La crisis política deja a Rumania expuesta al frío

Un Gobierno inestable afronta la factura energética en un país marcado por el trauma de los inviernos bajo la dictadura de Nicolae Ceausescu

Una joven espera en el exterior del Instituto de Neumología Marius Nasta de Bucarest el viernes.
Una joven espera en el exterior del Instituto de Neumología Marius Nasta de Bucarest el viernes.ROBERT GHEMENT (EFE)

Un nuevo invierno se cierne sobre Rumania con un Gobierno en funciones sin competencias para adoptar ayudas que eviten que muchos rumanos, incapaces de asumir los precios disparados del gas y la electricidad, se queden sin calefacción con temperaturas que pueden llegar a 20 grados bajo cero en algunas zonas del país. Tras la moción de censura que a principios de mes desalojó del poder al primer ministro Florin Citu, del Partido Nacional Liberal (PNL), su hasta ahora socio de coalición, Dacian Ciolos, líder del centrista Unión Salvar Rumania (USR), afronta la tarea ímproba de formar un nuevo Ejecutivo con solo el 17% de escaños. Esta parálisis política, que agrava la crisis energética, ha avivado en los rumanos el recuerdo infausto de los inviernos bajo la dictadura de Nicolae Ceausescu, cuando los niños morían de frío en los orfanatos rumanos.

Por el momento, no hay atisbos de una salida del marasmo político que contribuye a perpetuar la grave crisis energética y también sanitaria, con el peor repunte de casos de la covid-19 desde el inicio de la pandemia. Ciolos, excomisario europeo de Agricultura, presentará el lunes su nuevo equipo y el programa de Gobierno en el Parlamento, pero con pocas opciones de salir investido, ya que carece del apoyo de su antiguo aliado, el PNL, aunque podría gozar del respaldo de los socialdemócratas, lo que lo facultaría para conducir el país en minoría.

Mientras tanto, las autoridades locales y asociaciones de propietarios, hartos de la inacción del Gobierno, han instado al Ejecutivo en funciones del PNL a tomar medidas de manera urgente ante la bajada de temperaturas, pero la formación conservadora está ahora más pendiente de que Ciolos y su partido fallen en su intento de conformar una coalición que de preparar la llegada del frío. El PNL espera así recuperar el pleno control del Gobierno y buscar la estabilidad política, una condición necesaria para afrontar los desafíos sanitarios y económicos, agravados por la crisis energética.

En los últimos meses, el precio de la electricidad ha subido en Rumania un 20%, mientras que las tarifas del gas se han multiplicado por cinco. Un coste inasumible para muchas familias, pero también para los ayuntamientos, gestores del sistema de calefacción central heredado en muchas ocasiones de la época comunista, que calienta a una tercera parte de los hogares del país balcánico. Para remediar la escalada de precios de la energía, los alcaldes exigen al Gobierno central que se concedan créditos y subsidios o rebaje el IVA, al mismo tiempo que avisan de que la tarifa de la energía crecerá como mínimo el doble para intentar sostener los gastos.

El Gobierno solo ha aprobado ayudas a los más vulnerables y compensaciones de consumo que entrarán en vigor el 1 de noviembre, pero sin un Ejecutivo investido no se podrá adoptar otras medidas como subvenciones a los ayuntamientos. “Existe un riesgo real de enfrentarnos al apogeo de la cuarta ola de covid con hospitales sin calefacción”, clamó este jueves Dominic Fritz, alcalde de Timisoara, al oeste de Rumania. “Una catástrofe humana que debe evitarse”, prosiguió el edil.

Fritz estima que Timișoara necesitará unos 20 millones de euros al mes este invierno, una cifra muy superior a los 8 millones de euros que el ayuntamiento ingresa por impuestos y otras tasas. Ni recortando en inversiones, limpieza de las calles e, incluso, en los salarios de los empleados públicos, lograría cubrir la factura energética que permitiría proveer de calefacción y agua caliente a los habitantes. “Ya no nos venden el gas si no pagamos antes, de modo que firmamos por día los contratos”, lamentó el alcalde, precisando que la ciudad que rige puede quedarse sin energía en cualquier momento por este motivo.

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La situación es aún más crítica en el municipio de Focsani: el hospital, las escuelas y todas las instituciones públicas con sistema de calefacción centralizado solo tienen agua caliente tres horas y calefacción, cinco. Cuando hay una, no se dispone de la otra, informó el Consistorio. Esta urbe, a dos horas y media de Bucarest en coche, rememora sin duda el vivo recuerdo de la pobreza energética de la “época de oro” de Ceausescu, el Conducator, que decidió en los años ochenta que los fondos para pagar la energía se emplearan en el pago de la deuda para que Rumania pudiera ser independiente de fuerzas externas, una decisión que precipitó la ejecución del sátrapa en las Navidades de 1989.

“Estamos más cerca que nunca de que nos interrumpan el suministro de electricidad y gas”, afirma a El PAÍS Ana Otilia Nutu, experta en energía del think tank Expert Forum, que considera que se trata de un problema a nivel global y que se podrá solucionar si se reduce el consumo energético industrial, puesto que la producción no crece y la demanda de electricidad es muy alta. Sin embargo, agrega, Rumania padece graves problemas estructurales internos como la falta de inversiones en el sector desde 2016 y un sistema de suministro anticuado.

En Bucarest, más del 40% de los habitantes están conectados al sistema de calefacción central que proporciona agua caliente y calefacción a sus apartamentos y que suele entrar en funcionamiento normalmente a finales de octubre. Pero el súbito aumento de los precios de la electricidad y del gas ha provocado que una quinta parte de las asociaciones de vecinos hayan pedido que se posponga hasta principios de noviembre su puesta en marcha, porque para ellas resulta demasiado caro. “Tememos que no se puedan cubrir los costos de calefacción, ya que muchos residentes no pueden permitirse pagar facturas tan elevadas”, cuenta Andrei, administrador de un bloque del céntrico Bulevard Dimitrie Cantemir de la capital. “Por suerte, los inviernos son más suaves, no como el del 85, el más frío de los últimos 40 años, recuerda Andrei. Ese año, bajo la dictadura de Ceausescu, se alcanzaron los 35 grados bajo cero en regiones rumanas como el condado de Brasov.

En paralelo a la urgencia energética, el país está viviendo su peor momento desde que comenzó la crisis sanitaria debido a que apenas el 30% de la población está vacunada. Entre el sábado y el domingo se notificaron 11.546 nuevos casos y 299 muertos. En total, la covid-19 ha contagiado a 1.430.475 personas y ha causado 41.781 fallecidos. Según datos de la Universidad de Oxford, Rumania encabeza la cifra de decesos diarios en cuanto a población de la Unión Europea, con 16,6 muertos por millón de habitantes de media en la última semana. Ante el creciente número de infectados y el incesante descenso del termómetro, los hospitales podrían llenarse de enfermos ateridos de frío. “Debería encontrarse una solución nacional para enfrentarse a esta tormenta global”, concluye la analista Nutu, que se muestra poco optimista en que se vaya a configurar pronto un nuevo gobierno.

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