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Macron acumula tropiezos a un mes de las municipales

El Consejo de Estado enmienda al Gobierno, el presidente desautoriza a sus diputados y los macronistas se dividen en París

Macron
Emmanuel Macron, el 7 de febrero en París REUTERS

No hay respiro para Emmanuel Macron. El presidente ha superado la peor huelga de las últimas décadas en Francia, pero no deja de acumular tropiezos. El Consejo de Estado ha enmendado dos veces a su Gobierno. Él mismo se ha visto obligado a forzar a los diputados de su partido, La República en marcha (LREM), a dar marcha atrás después de rechazar una ley que ampliaba los días de baja para los padres que hubiesen perdido un hijo. Las municipales de marzo se anuncian complicadas para su formación.

La suma de contratiempos en un periodo reducido no es un escándalo: ocurre a cualquier presidente. Ni siquiera supone una crisis, pues no está claro que tengan un impacto duradero en el resto del quinquenio, que empezó en 2017 y termina en 2022. Pero sí representa una señal preocupante para el presidente. Porque ocurren un mes y medio antes de las municipales que, salvo sorpresa, arrojarán un mal resultado para los macronistas. Y porque denotan errores de oficio en un Gobierno y un grupo parlamentario con dos años y medio de experiencia.

El 24 de enero, el Consejo de Estado —la más alta jurisdicción administrativa del país, encargada también de examinar los proyectos legislativos— emitió un primer dictamen incómodo. En su evaluación de la propuesta de reforma de las pensiones, este organismo lamentó no haber dispuesto de más de tres semanas para evaluar las leyes que desarrollan la reforma y su impacto. En estas condiciones, lamentó carecer de “la serenidad y los plazos de reflexión necesarios para garantizar lo mejor posible la seguridad jurídica” de la reforma. También señaló que el impacto financiero presenta “lagunas”.

El dictamen, aunque no cuestiona la validez global de la reforma, fue un primer desaire del Consejo de Estado al Gobierno. El segundo llegó el 31 de enero, al anular una circular del ministro del Interior, Christophe Castaner, en la que este ordenaba a los prefectos —representantes del Estado en el territorio— modificar el modo de presentación de los resultados de las municipales del 15 y el 22 de marzo.

No es un detalle técnico. Castaner quería que, en los municipios de menos de 9.000 habitantes, no se distinguiese la etiqueta política de los candidatos. Es verdad que en pueblos pequeños muchos candidatos y alcaldes no están afiliados a un partido, o pertenecen a listas locales, pero este método habría excluido el 95% de municipios a la hora de presentar los resultados en todo Francia. Y habría podido modificar la lectura de los resultados en favor de LREM. El Consejo de Estado obligó a rebajar el umbral, que quedará en 3.500 habitantes.

Coincidiendo con las decisiones adversas del Consejo de Estado, aparecen fisuras en la disciplinada mayoría gubernamental de la Asamblea Nacional. El voto de los diputados macronistas en contra de ampliar de 5 a 12 días la baja de los padres por fallecimiento de un hijo desató las críticas de la oposición. Y del propio Macron, que pidió una rectificación para “dar una prueba de humanidad”. La desautorización presidencial disgustó a muchos parlamentarios. El martes les recibirá en el Elíseo.

Municipales

LREM afronta las municipales sin candidatos de peso en las grandes ciudades y dividida en París. En la capital, bastión del macronismo, Macron se impuso en la primera vuelta de las presidenciales de 2017 con un 35% de votos y ganó en la segunda vuelta con 90%. En las europeas del pasado mayo se consolidó como primera fuerza con un 33% de votos.

Todo parecía a punto para que las municipales consagrasen el dominio de LREM. Nada de eso ha ocurrido. Los macronistas han empezado la precampaña con mal pie. París es el caso más claro pero no el único. Al principio tenían dos candidaturas. De un lado, la oficialista —e inclinada el centroderecha— del exportavoz gubernamental y hombre de confianza del presidente, Benjamin Griveaux. Del otro, la candidatura disidente del diputado y brillante matemático Cédric Villani, e inclinado al centroizquierda.

El presidente, después de mantenerse durante meses en una aparente neutralidad, intentó persuadir a Villani de que abandonase sus ambiciones y se sumase a Griveaux. Pero la habilidad persuasiva de Macron ya no es lo que era. Villani se negó. Y el 29 de enero, la LREM oficializó su exclusión.

Encabeza las encuestas es la socialista Anne Hidalgo, actual alcaldesa, y la exministra de Justicia con el presidente Nicolas Sarkozy, Rachida Dati, de la derecha tradicional. El viejo mundo político —la derecha y la izquierda que Macron creyó enterrados— vuelve a dar señales de vida.

Batalla parlamentaria por la reforma de la jubilación

Emmanuel Macron no ha cerrado definitivamente el capítulo de la reforma de las pensiones. La huelga permanente de los transportes públicos, que empezó el 5 de diciembre, terminó a mediados de enero, pero las movilizaciones siguen en otros sectores, y las jornadas de huelga y manifestaciones esporádicas tampoco han concluido. La reforma, que pretende unificar en uno solo los 42 regímenes de pensiones actuales y crear un nuevo sistema de cálculo, ha llegado a la Asamblea Nacional. Allí la oposición intentará torpedearla con un alud de enmiendas —22.000 propuestas— y la amenaza de una moción de censura. El objetivo del presidente francés es aprobar la reforma antes del verano.

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