La ONU lanza un consejo para promover a las mujeres en las negociaciones de paz

Un equipo de líderes africanas abandera la iniciativa de Alianza de Civilizaciones para impulsar su presencia y mediación en la resolución de conflictos

Un grupo de mujeres frente a una misión de la ONU, en República Democrática del Congo, el pasado marzo.
Un grupo de mujeres frente a una misión de la ONU, en República Democrática del Congo, el pasado marzo.Samir Tounsi / AFP

Las mujeres son protagonistas de las consecuencias de los conflictos, pero no de las soluciones. Y para fomentar su participación como mediadoras y negociadoras en los procesos de resolución se ha constituido este jueves por videoconferencia el consejo asesor de la Alianza de Mujeres por la Paz, una iniciativa lanzada por Alianza de Civilizaciones de la ONU junto a la fundación Mujeres por África que ha contado con la presencia de una decena de líderes africanas dispuestas a actuar con su población y sus Gobiernos.

“No estamos representadas en absoluto en los procesos de paz, y queremos ser partícipes en todos los niveles. Queremos reflexionar sobre las mejores estrategias y construir soluciones cohesionadas, pacíficas e inclusivas”, señala enérgica Caddy Adzuba, miembro del consejo, periodista y premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2014, al teléfono desde Bukavu, al este de la República Democrática del Congo (RDC). “Queremos implementar medidas, ponerlas en práctica, definir estrategias concretas. Sabemos que son desafíos enormes, pero llevamos años sin soluciones”, añade Adzuba sobre esta iniciativa enfocada en interceder en conflictos religiosos e interculturales mediante proyectos en el continente que cubrirá Alianza de Civilizaciones, una propuesta lanzada 2005 para fomentar el diálogo y luchar contra los radicalismos promovida por el que fuera presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y Recep Tayyip Erdogan, por entonces primer ministro turco.

A pesar de que hace dos décadas el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad, que promueve la presencia de ellas en estos procesos, su aplicación ha sido anecdótica. Entre 1992 y 2018, las mujeres representaban el 13% de quienes negociaban, el 3% de quienes mediaban y el 4% de firmantes en los principales procesos de paz, recoge ONU Mujeres. “El objetivo es transformar mecanismos oficiales. Ellas no suelen entrar en las mesas de negociación y a su vez son las que más están en el terreno, en contacto con las necesidades de la sociedad, porque están más presente en las comunidades”, señala Alicia Cebada, coordinadora de la iniciativa desde la fundación.

Ellen Johnson-Sirleaf, expresidenta de Liberia; Catherine Samba, expresidenta de República Centroafricana; Hibaak Osman Obiageli Ezekwezili, exministra de Minerales y de Educación de Nigeria y promotora de la campaña #BringBackOurGirls; la tunecina Aya Chebbi, enviada especial de la Unión Africana para la Juventud; y Oumou Sall Seck, embajadora de Malí en Alemania, son algunas de las miembros de este consejo. “Ahora nuestro trabajo consiste en aportar soluciones en un doble sentido. Por un lado implicar a más mujeres de la sociedad civil, con especial dedicación a las del ámbito rural; y por otro, trabajar con el Parlamento y con los Gobiernos para ejecutar los cambios”, apunta Sall Seck.

ONU Mujeres concluye que la participación directa de las mujeres en las negociaciones incide “en el aumento de la sostenibilidad y la calidad de la paz”, y destaca que las delegadas en estas misiones, las locales y las activistas “son fundamentales” para la atención a las desigualdades sociales, en concreto las de género. Jean-Pierre Lacroix, encargado de Operaciones de Paz de la ONU, también considera que las misiones de paz con mujeres son más eficaces. “Si nosotras estamos desplazadas, si no hay cohesión social ni salud, si nuestros hijos dejan de ir a la escuela, si nos impactan las consecuencias de los conflictos, debemos entonces poder formar parte de la solución”, añade Sall Seck.

Malí, su país, atestigua la milenaria lucha entre agricultores y ganaderos que se acentúa por el menguante terreno fértil y el agua que deja el cambio climático, un conflicto interétnico al que se le suma la irrupción del islamismo radical y al abandono de sus Gobiernos. Pero ya sea por esto o por guerras, terrorismo, conflictos territoriales, políticos o por los recursos, en África, la violencia desgarra vidas desde el Sáhara hasta el norte de Mozambique, por la región del Sahel, Somalia, Libia, RDC, Camerún, Nigeria, República Centroafricana, Darfur, Sudán del Sur o Burundi. “No somos heroínas. Somos conscientes del peligro y de la inseguridad de participar en estas iniciativas, lo sé desde hace tiempo, a las mujeres siempre nos dicen que cerremos nuestra boca. Pero debemos compartir nuestra visión”, añade Adzuba.

El consejo llega en plena incidencia de la covid-19, lo que ha suspendido la realización de dos proyectos en terreno previstos en Sudán y República Centroafricana. “Esta crisis produce un gran caos del que algunos actores pueden aprovecharse. Es lo que ha tratado de hacer Boko Haram en Nigeria. Pero también podemos ver que es una oportunidad para reclamar el cese de hostilidades y poner en marcha nuevos procesos de negociación”, ha instado María Teresa Fernández de la Vega, ex vicepresidenta del Gobierno y presidenta de la Fundación Mujeres por África, que ha alentado a celebrar reuniones en línea para compartir conocimiento.

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