La policía rusa detiene a una superviviente del nazismo por oponerse a la guerra en Ucrania

Las protestas en el país se han saldado hasta ahora con 7.626 arrestados desde que Putin ordenó la invasión, entre ellos, la pintora y activista Elena Osipova, de 78 años

La policía rusa detiene a la activista, pintora y superviviente del nazismo Elena Osipova, en una protesta en San Petesburgo organizada este miércoles. Foto: REUTERS.

La pintora de 78 años Elena Osipova conoce bien las consecuencias de una guerra. La artista nació tras el asedio de 900 días a Leningrado, y su familia y las de sus amigas cargaron toda su vida con las heridas que dejó la invasión nazi. Ayer volvió a ser detenida por la policía rusa en San Petersburgo por portar con ella sendos carteles a favor de la paz y la destrucción de los arsenales nucleares de todo el planeta. Y junto a ella fueron arrestadas otras 285 personas, según las cifras que ha podido recopilar el periódico de la ciudad, Fontanka.

El presidente Vladímir Putin anunció la invasión de Ucrania con el pretexto de su “desmilitarización”, lo mismo que pedía la anciana, una conocida activista que ya había sido arrestada en abril de 2020 por salir sola a la calle con un cartel donde denunciaba 100 años de represión en Rusia, desde la NKVD soviética (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) al FSB (Servicio Federal de Seguridad) actual. Su sanción, como la de muchos otros ahora, se justificó con las restricciones por coronavirus que muy pocos cumplen en el país.

Desde aquel año se han endurecido las condiciones para protestar, e incluso un piquete individual con un eslogan como “no a la guerra” puede suponer una multa o, en el peor de los casos, la cárcel. Estos días, la Fiscalía, el Ministerio del Interior y alcaldes como el de Moscú, Serguéi Sobianin, habían amenazado repetidas veces con la pena de prisión a los organizadores de las protestas.

Elena Osipova fue arrestada este miércoles por la noche por al menos siete polícías antidisturbios ataviados con cascos y chalecos protectores. Tras negarse a moverse, la pintora fue forzada a caminar hacia el furgón que la sacó de las protestas y la llevó a su casa, según dijo al diario Bumaga la dirección general del Ministerio del Interior para San Petersburgo. El organismo no aclaró si se abrirá un procedimiento sancionador contra la pensionista, aunque en ese caso no sería el primero en su contra por denunciar la represión y la guerra.

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Elena Osipova recibió los aplausos de decenas de manifestantes que estaban cerca, en pleno centro de San Petersburgo, y no hizo el ademán en ningún momento de soltar sus carteles, donde estaba escrito “La simpática Ucrania rechazó en el acto las armas nucleares, mientras que en Rusia no se han dado de baja los vehículos con ojivas nucleares desde la guerra de Vietnam”. La activista hacía referencia así al Tratado de Budapest de 1994, donde Kiev y Moscú firmaron la integridad territorial de Ucrania a cambio de deshacerse de todas las armas de destrucción masiva acumuladas desde los tiempos de la Unión Soviética. El Kremlin, sin embargo, ha justificado su invasión con que Ucrania podría desarrollar un arsenal así en el futuro, y Putin activó “en modo especial de combate” su fuerza de contención nuclear tres días después de comenzar su ataque.

Esta no era la primera protesta de la activista contra la guerra. El pasado 27 de febrero ya se había plantado sola en la famosa avenida Nevski con tres carteles confeccionados por ella misma. En uno aparecía un busto de Putin escoltado por dos cuervos sobre una lápida donde decía en verso que “la momia de la guerra lleva a la destrucción y a la locura a Rusia”. En otro dibujó una madre entregando fusiles a jóvenes vendados en un cementerio; y ella misma sostenía otra cartulina con un mensaje sencillo: “¡Soldado! ¡Tira el arma y será un héroe real para el país!”

Más de 7.000 detenidos desde el inicio de la guerra

Una de las principales fuentes para intuir la represión de las manifestaciones es OVD-INFO, un portal fundado por periodistas que recopila las detenciones de las protestas. Las autoridades lo declararon agente extranjero recientemente y el acceso a su página web está bloqueado en Rusia. Sus cifras arrojaban 7.626 arrestados desde que comenzaron a caer las bombas en Ucrania la madrugada del 24 de febrero hasta el mediodía de este 3 marzo, jornada en la que ambas partes intentarán negociar un alto el fuego por segunda vez.

Las protestas de San Petersburgo siguen el mismo patrón que en otras ciudades como Moscú. Cientos de personas comienzan a concentrarse en el centro, en torno al histórico edificio de Gostiny Dvor, donde actúan bandas de música callejeras. Cuando acaban, la multitud comienza a gritar consignas contra la guerra, y la policía comienza con sus detenciones.

Las protestas, aunque no son masivas, comienzan a dejar imágenes que calan en el subconsciente de toda la población. Es el caso de las fotos de dos madres y sus cinco hijos encerrados primero en un furgón policial y después en comisaría varias horas por haber llevado unas flores a la embajada de Ucrania en Moscú y traído consigo un cartel donde ponía “no a la guerra”.

El partido Yábloko, uno de los pocos verdaderamente opositores, aunque sin presencia en la Duma Estatal, ha promovido una petición de paz que ya han firmado más de 85.000 personas. “La retórica estatal hace pensar que está en marcha una nueva Gran Guerra Patria, que es necesario luchar contra el fascismo, pero a diferencia de aquella guerra, aquí nadie atacó a Rusia. Las tropas rusas entraron en Ucrania, no al revés”, denunció en su canal de Telegram el líder de la formación en San Petersburgo, Borís Vishnevski, más conocido en España por ser uno de los políticos a los que suplantaron la identidad otras personas con nombres y rostros similares en las últimas elecciones para robarles votos.

Yábloko fue víctima de un ataque contra su sede en Nizhni Nóvgorod el pasado 2 de marzo. Según el partido, “unos desconocidos destrozaron la oficina donde recogían firmas contra la guerra de Ucrania mientras gritaban ‘¡Donetsk, Lugansk, no abandonemos lo nuestro!’ y ‘¡Los nazis deben ser asesinados!”.

Otra figura importante que ha llamado a protestar ha sido el opositor Alexéi Navalni, que a pesar de estar encarcelado logró publicar una serie de mensajes en Twitter a través de su equipo. “Que no sea estar contra la guerra. Luchemos contra la guerra”, dijo en un mensaje para animar a manifestarse en la calle.

Las protestas no solo se han expresado con manifestaciones por las calles. En numerosos puntos del país han comenzado a aparecer grafitis y carteles con el lema “No a la guerra” que las autoridades se han afanado en retirar a toda prisa. Uno de los que se hizo virales era un letrero enorme de San Petersburgo con el lema pintado como si fuera sangre sobre un fondo blanco. Su autora, Evguenia, contó a The Village que había sido multada con 20.000 rublos (250 euros antes de la guerra, 166 al cambio actual).

En la persecución de las protestas participa el conocido “Centro E”, el departamento del Ministerio del Interior “para combatir el extremismo”. Según el portal OVD-INFO, el organismo inició una acción administrativa contra un ciudadano de la pequeña ciudad de Vladímir, Yuri Alekséyev, por pintar el mismo eslogan sobre una tela en mitad del campo.

Sin embargo, estas imágenes no llegan a la población porque no son difundidas por la mayoría de la prensa rusa, afín al Kremlin. Los medios independientes o bien tratan de sobrevivir ante las presiones de las autoridades y borran hasta la palabra “guerra”, como Nóvaya Gazeta; o son liquidados tras ser bloqueados por el Gobierno por su cobertura de la guerra, como ha sido el caso este jueves de la histórica radio Eco de Moscú tras 32 años de ejercicio del periodismo.

Mientras la guerra continúa cobrándose vidas en Ucrania, las protestas se repiten todas las tardes en casi medio centenar de ciudades del país y la presión aumenta sobre Putin. No solo por las voces que llegan desde la calle, sino también desde sus propios despachos. El director del Consejo de Asuntos de Exteriores, Andréi Kortunov, ha sido el primer asesor del presidente en pronunciarse abiertamente contra la guerra. “Es una vergüenza”, dijo en una entrevista concedida a Sky News, donde instó a sentarse a negociar desde ya mismo con Occidente.

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