Un agujero en los datos sobre la raza de las víctimas de covid-19 en Brasil llega a la justicia

Un tercio de las notificaciones sobre el coronavirus no proporcionan esa información, esencial para seguir la evolución en los grupos más vulnerables del país

Una mujer espera el autobús en una parada cerca de Río de Janeiro.
Una mujer espera el autobús en una parada cerca de Río de Janeiro.RICARDO MORAES / Reuters

Brasil tiene un agujero de información sobre la raza de los contagiados y muertos de covid-19. En al menos un tercio de los registros proporcionados por el Ministerio de Sanidad no aparece este dato, lo que dificulta identificar cómo evoluciona la enfermedad en los grupos más vulnerables del país. El pasado día 4 de mayo, la justicia federal de Río de Janeiro determinó que los registros de casos confirmados y de muertes por coronavirus (el país ya supera los 240.000 contagios y las 16.000 muertes) deben incluir, obligatoriamente, información sobre la raza y el color de piel. La medida debía aplicarse a todos los niveles: federal, estatal y municipal. Pero el pasado viernes, la justicia suspendió la medida a petición del Gobierno Federal.

El Ministerio de Sanidad ya está obligado a registrar la raza o el color de piel en todas las notificaciones relacionadas con enfermedades. Ese fue uno de los argumentos del Gobierno Federal para revocar la medida. También alegó que la orden judicial haría que los trabajadores sanitarios se vieran “repentinamente obligados a modificar sus actividades para cumplir lo que los autores [de la petición judicial para que se incluyan los datos de raza en los registros] sin ninguna planificación consideran que debe hacerse”.

Sin embargo, a pesar de la orientación que dice que sigue, el Ministerio de Sanidad publica datos incompletos. En el único boletín epidemiológico en el que consta información sobre la raza de los contagiados y muertos de covid-19 desde el pasado día 9 (con datos recopilados hasta el día 8), en un 30% de las defunciones no aparecía esta información. Brasil entonces registraba oficialmente 9.897 muertes. El gráfico que presentó el Ministerio sugiere que el 47% de las víctimas eran blancas, el 42% mestizas y el 7% negras. Pero en el 30% de las muertes registradas hasta el día 8 (2.896) no constaba información sobre la raza.

La disputa en los tribunales por esas informaciones ha expuesto la negligencia histórica con que se trata la salud de más de la mitad de los brasileños que hoy se declaran negros o pardos. “Pedimos que se cumplan las normas que ya existen”, explica Silvio Almeida, presidente y abogado del Instituto Luiz Gama, una ONG que trabaja para defender los derechos y las garantías de las minorías y que creó la petición judicial junto con la Defensoría Pública. “Si no se cumplen, habrá que tomar medidas más drásticas, como responsabilizar a los agentes públicos que son directamente responsables de la recopilación de datos”, afirma Almeida, que también es abogado y profesor de la Fundación Getúlio Vargas y de la Universidad de Duke, en Estados Unidos.

La defensora del Pueblo federal, Rita Cristina de Oliveira, recuerda que, aunque teóricamente exista el registro obligatorio, el propio sistema informático del Ministerio de Sanidad deja espacio para que se produzca esta negligencia. “En la herramienta, si los datos de raza o color no se rellenan, el sistema acepta el registro igualmente. Es decir, no se bloquea porque no se ha introducido esta información específica”, dice. “Como si no bastara esta negligencia histórica, ahora se ha creado un formulario de registro simplificado para pacientes de covid-19 en el que ni siquiera consta el campo para poner la raza o el color”.

Silvio Almeida explica que esta información es esencial para crear estrategias para combatir la pandemia. “Es fácil constatar que las personas negras son las más afectadas por la pandemia”. De Oliveira añade: “El racismo en el sistema sanitario no puede ser ignorado, especialmente cuando la muerte de muchos ciudadanos periféricos proviene de la falta de acceso a tratamientos adecuados, equipos y atención primaria”.

En São Paulo, el último boletín epidemiológico de la ciudad en el que aparece el campo de raza/color es del 30 de abril e informa de que casi el 79% de los 11.025 casos confirmados de coronavirus en ese momento no estaban rellenados con esa información. La falta de identificación ocurre exactamente cuando el mapa de la ciudad muestra que en las periferias se encuentran la mayoría de los afectados por la enfermedad, como reconoció el alcalde, Bruno Covas, en una rueda de prensa la semana pasada. “Cada semana aumenta el número de muertes en la periferia”, afirmó. La mayoría de las familias negras viven en los barrios en los márgenes de la ciudad.

La Secretaría de Sanidad del Estado de São Paulo, a su vez, nunca ha presentado datos sobre raza. Pero, para este reportaje, ha analizado los datos y señala que, del total de muertes registradas hasta el 12 de mayo (3.949), el 43% fueron de personas de raza blanca, el 17% eran mestizos y el 5%, negros. Pero el 34% de las defunciones se registró sin la información de raza/color. Entre los infectados (46.131 en total) hasta esa misma fecha, había un 38% de blancos, un 14% de pardos y un 4% de negros. Sin embargo, el 43% de los registros no contenían información sobre la raza.

Marcia Lima, coordinadora del Centro de Investigación y Formación en Raza, Género y Justicia Racial del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap), explica que la ausencia de estos datos no es un fenómeno que haya surgido con la pandemia. “La desigualdad contribuyó de manera crucial a que los datos se configuraran así”, dice. “No es un efecto de la pandemia. La pandemia, de hecho, se encuentra con esta desigualdad y la agudiza”. Advierte que hay otros factores, además del infrarregistro, que separan a los que tienen privilegios de los que no los tienen. “Todas las patologías previas que ponen a las personas en el grupo de riesgo dependen de un diagnóstico. Es decir, saber si uno forma parte del grupo de riesgo o no ya es un privilegio”.

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