La crisis democrática de Túnez se agrava al prorrogarse un año la suspensión del Parlamento

El presidente Said, que concentra los principales poderes del Estado desde julio, anuncia elecciones para diciembre de 2022

Seguidores del presidente de Túnez, Kais Said, enarbolan su imagen durante una manifestación de apoyo en la capital del país el pasado 3 de octubre.
Seguidores del presidente de Túnez, Kais Said, enarbolan su imagen durante una manifestación de apoyo en la capital del país el pasado 3 de octubre.ZOUBEIR SOUISSI (Reuters)

El presidente de Túnez, Kais Said, de 63 años, ha enseñado al fin la hoja de ruta que tanto le reclamaban incluso muchos de quienes le apoyaron el 25 de julio, cuando suspendió las funciones del Parlamento y asumió los principales poderes del Estado. Said pronunció este lunes por la tarde un discurso televisado en el que anunció que el Parlamento seguirá suspendido durante un año, concretamente hasta que el 17 de diciembre de 2022 se celebren elecciones legislativas anticipadas.

Said pretende eliminar la actual Constitución, vigente desde 2014. Ha anunciado un periodo de consultas a través de Internet entre enero y marzo de 2022 con el fin de conocer los deseos del “pueblo” sobre las posibles reformas. Un comité se encargará de elaborar una síntesis de las propuestas antes de fin de junio. Y el 25 de julio del año que viene, cuando se cumpla el primer aniversario desde que Said canceló la actividad del Parlamento, se convocará un referéndum sobre la reforma. Finalmente el 17 de diciembre se celebrarán las legislativas. En esa misma fecha, hará entonces 12 años, comenzaron las manifestaciones que provocaron el exilio del dictador Zine el Abidine Ben Ali y el advenimiento de la democracia.

Said se comprometió a mantener ese calendario, con el fin de “restituir el poder al pueblo”. Todas las medidas adoptadas por el presidente desde julio las ha asumido con la promesa de restablecer una verdadera democracia. Hasta hace dos años, Said solo era un profesor de Derecho Constitucional que solía aparecer como comentarista o tertuliano en programas de televisión. Se presentaba como un hombre austero, decía que quería iniciar una “revolución dentro de la revolución”. Y arrasó en las presidenciales de 2019, con el 72,7% de los votos frente al 27,29% de su rival, el magnate de la televisión Nabil Karui.

La Constitución de 2014 limita las competencias del presidente a la política de Seguridad y de Exteriores. Pero el artículo 80 le otorga la capacidad de asumir poderes legislativos en caso de una situación excepcional. Y ese artículo es el que blandió Said el pasado 25 de julio para suspender las funciones del Parlamento. Dos meses después, asumió nuevas funciones que le permitían gobernar por decreto. El 29 de septiembre, Said nombró por primera vez en Túnez a una mujer como primer ministro. Se trata de la tecnócrata Najla Buden, de 63 años. Pero jamás ese cargo estuvo tan desprovisto de competencias. Ahora, Said ha anunciado su hoja de ruta sin haberla consensuado con ningún partido político.

Youssef Cherif, director de la filial en Túnez del centro universitario Columbia Global Centers, estima que las intenciones del presidente son probablemente buenas. “Pero quiere instaurar una constitución hecha a la medida y sin debate público”. Cherif estima que Said es un dirigente poco inclinado a negociar, que tiene la intención de refundar Túnez, pero dispone de pocos medios para hacerlo. El politólogo tunecino advierte que el proyecto de Said consolida “un sistema autoritario” que puede ser utilizado en el futuro para dirigir el país “con mano de hierro”.

La situación económica del país es, cuando menos, preocupante. El paro permanece en el 18%, la economía solo ha crecido una media del 0,8% en la última década, la deuda exterior se sitúa en el 100% sobre el PIB y el déficit fiscal en el 11,4%. La economía se contrajo un 8,8% en 2020 a causa de la pandemia. Y la inflación se ha elevado en octubre al 6,3%. El Gobierno trata de conseguir ahora un crédito del FMI por valor de 4.000 millones de dólares (3.300 millones de euros).

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La cibernauta tunecina Sarah Ben Hamadi, que cuenta con unos 139.000 seguidores en Twitter, señala que el hecho de que el presidente haya anunciado al fin un calendario es una buena noticia porque permite conocer su proyecto. Pero cree que el tiempo juega en contra de Said. “De entrada, su nivel de popularidad se está debilitando, aunque sigue siendo alto”. Ben Hamadi vaticina que 2022 será un año de dificultades económicas donde los adversarios de Said tendrán tiempo de organizarse. “El presidente será esta vez el único responsable. No podrá atacar ya al Parlamento, porque él es el único que decide ahora. Ninguna acción gubernamental se hace ya sin su aprobación”.

La Unión Europea, a través de Josep Borrell, el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, ya transmitió en septiembre a Kais Said sus temores con respecto “a la preservación del acervo democrático en Túnez”. Pero el presidente ha seguido su propio camino y solo ha revelado su proyecto cuatro meses después de suspender las funciones del Parlamento.

Bosco Govantes, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, señala en conversación telefónica, que las medidas de Said confirman su deriva autoritaria. Govantes tacha de opaco el plan de reforma constitucional. “Said habla de consultas por internet con el pueblo, pero excluye a los partidos y a la sociedad civil organizada. Da la impresión de que el país se dirige hacia un sistema político hiperpresidencialista, sin partidos políticos. Quizás algo parecido a lo que existe en Irán”.

Govantes también se muestra preocupado sobre una medida en la que Said prevé procesar a quienes atenten contra los intereses del Estado. “Esto amplía la posibilidad de represión. Cualquier oposición a sus medidas se puede considerar como un atentado contra el Estado”, concluye.

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Sobre la firma

Francisco Peregil

Es corresponsal para el Magreb desde 2015, con sede en Rabat. Antes ejerció desde Buenos Aires durante tres años como corresponsal para Sudamérica. Comenzó en EL PAÍS en 1989, después de trabajar varios meses en 'El Mundo'. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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