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El paje de San Nicolás desaparece de las bibliotecas públicas en los Países Bajos

El rostro pintado del llamado 'Zwarte Piet' (Pedro el Negro) choca con la sociedad actual holandesa

San Nicolás, con sus pajes en la cabalgata de Ámsterdam de 2013. Ampliar foto
San Nicolás, con sus pajes en la cabalgata de Ámsterdam de 2013.

Las bibliotecas públicas de los Países Bajos están retirando de sus estantes los libros que incluyan la figura de Zwarte Piet (Pedro el Negro), el paje de San Nicolás, porque su aspecto ya no encaja con la sociedad actual. Según la tradición, el ayudante del obispo que trae regalos a los niños neerlandeses el 5 de diciembre lleva el rostro pintado de negro, peluca rizada, pendiente de aro y labios rojos.

Considerado un estereotipo racista por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la medida coincide con un debate nacional que cuenta con partidarios y detractores del sirviente. Los primeros, consideran absurdo borrarlo de las celebraciones de San Nicolás, equiparables a la festividad de los Reyes Magos, porque es una fiesta infantil. Los otros, ven en la cara oscurecida un vestigio claro de sumisión al personaje de raza blanca, que ofende a una parte de la población. En agosto pasado, Bol.com, la principal tienda virtual del país, eliminó de su catálogo obras y productos del paje en su versión clásica, y pasó a llamarlo solo Piet. Sin alusión al color. 

Cerca de 3,6 millones de ciudadanos (uno de cada cinco) son miembros de una de las 1.207 bibliotecas públicas (entre edificios centrales y locales de recogida y entrega) del país, según cifras de la Biblioteca Nacional.

La Asociación de Bibliotecas Públicas ha intentado aclarar las cosas. En el comunicado oficial colgado en su página de web, se habla de “seguir el espíritu de la época”, para evitar que la situación pueda asociarse a una forma de censura. El Gobierno de centro derecha no ha aprobado una norma de aplicación nacional sobre cómo abordar la figura de Zwarte Piet, “de modo que unas bibliotecas retiran estos libros, otras los incluyen en sus fondos, pero no están a la vista del público, y algunas prefieren mantenerlos; cada una elige su propio camino”, dice la nota. También aclara que cualquier miembro de la red nacional puede acceder a la colección de todas ellas. La retirada de libros no es privativa de las grandes ciudades con mayor diversidad de población, sino que alcanza a los centros de la periferia, según recoge la prensa nacional. 

La desaparición de Zwarte Piet de las colecciones de libros se ha ido fraguando despacio, entre otras cosas porque la maquinaria comercial asociada a la festividad de San Nicolás se apoyaba en esta figura algo atolondrada y de sonrisa permanente. El punto de inflexión llegó en 2014, cuando el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos lo calificó primero de “estereotipo racista a erradicar”, e instó luego a las autoridades neerlandesas a “revisar su representación como un torpe sirviente negro”. Ese mismo año, el Informativo de San Nicolás (Sinterklaas Journal, en neerlandés) un programa de la televisión pública que sigue en estas fechas sus aventuras por el país, presentó a los primeros pajes con la cara tiznada y no negra. La explicación es que se habían manchado con el hollín de las chimeneas por las que se descuelgan para dejar los presentes, y fue una manera de ir lavando la cara del ayudante: los pequeños se adaptaban a la evolución facial de Zwarte Piet, y la cadena contenía las críticas contra unos programas donde el paje era un torpón de cara negra. O bien maquillado de diversos colores. El único cabal era el jefe de todos ellos, una especie de capitán de la tropa. 

En 2016, el Defensor de Menor señaló que la imagen de Zwarte Piet “puede contribuir al acoso, la exclusión y la discriminación, todo ello contrario a la Convención de los Derechos de los Niños, de modo que debe ser ajustada para que los pequeños no sufran los efectos negativos de las fiestas de San Nicolás”.

Mark Rutte, el primer ministro, sostuvo que no correspondía al Gobierno decidir el futuro de una tradición que la sociedad misma podía adaptar, pero en junio pasado se mostró más comprensivo. Reconoció que había ciudadanos que se sentían discriminados por el aspecto y maneras del paje, y señaló que iría perdiéndose.

Políticos de la derecha populista, como Geert Wilders, líder del Partido para la Libertad, y su principal competidor, Thierry Baudet, al frente de Foro para la Democracia, sostienen que una costumbre tan arraigada no debe diluirse, y hablan de “quema de libros”. En Bélgica, que también celebra San Nicolás, la Asociación Flamenca de Bibliotecas, Archivos y Documentación conserva por ahora los libros del paje, pero dice que “tiene en cuenta la corrección política a la hora de efectuar nuevas compras”, indica el rotativo belga De Standaard

Estos días la Asociación de Bibliotecas Públicas de los Países Bajos anuncia en su sitio de Internet lecturas para niños sobre la festividad de San Nicolás. Las ilustra un chiquillo tocado con la mitra ceremonial roja del santo, que fue obispo de Mira, en la actual Turquía, en el siglo IV. Conocido también como Nicolás de Bari (Italia), según la tradición, era un hombre compasivo con los niños. Zwarte Piet no aparece a su lado.

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