Rusia admite que existe comunicación con EE UU y alaba la reacción “bastante comedida” de Washington tras el misil que cayó en Polonia

El portavoz de Putin acusa a Varsovia de haber tenido “una reacción rusófoba” al sostener que se trataba de un explosivo ruso

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, se dirige a una reunión durante la cumbre del G-20 en Bali.
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, se dirige a una reunión durante la cumbre del G-20 en Bali.RUSSIAN FOREIGN MINISTRY (via REUTERS)

La guerra de Ucrania vive un momento de máxima tensión, pero empiezan a emerger indicios de que el Kremlin y la Casa Blanca mantienen el contacto para evitar una escalada mayor. Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin, ha ensalzado este miércoles la prudencia de Estados Unidos respecto a la caída de un misil este martes en territorio polaco junto a la frontera con Ucrania, un mensaje bastante inusual en el actual clima de confrontación. Peskov declaró a varios medios locales: “Los canales de comunicación [secretos con Estados Unidos] existen. Me gustaría proponerles que presten atención a la reacción bastante comedida de los estadounidenses, que contrastó con la reacción absolutamente histérica de la parte polaca y de otros países”. Esta alabanza se produce el mismo día en que la cumbre que el G-20 ha celebrado en Indonesia —un foro en el que participa Rusia, aunque Putin evitó asistir y delegó la representación en el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov— ha logrado consensuar un texto de conclusiones que condena la ofensiva en Ucrania.

El presidente estadounidense, Joe Biden, dijo que es “improbable” que el misil caído en Polonia fuera disparado desde Rusia. La versión estadounidense, desde los primeros momentos, fue que podría tratarse de un accidente con un sistema antiaéreo S-300, utilizado por las fuerzas ucranias, en plena tensión por el bombardeo que sufría el país en esos momentos. Sin embargo, el ministro de Exteriores ucranio, Dmitro Kuleba, aseguró, poco después de conocerse los hechos, que la versión de que podría haber sido un error es “una teoría de la conspiración promovida por Rusia”, y que no es cierta.

En cuanto a los posibles contactos entre Washington y Moscú en torno al incidente de este martes en Polonia, el portavoz de Putin respondió con un lacónico “lo desconozco”, ante la pregunta de si hubo una llamada directa con Washington. The Wall Street Journal publicó el 7 de noviembre que el consejero de Seguridad Nacional estadounidense, Jake Sullivan, y su homólogo ruso, Nikolái Patrúshev, han mantenido estos últimos meses varias conversaciones confidenciales. Por su parte, la portavoz de Exteriores rusa, María Zajárova, confirmó la semana pasada que ha habido “contactos puntuales con EE UU” en los temas que exigen su participación. No obstante, matizó: “Esto no tiene nada que ver con unas relaciones en toda regla”.

La alabanza del Kremlin a Washington por su gestión de la crisis polaca no ha sido el único indicio de que ambas potencias nucleares desean evitar un conflicto mayor. Este lunes se reunieron dos enviados de ambos países por primera vez desde que comenzó la guerra. El encuentro se celebró en Ankara (Turquía) y formalmente no tenía que ver con Ucrania. El director de la CIA, Bill Burns, y el jefe del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, Serguéi Narishkin, retomaron el cumplimiento del acuerdo de desarme nuclear New Start, según el diario Kommersant.

Para Peskov, “no había ninguna razón para provocar una escalada” con el incidente de Polonia. “Los polacos tenían todos los medios necesarios para informar de inmediato de que se trataba de los restos de un misil S-300. Todos los expertos hubieran comprendido de inmediato que no podía ser un cohete de las fuerzas armadas rusas”, agregó el portavoz de Putin, quien aprovechó la ocasión para mezclar este suceso con el sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y 2, ocurrido en septiembre.

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Al respecto, Peskov dijo este miércoles: “En aquel momento no hubo una reacción así, y nadie tenía prisa por averiguar quién organizó ese sabotaje”. Pero hace apenas dos semanas, Moscú acusó a los servicios especiales del Reino Unido de la voladura de las tuberías en septiembre, basándose en un tuit del empresario prófugo de la justicia estadounidense Kit Dotcom. El informático dijo, sin una sola prueba, que la entonces primera ministra británica, Liz Truss, mandó el mensaje “está hecho” al secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, “un minuto después” del sabotaje. Dotcom se basaba en el hackeo del móvil de Truss descubierto en julio, pero el ataque a las tuberías tuvo lugar dos meses después.

El portavoz de Putin denunció, respecto al misil de Polonia: “Hemos sido testigos de otra reacción rusófoba, de una histeria frenética que no se ha basado en ningún dato real”. Y aconsejó: “Uno nunca debe precipitarse al hacer un análisis que pueda promover una escalada, especialmente en momentos tan cruciales”.

Por su parte, el Ministerio de Exteriores ruso cargó contra el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, a través de un comunicado en el que ahondó en las divergencias entre Ucrania y la OTAN respecto al misil caído en Polonia: “Parece que las autoridades de Kiev aprovechan cada oportunidad para culpar a Rusia y tratar así de consolidar el apoyo occidental, pues el régimen de Zelenski parece haber agotado a sus patrocinadores”.

El incidente de la frontera polaca no ha sido la única chispa entre Varsovia y Moscú en las últimas horas. Polonia convocó al embajador ruso tras el suceso ―el Kremlin ha hecho lo propio hoy con el representante polaco―, y horas después, las autoridades rusas han detenido a una ciudadana polaca con estatus diplomático por supuestamente aceptar un soborno de 20.000 euros para facilitar el contrabando de alcohol con documentos manipulados. Otros tres ciudadanos rusos han sido arrestados y se ha dado una semana de plazo a la mujer para que abandone el país.

Rusia niega el bombardeo a edificios en Kiev

El portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashenkov, también habló de la explosión ocurrida dentro del territorio de la OTAN y de la amplia ofensiva lanzada sobre Ucrania este martes. Según las Fuerzas Armadas rusas, todos sus misiles dieron en el blanco y “solo se realizaron ataques de precisión en territorio ucranio” contra “centros de mando e instalaciones energéticas”, y a una distancia “no inferior a 35 kilómetros” de la frontera con Polonia. El Gobierno ucranio, sin embargo, recalca que derribó al menos 73 de los más de 100 misiles que fueron disparados contra su territorio.

El alto mando ruso negó que hubiese atacado Kiev, pese a las imágenes de varias explosiones de cohetes en la capital de Ucrania. “Toda la destrucción demostrada por Kiev en las zonas residenciales es consecuencia directa de la autodestrucción de los misiles antiaéreos lanzados desde los sistemas de defensa aérea ucranios y extranjeros ubicados dentro de la ciudad”, concluyó Konashenkov.

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