_
_
_
_

El tabú de dar el pecho a niños mayores

La lactancia materna continuada se juzga desde el desconocimiento, “ya que no existe ningún estudio con base científica que la desaconseje”, según los expertos

Lactancia materna
Parvati Devi con su hijo mayor Edahi y el pequeño Kai.

La lactancia materna resulta un tema que no pasa desapercibido para nadie y menos aún está exento de críticas, sobre todo, como asegura, Marta Cabasa, psicóloga perinatal, si va más allá del primer año de vida del bebé. “La lactancia materna en niños mayores se juzga muchas veces desde la ignorancia y el desconocimiento, ya que no existe ningún estudio con base científica que la desaconseje. La madre debería disponer de toda la información posible a su alcance y basándonos en ello, decidir”, asevera la experta. Cabasa subraya que “maternar” requiere un alto grado de confianza. “Los juicios y las opiniones de los que nos rodean (sobre todo familiares y profesionales sanitarios desinformados) en cuanto a la lactancia materna en general y todavía más en cuanto a la lactancia materna más allá de los 6 meses o el año, pueden hacernos dudar si lo que estamos haciendo es lo correcto, con el riesgo que esto comporta, de acabar optando por destetar, cuando en realidad no es lo deseado y con el daño emocional que ello puede reportar”, alega la psicóloga perinatal.

En la familia de Iria Blanco, educadora social, de 38 años, son cuatro hermanas. Su madre le dio pecho a ella con muchas personas en contra. También vio amamantar a sus hermanas menores. Blanco siempre quiso dar pecho a sus hijos: Pablo de seis años e Iván de dos. “Me informé leyendo libros sobre el tema. Suelen existir juicios erróneos sobre la lactancia materna que confunden a las madres y les hacen creer que su leche no es suficiente alimento”, explica Blanco. Esta madre relata que la posibilidad de dar pecho a sus hijos la entendió como algo muy propio, pese a ello, tiene el apoyo y seguridad de su pareja, padre de sus dos hijos y las madres lactantes de su entorno más cercano. “Conocía los beneficios de la leche materna, que aumenta el nivel de anticuerpos si el bebé enfermaba y eso lo era todo”, asevera Blanco. No obstante, los inicios en el amamantamiento no resultaron lo óptimos que esperaba. Tenía pendiente un duelo por una pérdida gestacional avanzada con 32 semanas. Su segundo embarazo estuvo cargado de temores. Su parto se estacionó por un mal acompañamiento y la cesárea le trajo emociones contraproducentes. El personal médico no favoreció el proceso de la lactancia materna. Sin embargo, todo siguió por buen camino con sus seres queridos cerca. Tras nacer su primer hijo perdió un bebé en su tercer embarazo en la octava semana y seguidamente otro, a las 27 semanas.

Fue en ese momento, cuando decidió no cortar su producción de leche para dar el calostro a su hijo y que eso le permitiese recuperarse física y emocionalmente. Su quinto embarazo llegó a término y tras ello, el tándem. “Quería saber si mi hijo mayor decidía destetarse durante el embarazo o continuar. Como quiso seguir, pensé que dar pecho a ambos a la vez sería lo mejor para los tres. Cuando el mayor mama, garantiza producción de leche para el pequeño. Además, el vínculo entre ellos se refuerza”, explica Blanco.

La educadora social decide hacer un paréntesis en su vida profesional y no quiere verse condicionada ni coartada en su libertad personal. “Los pediatras dan por hecho que darás pecho hasta los seis meses; en el trabajo lo mismo. Nuestros hijos necesitan mucha piel y nosotras a nuestra tribu cerca, como los grupos de apoyo a la lactancia. Nuestros niños necesitan sentirse protegidos para poder crecer con una autoestima férrea que les ayude a volar solos. Cuando explicas que vas a continuar dando pecho mínimo dos años, alegando argumentos que respaldan tu decisión, se encogen de hombros. Se nos cierran muchas puertas. Algunas mujeres no se atreven a abrirlas y desisten a continuar con la lactancia. No puede hablarse de plazos en la crianza. Todo sucede a su debido momento”, sostiene la madre de Pablo e Iván.

La información y el apoyo de la tribu es fundamental

Beatriz Avelaira Paraje, 42 años, es enfermera y asesora voluntaria en la Asociación de apoio á lactancia materna Arrolos de Teta en Ourense. Es madre de Eira de nueve años, que lactó hasta los siete. Esta mujer nunca barajó la opción de dar lactancia artificial, aunque quiso tener más conocimientos acerca de la lactancia materna. Amigas que dieron el pecho y su propia madre estuvieron a su lado. Tuvo un parto natural y la lactancia se instauró de un modo sencillo y rápido. No obstante, surgieron problemas de grietas, síndrome de Raynaud y mastitis. “Y sin ningún argumento probado, ante cualquier problema de salud, variación en las gráficas de crecimiento de bebé..., la solución que proponían era el destete y la leche artificial”, argumenta. “Mi hija fue diagnosticada de APLV (alergia a la proteína de la leche de vaca) alrededor del año de vida y al querer continuar, profesionales sanitarios llegaron a calificar de abuso y que generaría a mi hija un grave problema psicológico”, manifiesta la enfermera. A esta mujer, llegaron a asegurarle que su decisión no le permitiría a ella desarrollarse como mujer.

Avelaira se separó del padre de su hija durante el embarazo y no contó con su apoyo ni durante ni después del mismo. Cuando se dirimía la custodia de su hija con 2 años y medio, se sintió cuestionada por sus decisiones. “Se me preguntó, incluso, si había llegado al acuerdo de lactancia materna con el padre como si eso fuera una decisión que él debiera consentir. Quedó de manifiesto que la lactancia materna no está protegida en absoluto en los juzgados. Para jueces y fiscales, el pecho solo es alimento y las madres somos productoras. Pero la teta es mucho más. La solución no se halla en sacarse leche y dar biberón. La lactancia materna no funciona así”, relata. Seguidamente aclara que en estos casos se entiende que la lactancia materna en niños mayores es un pretexto para no aceptar pernoctas o regímenes de custodias compartidas: “es todo lo contrario, es respetar el desarrollo de los vínculos de forma no traumática”.

Cuando no tenía a su hija, esta madre tenía que sacarse leche constantemente (alrededor de más de un año) y cuando sí, demandaba tomar pecho con frecuencia, para “mirarnos y sabernos juntas”. Avelaira nunca abandonó el proceso y afirma que su hija es una niña absolutamente normal, inteligente, brillante, afectuosa y feliz. “Las mujeres que dan leche materna reciben más presión cuando sus hijos van creciendo y pueden comer otros alimentos. Debería entenderse que alimentación complementaria lo es al alimento principal que en este caso es la leche. La lactancia materna produce beneficios para la salud materna y la de los hijos, se relaciona con un mayor desarrollo social, ahorro en gasto sanitario (según la tesis doctoral de Esmeralda Santacruz Sales de hasta 120 millones y medio de euros al año) y protección del medio ambiente al no contaminar”, argumenta la madre de Eira.

Parvati Devi, de 35 años, profesora de yoga da el pecho a sus hijos Edahi , de casi cinco años y Kai, de siete meses. “Mi entorno más cercano respetó mis decisiones. Mi primer parto fue una inducción que a día de hoy entiendo prescindible, y el puerperio inmediato en el Complexo Hospitalario Universitario de Ourense es como una guerra para conseguir que no te separen de la cría que acabas de parir y conseguir amamantarla. Ahí se ponen en peligro e impiden que prosperen muchas lactancias maternas por el modo de proceder al nacer los bebés”, revela Devi.

Dar pecho en tándem le permitió seguir la lactancia con su hijo mayor, ya que ni ella ni él quería abandonarla en ese momento. “La gente sigue alarmándose de ver mamar a un niño grande. Se usa incluso la palabra “vicio”. Edahi ya sabe que se sorprenden porque es algo poco común. También le he explicado que es lo natural y que eso refleja la desconexión de la sociedad actual con la naturaleza”, narra Devi. La instructora de yoga recalca que se desconoce que el destete natural puede ir más allá de los 2 años, “y nadie alarga la lactancia materna, fluye”. “Existen temas inviables e indignos como una ley que haga entender que a los 4 meses (con suerte) la lactancia materna comienza a extinguirse. Hay que velar por una conciliación real y permisos laborales coherentes”, apunta Devi.

Esta profesora señala que la crianza es una cuestión social. Sin embargo, considera que la salud mental de la madre que amamanta está desatendida. “El hecho de que esto no sea algo real, crea desajustes, nos sobrecarga como madres y mujeres y nos desgasta”, trasmite Devi. Por otro lado, confiesa que sus fuerzas brotan por la sensación de plenitud al dar pecho a sus hijos. Para ella, el aislamiento es la peor traba para la madre. “Quienes teman o duden si seguir dando pecho, que se revisen y pregunten por sus deseos verdaderos porque esos momentos son fugaces”, concluye esta mujer.

Puedes seguir De mamas & de papas en Facebook, Twitter o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter quincenal.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_