Preguntas y respuestas para entender la invasión de Rusia, una operación sin parangón en Europa

Las causas, el equilibrio de fuerzas y otras claves del ataque de Moscú

Un coche destrozado tras el ataque aéreo sobre el aeropuerto militar de Mariupol (Ucrania), el jueves. Foto: SERGEI GRITS (AP) | Vídeo: EPV

Rusia lanzó este jueves una agresión militar a gran escala contra Ucrania. Estas son las principales preguntas y respuestas de un conflicto con un potencial devastador, no solo para la población ucrania, sino también para el orden mundial.

¿Qué busca Vladímir Putin?

El Kremlin ha alegado varias motivaciones para justificar el ataque. Desde hace tiempo, sostiene que el Gobierno ucranio planeaba retomar por la fuerza las regiones separatistas del Donbás y que sobre la población local se cernía la amenaza de un “genocidio”. No hay ninguna prueba de lo primero, y el canciller alemán, Olaf Scholz, calificó de “ridículo” lo segundo en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich. En términos más amplios, Moscú denuncia que Ucrania está camino de convertirse en una gran base para armamento occidental cerca de sus fronteras. Ucrania no es miembro de la OTAN y solo ha recibido suministros de armas de pequeño calado a medida que la amenaza rusa se intensificaba. Para entender la agresión rusa es, en cambio, imprescindible observar otros factores que el presidente, Vladímir Putin, no menciona: su deseo de frenar la integración de Ucrania en la órbita occidental y el pleno desarrollo de su democracia —que podría constituir un peligroso ejemplo a la vista de la ciudadanía rusa oprimida bajo su régimen autoritario—. Ucrania es parte esencial del proyecto de recuperación imperial rusa que Putin abandera a través del restablecimiento de una zona de influencia en el perímetro de la antigua Unión Soviética en la que, a su juicio, ni Occidente debe meterse ni, de facto, las ciudadanías locales deberían ser libres de elegir su destino si este no coincide con sus planes.

¿Cuál es el equilibrio de fuerzas militares en Rusia y Ucrania?

La descompensación es enorme. Las Fuerzas Armadas rusas sufrieron un prolongado periodo de deterioro tras el colapso de la URSS. Pero Vladímir Putin ha capitaneado un enorme esfuerzo de modernización de sus capacidades, con importantes inversiones. La superioridad es abrumadora en todos los dominios, terrestre, marítimo, aéreo, cibernético y espacial. Rusia invirtió oficialmente unos 62.000 millones de dólares (55.668 millones de euros) en gasto militar en 2021, según el informe The Military Balance del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres. El gasto de Ucrania no llegó a los 5.000 millones de dólares. Rusia cuenta además con un arsenal nuclear comparable al de Estados Unidos. Las experiencias de combate en las operaciones de Georgia (2008, y en la que el alto mando ruso constató las graves deficiencias de sus fuerzas), Ucrania (2014) y Siria (2015) han permitido grandes avances en el desarrollo de la capacidad operativa. Ucrania, por su parte, ha ido mejorando unas Fuerzas Armadas que, en 2014, estaban gravemente desorganizadas y faltas de medios. Instructores militares occidentales han ayudado en ese proceso, y el país ha recibido algunos tipos de armamento que podrán ser útiles en la defensa contra la invasión, como drones armados de fabricación turca y misiles antitanque Javelin. Pero es improbable que pueda oponer una resistencia eficaz. Otra cosa es una guerra de guerrillas posterior a la fase inicial de la agresión.

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¿Es el ataque el preludio de una ocupación?

El presidente Putin ha dicho que no pretende ocupar el país vecino, sino desmilitarizarlo. Esta declaración debe ser vista en un contexto en el que los dirigentes rusos han afirmado repetidamente que la amenaza de invasión que denunciaban los países occidentales era pura paranoia. De momento se trata de un ataque amplio, con entrada en territorio ucranio desde distintos puntos y con bombardeos en múltiples puntos del mismo. Parece probable el intento de extender el territorio de los separatistas del Donbás para que coincida con la delimitación administrativa de la región. También hay razones para creer que Rusia podría buscar el establecimiento de un corredor entre el Donbás y Crimea, e incluso entre Crimea y Odesa, ciudad portuaria con relevancia estratégica.

¿Intervendrá militarmente Occidente en favor de Ucrania?

No en términos de despliegue de fuerzas para luchar contra Rusia. Ucrania no es miembro de la OTAN y no está, por tanto, cubierta por la cláusula de mutua defensa de la Alianza. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha dejado claro hace tiempo que no enviaría fuerzas a combatir en Ucrania. Otra cosa es el incremento de los suministros de armas a la antigua república soviética, hasta ahora de pequeña intensidad. Algunos aliados, como Alemania, no están por la labor, pero otros sí, como Estados Unidos o Reino Unido. El Gobierno francés emitió el jueves declaraciones que inducen a pensar que podría estar dispuesto. El problema es que la entrega de sistemas de armamento complejos no es un asunto rápido, y el entrenamiento para su uso eficaz, tampoco. Mientras, sobre el terreno, las cosas podrían evolucionar de forma muy veloz.

¿Qué sanciones impondrá Occidente?

Los aliados han dejado claro que serán contundentes en la respuesta, que será de intensidad suficiente para perjudicar la prosperidad futura de Rusia, según han señalado algunos dirigentes occidentales. Hay varias vías de acción. Una, financiera, con el objetivo de cortar el acceso de entidades bancarias rusas a los mercados de capitales; otra, comercial, bloqueando exportaciones de tecnología punteras. Una tercera son sanciones personales a altos representantes del régimen ruso, como las que ya se han producido después de que Moscú reconociera la independencia de los territorios separatistas del Donbás. Un 70% de los bancos y empresas estatales rusas serán objeto de las sanciones, según lo acordado por el Consejo Europeo. Las exportaciones de crudo y aerolíneas impedirán que la industria rusa pueda mejorar sus activos. En otro apartado, Alemania ha anunciado la suspensión del proceso de autorización de la puesta en marcha del gasoducto Nord Stream 2, una obra ya completada pero no activada que redoblaría el abastecimiento directo de Rusia a Alemania puenteando a los países del este de Europa —anulando pues las comisiones de tránsito por ejemplo para Ucrania y las ventajas geopolíticas del caso—.

¿Cómo puede responder Rusia?

El arma más importante a disposición del Kremlin frente a la UE es el suministro del gas. Según datos ofrecidos por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, un 24% del mix energético total de la UE corresponde al gas, que en un 90% es importado. Rusia abastece un 40%. Frente a una oleada de sanciones occidentales, Moscú puede jugar con el gas, tanto con alteraciones de suministro como con un corte abrupto. Von der Leyen anunció que la UE está preparada para resistir al escenario de corte abrupto gracias a los planes de contingencia hechos para incrementar las importaciones de gas natural licuado. Rusia tiene otras herramientas para responder, jugando con las exportaciones de productos como el trigo —cuyo precio ya está subiendo en el mercado, puesto que también Ucrania es gran productora— o el titanio. Occidente, sobre todo Europa, puede sufrir, entre otras cosas por la pérdida de facturación de empresas exportadoras. Pero no cabe duda de que Rusia, una economía pequeña, frágil y monocultivo, sufrirá más a medio y largo plazo. A corto, el Kremlin dispone de importantes fondos de emergencia que le permitirán atenuar el golpe.

¿Con qué apoyos internacionales cuenta Rusia?

La invasión rusa ha provocado una amplia oleada de condenas, no solo por parte de países occidentales. El secretario general de la ONU exhortó al presidente Putin a retirar sus tropas. Rusia confía en que la cada vez más estrecha relación con China, consagrada a principios de mes en una importante declaración conjunta que plasma una visión común para un nuevo orden mundial, le dé oxígeno en esta tesitura. Está por ver hasta qué punto estará dispuesta a llegar Pekín. Al margen de la convergencia general, en cuanto a la invasión la potencia asiática ha mantenido una posición ambigua, por la que ha reafirmado su apego al concepto de integridad territorial de los países, pero también ha subrayado el peso de las preocupaciones rusas por su seguridad. Pekín ha evitado este jueves calificar de invasión lo ocurrido. En cualquier caso, es probable que China pueda constituir una alternativa económico-tecnológica para Rusia ante el aislamiento que sufrirá por parte de Occidente.

¿Qué está en juego más allá de Ucrania?

Por supuesto, lo prioritario es la vida de los civiles que afrontan la perspectiva de un conflicto terrible. Pero más allá de eso está en juego la definición del orden mundial del siglo XXI. Rusia y China buscan un reajuste. El Alto Representante para la Política Exterior Europea, Josep Borrell, ha definido el pulso como la alternativa entre un orden multilateral apoyado en las organizaciones y el derecho internacional, con la aspiración a la afirmación de los derechos humanos en una acepción plena y otra multipolar, con zonas de influencia, y una mirada relativista acerca de los derechos humanos. La agresión rusa a Ucrania es el terreno de juego central en ese pulso global.

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Sobre la firma

Andrea Rizzi

Corresponsal de asuntos globales de EL PAÍS y autor de una columna dedicada a cuestiones europeas que se publica los sábados. Anteriormente fue redactor jefe de Internacional y subdirector de Opinión del diario. Es licenciado en Derecho (La Sapienza, Roma) máster en Periodismo (UAM/EL PAÍS, Madrid) y en Derecho de la UE (IEE/ULB, Bruselas).

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