden estereotipos que ensanchan la desigualdad. Virginia Luz Galván es miembro y co coordinadora de la Red Nacional de Salud Mental Perinatal de Argentina. Para la psicóloga Luz Galván, cuando hablamos de un niño cuidador lo hacemos de chicos que “en el futuro podrán desplegar herramientas de empatía, ternura y sostén hacia los demás”: “Unos adolescentes (y luego hombres) atentos a las necesidades de alguien vulnerable y que se encuentre a la altura para cuidar a los otros”.

La psicóloga afirma que cuidar debería estar en la base de toda la educación: “El tiempo que vivimos nos invita a construir pedagogías del cuidado que no refuercen desigualdades”. Y afirma que poder educar también a los niños varones en los valores de cuidado permitiría construir masculinidades ligadas a la empatía, la sensibilidad y la cooperación, colaborando a desarmar versiones hegemónicas vinculadas a la competencia, la violencia y a la hiperracionalidad. Cierto es que esta tarea no es solo cosa de las madres y padres: el conjunto social debería remar en la misma dirección.

“Históricamente, se ha asignado determinados roles, como es el del cuidado familiar, a las mujeres, generando así condiciones de inequidad. Si queremos que esa falta de equidad desaparezca, debemos educar con perspectiva de género”, señala la también psicóloga clínica y psicopedagoga Laura Cerdán, que considera que la vida de las personas no debería estar condicionada en absoluto por el hecho de ser hombre o mujer; “Si empezamos a valorar por igual lo que hombre y mujer pueden aportar a la sociedad, si redistribuimos de manera equitativa las actividades que hombres y mujeres pueden desarrollar, si dejamos de justificar la discriminación y la exclusión de las mujeres en determinados ámbitos justificado con base a las diferencias biológicas entre ambos, empezaremos a sumar en vez de restar”. Cuando hablamos de sumar se refiere a disfrutar de una sociedad más amable, más justa y más igualitaria.

Cerdán dice que es importante que los adultos empecemos a evitar seguir desarrollando esos roles que reafirman y perpetúan los estereotipos de género machistas. “Y eso pasa por el tipo de juego que ofrecemos a nuestros hijos, por lo que hacemos en casa para que sirva de ejemplo, por revisar los comentarios que hacemos respecto a otros hombres y mujeres, por revisar las expectativas que tenemos de los niños y niñas”, señala. La psicóloga invita por ejemplo a revisar los cuentos que leen nuestros hijos, las películas y dibujos: “Transmitamos valores como el respeto y la tolerancia hacia los demás, olvidemos los prejuicios clásicos como que las niñas son más sensibles o los niños no deben llorar”.

A través del juego los niños aprenden a conocer su entorno y desarrollan sus habilidades lingüísticas, sociales, motoras, cognitivas y emocionales. “Debemos elegir juguetes por su temática, no por lo que creemos que es propio de un sexo u otro”, afirma Cerdán, y señala que el problema no es el juguete en sí, sino la elección estereotipada que se hace de él: “¿Por qué se sigue regalando a las niñas juguetes para que sean presumidas, estén pendientes de su imagen o vistan a sus bebés? ¿Por qué no se le regala a un niño un set de limpieza para fomentar su juego simbólico?”.

Regalemos menos juguetes bélicos y más cuentos. Regalemos sets de juego simbólico (bricolaje, carrito de limpieza…) independientemente del sexo. Cerdán asegura que este tipo de juego supone un puente entre las actividades sensoriomotrices y la representación en el pensamiento. Una actividad que ensancha el cerebro y los hace imaginativos.

Las ideas principales que tenemos que hacerles llegar a nuestros niños, según Luz Galván, es que cuidar y sostener es un trabajo valioso, que todas las personas podemos cuidarnos y cuidar a los demás. “Podemos acompañarles a reflexionar que no existen ni juguetes ni juegos de niños o de niñas exclusivamente y a mirar críticamente discursos y mensajes sexistas que circulan”, asegura esta psicóloga, que cuenta que con las familias que trabaja les insiste en leer La cenicienta liberada o Héctor, el hombre extraordinariamente fuerte para desmontar con cuentos estereotipos de género y luego poder charlar con las criaturas.

Los niños aprenden por mímesis, por imitación. Así que, como retoma Cerdán: “Si papá friega los platos, lo verá normal. Si papá cocina, lo verá normal. Si papá baña a su hermano, lo verá normal. Si las familias cambiamos nuestro enfoque, la siguiente generación mirará con otros ojos”. Trabajar en la infancia el valor de ayudar a los demás (de cuidar) es fundamental si queremos tener una sociedad más amable y solidaria. Por eso es muy importante integrar en la educación de nuestros peques aquellos valores que queremos que interioricen. “De esta manera, podrán aportar en positivo al conjunto de la sociedad de una manera equilibrada. Esto debería ser independiente de que sean niños o niñas, y debería ir de la mano de trabajar una buena autoestima y autoconcepto”, concluye Cerdán.

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