Un tribunal del este ocupado de Ucrania condena a muerte a dos combatientes británicos y un marroquí

El Reino Unido califica el proceso en la provincia prorrusa de Donetsk contra los acusados de “farsa judicial” y pide que se respeten los derechos de los prisioneros bajo la Convención de Ginebra

Desde la izquierda, Aiden Aslin, Brahim Saadoun y Shaun Pinner, este jueves en un tribunal de la provincia rebelde de Donetsk.Foto: AP | Vídeo: Reuters

Tres combatientes extranjeros unidos a las tropas de Kiev en la guerra de Ucrania frente a las tropas rusas han sido condenados a muerte este jueves tras ser acusados de “mercenarios”, según han anunciado varias agencias de noticias de Rusia. Se trata de dos ciudadanos británicos y un marroquí que han escuchado el veredicto con la cabeza rapada y metidos dentro de una jaula, según las imágenes publicadas por varios medios. El Gobierno del Reino Unido califica el proceso, que según autoridades prorrusas de Donbás se ha llevado a cabo en la zona rebelde de la provincia de Donetsk, de “farsa judicial” y pide a los separatistas y a Rusia que respeten los derechos de los prisioneros bajo la Convención de Ginebra.

“El Tribunal Supremo de la República Popular de Donetsk ha condenado a muerte los británicos Aiden Aslin y Shaun Pinner (de 28 años) y al marroquí Brahim Saadoun (cuya edad no ha trascendido), acusados de haber participado en los combates como mercenarios”, informó France Presse (AFP) citando a la agencia oficial de noticias rusa Tass. Dos de los acusados, según un vídeo difundido por los separatistas prorrusos, se habían declarado no culpables y posteriormente cambiaron su alegato. Los tres recurrirán la sentencia, según el abogado de uno de ellos, informa la agencia del Kremlin.

Aslin, de 48 años, vive en Ucrania desde 2018 y prácticamente desde entonces ha estado en las fuerzas armadas, según su familia, informa AFP. “No es, contrariamente a la propaganda del Kremlin, un voluntario, un mercenario o un espía. Aiden estaba haciendo planes para su futuro fuera del ejército, pero como todos los ucranios, su vida dio un vuelco por la invasión bárbara de Putin”, añaden.

El pasado 23 de mayo la justicia de Ucrania sentenció a cadena perpetua al primer soldado ruso juzgado por actos cometidos en la invasión lanzada el 24 de febrero.

La ministra de Exteriores británica, Liz Truss, condenó las sentencias de muerte impuestas por un tribunal de la autoproclamada República Popular de Donetsk (RPD), una entidad respaldada y controlada por Rusia. Truss calificó el proceso de “farsa judicial” en palabras publicadas en su perfil de la red social Twitter. “Son prisioneros de guerra. Este es un juicio falso sin absolutamente ninguna legitimidad”, agregó.

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Desde la oficina del primer ministro británico tampoco tardó en llegar la reacción. “Obviamente estamos profundamente preocupados por esto. Lo hemos dicho de manera constante, que los prisioneros de guerra no deben ser explotados con fines políticos”, señaló un portavoz de Boris Johnson, según informa la agencia Reuters. “En virtud de la Convención de Ginebra, los prisioneros de guerra tienen derecho a inmunidad como combatientes y no deben ser procesados por su participación en hostilidades. Así que continuaremos trabajando con las autoridades ucranias para tratar de asegurar la liberación de cualquier ciudadano británico que estuviera sirviendo en las fuerzas armadas de Ucrania y que están detenidos como prisioneros de guerra”.

Las provincias de Donetsk y Lugansk, en la región ucrania de Donbás, en el este del país, es escenario de una guerra entre los separatistas prorrusos y el ejército de Ucrania desde 2014. Ahora, avanzado el cuarto mes de invasión de las tropas del Kremlin en la exrepública soviética, Donbás es escenario de los más cruentos combates, especialmente por el control de la ciudad de Severodonetsk, la más importante de la región de Lugansk que permanece fuera del control de los rusos.

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Sobre la firma

Luis de Vega (Enviado Especial)

Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear año y medio por Madrid y sus alrededores. Antes trabajó durante 22 años en el diario Abc, de los que ocho fue corresponsal en el norte de África. Ha sido dos veces finalista del Premio Cirilo Rodríguez.

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