China sitúa bajo el radar de la represión en Xinjiang a más de dos millones de personas

Documentos secretos revelados en la investigación ‘Los archivos policiales de Xinjiang’ señalan el papel central del presidente Xi Jinping en el sistema de persecución y confinamiento de la minoría uigur

Fuerzas de seguridad desplegadas junto a la mezquita de Id Kah, en la prefectura de Kashgar, en Xinjiang, en febrero de 2014.Vídeo: EL PAÍS

El régimen comunista chino presidido por Xi Jinping ha desplegado en la última década una vasta campaña de seguridad extrema en la región occidental de Xinjiang, hogar de la minoría étnica uigur, que profesa el islam. Pekín ha puesto en marcha una suerte de gran hermano de hipervigilancia, detención y represión en centros de confinamiento bajo la premisa de conseguir una “transformación [de reclusos] a través de la educación”. Documentos secretos obtenidos en el marco de la investigación periodística Los archivos policiales de Xinjiang, en la que han participado 14 medios de 11 países, entre ellos EL PAÍS, ofrecen una nueva prueba de la magnitud de esta represión sistemática. Los papeles cuentan con la transcripción de una comparecencia del ministro de Seguridad Pública chino, Zhao Kezhi, hasta ahora confidencial, celebrada el 15 de junio de 2018 en Urumqi, la capital de Xinjiang. Durante la intervención ante sus camaradas, Zhao cifra en más de dos millones los ciudadanos de la región influenciados por el “separatismo y extremismo religioso” y objetivos, por tanto, de la campaña que persigue “estabilizar” Xinjiang. El ministro y dirigente del PCCh señala directamente y en repetidas ocasiones al presidente Xi como el “centro” de la estrategia de “gobierno y lucha contra el terrorismo”.

Media docena de investigaciones periodísticas a partir de documentos internos chinos han permitido desde 2019 hacer una radiografía de la represión. A través de testimonios de la disidencia, de llamadas telefónicas casa a casa, de la filtración de papeles confidenciales y el análisis de imágenes satelitales, se había alcanzado cierto consenso entre periodistas, académicos e incluso la ONU sobre la cifra de ciudadanos que han pasado por estas instalaciones, alrededor de un millón. El discurso de Zhao lleva a pensar, según afirma Adrian Zenz, académico alemán que ha liderado la investigación Los archivos policiales de Xinjiang, que este número de víctimas es aún mayor.

Durante su comparecencia, en el marco de una visita de cinco días a Xinjiang y en relación a las personas que podrían requerir reeducación, Zhao dice lo siguiente: “Hay dos millones de personas en Xinjiang que han sido influenciadas por pensamientos de independencia (...). El sur de Xinjiang [donde los uigures son mayoría] tiene más de dos millones de personas que han sido severamente influenciadas por la infiltración del extremismo religioso”. En ningún momento, el alto mando del PCCh afirma que estos ciudadanos bajo el radar de Pekín, dos millones por toda la región, más otros dos millones solo en el sur, hayan sido ya internados. Muchos de ellos podrían estar en los dos grupos a la vez, por lo que no resulta posible saber a cuántos se refiere Zhao. Xinjiang cuenta con 25 millones de personas, de las que alrededor de 15 millones pertenecen a etnias minoritarias en China, donde predominan los han.

El presidente chino, Xi Jinping, en Pekín el pasado 10 de marzo.
El presidente chino, Xi Jinping, en Pekín el pasado 10 de marzo.ALEX PLAVEVSKI (EFE)


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Esta transcripción forma parte de un fichero con miles de documentos obtenidos por una fuente anónima externa a través de la intrusión en los sistemas informáticos operados por la Oficina de Seguridad Pública (OSP), la policía china, en los condados de Konasheher y Tekes.

Un internamiento “humano”

Zhao cita en su intervención dos de los tres “demonios” identificados por el régimen comunista en Xinjiang; habla del independentismo y el radicalismo religioso, a lo que habría que unir, en tercer lugar, el terrorismo. Una triada que el Gobierno de Xi ha identificado como objetivos a aniquilar en Xinjiang, en especial desde los enfrentamientos entre uigures y han en julio de 2009 en Urumqi, que causaron la muerte de 200 personas. Cinco años después y tras varios atentados en la región de grupos separatistas, Xi dio luz verde a la campaña Golpe fuerte contra el terrorismo violento.

Esta aparece citada en todos los discursos políticos sustraídos de las redes informáticas de la OSP en Xinjiang. Si hasta ahora, los estudiosos de la región sospechaban del papel central de Xi en la puesta en marcha de la vasta red de centros de reeducación, la intervención de Zhao deja a las claras su relevancia. “El propósito de la visita (...)”, dice el dirigente chino al inicio de su discurso, “es implementar la estrategia del secretario general Xi Jinping para gobernar Xinjiang y las importantes instrucciones dadas (...) para seguir avanzando en la lucha contra el terrorismo”. Zhao, que cita a Xi en 18 ocasiones, insiste en el respaldo que tiene la estrategia de seguridad en la región, incluidos los campos de reeducación, tanto del presidente chino como del Comité Central del PCCh.

El secretario general del PCCh en Xinjiang, Chen Quanguo, comparece en Pekín en marzo de 2019.
El secretario general del PCCh en Xinjiang, Chen Quanguo, comparece en Pekín en marzo de 2019.GREG BAKER (AFP)

Al frente de esta estrategia se situó en el año 2016, como secretario general del partido en Xinjiang, a Chen Quanguo, el hombre duro de la represión en la región y cerebro de la proliferación de centros de reeducación. Los archivos policiales de Xinjiang cuentan con dos discursos de Chen, uno de ellos pronunciado el 18 de junio de 2018, ante el pleno de cargos del partido en la región, tan solo tres días después de la visita de Zhao. El jefe del partido en Xinjiang recupera algunas de las palabras del ministro ―lo que ha ayudado a la verificación de los discursos―; recalca que ambos siguen las “instrucciones y requisitos del secretario general”, esto es, Xi Jinping. La oratoria de Chen tiene una naturalidad con la que no cuentan otros discursos públicos, quizá porque sus palabras no estaban pensadas para ser transcritas y aireadas.

“Incluso si se logra la estabilidad básica [en Xinjiang] en cinco años”, dice Chen, “continuaremos tomando medidas enérgicas durante otros cincos años”. El régimen chino se ha propuesto afianzar lo que ellos denominan una “estabilidad integral” en la región en el periodo 2017-2022. El dirigente comunista resalta la necesidad de garantizar una “seguridad absoluta” en prisiones, centros de detención (en los que los arrestados aguardan sentencia) y de reeducación. Y va un poco más allá: “Nadie debería nunca planear atacar los centros de internamiento, [tienen] múltiples líneas de defensa, tan pronto como haya alguien que se mueve [contra ellos], se debe abrir fuego con determinación [sobre ellos]”.

Un poco más adelante en su discurso, Chen se lamenta de que no se abriera fuego durante los choques de 2009 en Urumqi y sugiere que si alguien vuelve a amenazar a las autoridades se lleve a cabo la doctrina “matar primero y luego preguntar”. Protocolos de actuación policial ante incidentes en los centros de reeducación incluidos en Los archivos policiales de Xinjiang dan buena prueba de que los agentes tienen permiso para tirar a matar en el caso de que los reclusos traten de fugarse y no atiendan a razones con las fuerzas especiales desplegadas.

La filtración de documentos contiene un segundo discurso del gran artífice de la represión en Xinjiang durante los años 2016-2021, sancionado por Estados Unidos debido a su papel en el abuso de los derechos humanos de minorías étnicas. En este, pronunciado el 28 de mayo de 2017, Chen lleva al esperpento la visión que tiene de los centros de reeducación al tildarlos de “humanos” por el hecho de contar con aire acondicionado, raciones diarias de carne y la posibilidad de visitas de familiares a 15 yuanes (2 euros) la manutención por día. Documentos administrativos incluidos en Los archivos policiales de Xinjiang hablan más bien de la instalación de sistemas de ventilación para evitar golpes de calor durante los meses de verano.

Junto a estas palabras de apariencia amable, el secretario general del PCCh en Xinjiang muestra finalmente una gran dureza a lo largo de su intervención. En primer lugar, afirma que hay reclusos de los centros de reeducación a los que no se puede dejar salir porque volverían a causar problemas ―”esta es la realidad de Xinjiang”, argumenta Chen―, y aprieta las tuercas a las fuerzas policiales que mantengan una postura blanda ante los objetivos del programa de reeducación, sobre todo si regresan del extranjero ―Pekín persigue con especial saña a los uigures que salen fuera de China―. “[Hay que] arrestarlos tan pronto como los vean”, defiende Chen, y “tratarlos como si fueran delincuentes graves”. Para ello, lo primero, continúa, será ponerles “esposas y una capucha”.

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