Libertades y límites en la crianza de los niños

La labor como adultos y figuras de referencia para los hijos es aprender a gestionar el equilibrio entre mantenerse firmes y dar autonomía para conseguir un desarrollo integral adaptado a las necesidades y el ciclo vital del menor

Una niña se ríe y disfruta con su hermano.
Una niña se ríe y disfruta con su hermano.pexels

Los límites son necesarios, esencialmente en los más pequeños de la casa quienes se están formando y desarrollando a nivel social y emocional. “Se ponen límites a cosas tan rutinarias de cada día, como las horas de sueño, de las comidas, en el juego… Educar al niño en límites desde temprana edad, les prepara para vivir en sociedad y fomenta una mejor convivencia. Poner límites en casa a los niños les ayudará a la hora de enfrentarse a otros de fuera. De lo contrario puede generarles incapacidad para relacionarse y frustración”, refiere Julia Moraleda García, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga. De la necesidad de un apego seguro y el piel con piel de los primeros años de vida, se pasa a la necesidad de interactuación con el medio que rodea al niño y la construcción de la pertenencia dentro del grupo. “Empezamos a jugar con la distancia para dar paso a la sociabilidad en entornos seguros, con la ayuda de nuevos participantes, esto es, maestros, amigos, compañeros de juego… La autonomía exige ir ajustando la distancia y así, poder aumentar los límites y empezar a educar en libertades”, declara Moraleda.

Del libro La crianza feliz de la psicóloga Rosa Jové, se rescata la idea del alcance de educar al hijo con respeto, comprensión y consideración. El Fondo de las Naciones Unidas para la infancia, (UNICEF), asegura que el adulto puede llegar a repetir el modelo de crianza que obtuvo en su infancia, y este puede ser el equivocado. Esta organización trabaja para defender los derechos de los niños. La Convención sobre los Derechos del Niño establece en forma de ley internacional que “los Estados Partes deben velar por que todos los niños -entre otros puntos-, puedan desarrollar plenamente sus personalidades, capacidades y talentos; crezcan en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y reciban información sobre la manera en que pueden alcanzar sus derechos”.

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Los límites se constituyen por respeto y por seguridad, tanto del niño como de otros. “Los límites han de ser adecuados a la situación, a la edad del niño y a sus capacidades, ya que tiene que entender la razón coherente de los mismos. Es habitual en los adultos cuidadores decir la frase porque lo digo yo. Cuando se plantean los límites debería hacerse como algo beneficioso para el funcionamiento social, no como una imposición sin sentido”, declara Moraleda García. Según la experta en neuropsicología, los límites ayudan a moldear el temperamento del niño y lograr un autocontrol. “Se reducen las probabilidades de aparición de conductas de riesgo en la infancia y adolescencia”, asegura.

Es un error considerar una guerra entre dos bandos

Los adultos son los responsables de la tranquilidad y estabilidad en los niños. En este caso: “la palabra límite es equiparable a protección y cuidado”. Para Sara Suárez Carpio, psicóloga infanto-juvenil: “no debe vincularse a una guerra entre dos bandos”. “Con la inculcación de límites es como se llega a aportar estabilidad a los menores y se les ayuda a interiorizar el autocontrol y la regulación de las emociones”, indica la experta. Suárez Carpio habla de “falso dilema”, ante la ejecución de estos conceptos en los hijos: “El error nace ahí, en la creencia de elección entre ambos. Hay que aprender que es necesario lograr un conseguir un equilibro que fluctúe entre la necesidad de armonizar límites y libertad para conseguir el desarrollo óptimo del niño”, refiere la psicóloga infanto-juvenil.

María Montessori, médica y educadora, afirmaba que libertad y límites son necesarios. “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”, propugnaba quien abogaba por confiar en el niño, dar libertad sin forzar, al igual que el maestro debe explicar sin interferir. El papel de los padres es ayudar a establecer un apoyo óptimo. “Cuando se fomenta este tipo de vinculación afectiva, el niño se sentirá seguro y a salvo en su entorno. Esto propiciará un respeto mutuo y una sensación de libertad y tranquilidad para descubrir, de un modo autónomo, el mundo que le rodea”, asevera la experta en psicología infantil.

Pese a lo que pueda parecer, los límites generan confianza. “Acotar la libertad del niño le provoca una sensación de protección. Está bien la integración de normas en el entorno del menor. No obstante, no se debe impedir al niño que explore, descubra o invente. Hay que encontrar el equilibrio entre padres autoritarios y permisivos”, manifiesta Moraleda García.

Según Suárez Carpio, “cuando el niño investiga por su cuenta, se desarrolla de un modo óptimo física y emocionalmente”. No obstante, ocasionalmente esa libertad puede verse coartada. “Puede ocurrir que el adulto considere que se debe priorizar el límite o porque las circunstancias no permiten esta exploración. Esto puede causar un sentimiento de frustración en el infante, ya que su intención no puede tener lugar”, añade la experta. Cuando al niño se le prohíbe llevar a cabo esa exploración, como padres hay que escuchar y permitir expresar las emociones, concretamente, “redirigir, proteger, pero también validarlas”, manifiesta la Suárez Carpio.

Julia Moraleda García habla del “círculo de seguridad”, programa de intervención que deriva de la Teoría del apego. “Mantiene la idea de que los niños con un apego seguro exploran desde su necesidad y los adultos deben apoyar esta exploración desde una base segura. Sin embargo, cuando el niño quiera regresar, sabe que tiene un refugio a salvo en el que protegerse”, sostiene la profesional. “Así los niños se están formando a sí mismos, potenciando su capacidad de elección y toma de decisiones”, añade.

Correcta gestión entre confianza y autonomía

La experta en neuropsicología declara que “como adultos, hay que diferenciar entre las verdaderas necesidades del niño de salir de la zona de confort y hallar, con la conveniente libertad para ello y aquellas que no lo son y donde son precisos los límites”. El amor de los padres a sus hijos se expresa estableciendo límites y libertades, y la medida se establece con la distancia y la confianza. “Los niños deben poder relacionarse con otros, expresarse y sentir límites realistas”, concluye Moraleda García.

“La labor como adultos y figuras de referencia para los hijos es aprender a gestionar el equilibrio entre mantenerse firmes y dar autonomía para conseguir un desarrollo integral adaptado a las necesidades y el ciclo vital del niño”, remata Suárez Carpio.

Para Beatriz M. Muñoz, guía Montessori y educadora de disciplina positiva: “Los límites sirven para cuidar, construir el vínculo y acompañar al niño a alcanzar la madurez y la libertad para cimentar la autogestión y autopercepción de valor”.

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