China gana en la guerra por el relato en África

Pekín se alza como primer donante en el continente de ayuda para combatir la covid-19 en una ofensiva por varios canales que refuerza la idea de cooperación por encima del origen del virus

Un gendarme fotografía un cargamento de material sanitario enviado por la Fundación Jack Ma, el 28 de marzo en el aeropuerto de Thies, en Senegal.
Un gendarme fotografía un cargamento de material sanitario enviado por la Fundación Jack Ma, el 28 de marzo en el aeropuerto de Thies, en Senegal.ZOHRA BENSEMRA / Reuters

El texto está alojado en la web de la Embajada de China en Sudáfrica, con fecha del 21 de abril. Dice, entre otras cosas, lo siguiente: “Hay que destacar que desde el 3 de enero de este año, China ha compartido, de forma oficial y regular, información relevante con Estados Unidos (…) Desafortunadamente, después de muchos días, EE UU ha fracasado en la contención de la epidemia. La situación allí se ha deteriorado rápidamente, con una cifra de casos confirmados que crece de forma exponencial”. Y prosigue: “Lo más incomprensible y decepcionante es que algunos políticos en EE UU y otros países occidentales no han escatimado esfuerzos en politizar y estigmatizar la pandemia a partir de sus prejuicios ideológicos y su mentalidad de la Guerra Fría”. El escrito continúa y es duro, posiblemente el más duro de los que circulan por los carriles diplomáticos chinos en el continente africano. Pekín se ha lanzado con todo lo que tiene a contar su relato sobre la pandemia en una de las tierras, la africana, donde más ha invertido en la última década. Y lo ha hecho antes y por delante de sus competidores en la zona, con el envío desde Pekín de toneladas de material, de médicos de apoyo; con la formación a distancia de facultativos, con promesas de alivio de la deuda, una losa para el continente, y mensaje, mucho mensaje para contrarrestar el relato de Washington.

“China está sin duda usando su asistencia a África”, dice en un intercambio de mails Cornelia Tremann, representante en Senegal de la consultora China Africa Advisory, “para cambiar la narrativa sobre la pandemia, de una en la que es la causa a otra en la que es la salvadora ayudando a otros países a superarla”. Esa salvación no proviene solo del Gobierno de Xi Jinping o empresas estatales como China Merchants, Hunan Construction o CSEC, sino también de iniciativas privadas como las de Alibaba, Huawei, Tencent y Huajian Group. Pero sobre todo de la fundación creada por Jack Ma, magnate de 55 años y cofundador precisamente del gigante de comercio electrónico Alibaba, hoy retirado y dedicado a la filantropía.

Los millones de unidades de material sanitario (mascarillas, test, trajes, ventiladores…), llegados a prácticamente la totalidad de los 54 países africanos, son incalculables. Los envíos se han hecho en varias fases desde marzo, generalmente con primera escala en Etiopía o Ghana para su distribución al resto del continente. Solo el pasado 6 de abril llegó un cargamento destinado a 18 países africanos, sobre todo de la franja occidental. Y el esfuerzo de Pekín ha sido celebrado por la clase política y por la mayoría de la población -las redes también han contado con muchos detractores entre la población africana-. China, erigido en la última década en principal aliado comercial del continente y primer inversor en capital, se ha situado también en este contexto a la cabeza como donante de ayuda -a través de materiales y no fondos, lo que concede mayor eficiencia- , un campo en el que era superado por otros países como el Reino Unido, Alemania y Francia, envueltos ahora en salir de sus propias epidemias.

“China quiere llevar la narrativa del origen de la pandemia a la cooperación internacional para combatirla”, señala Cobus van Staden, del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales (SAIIA, en sus siglas en inglés), “y su ayuda a África es parte de este trabajo”. Precisamente la nota alojada en la Embajada en Sudáfrica aparecía bajo el título “La comunidad internacional debe luchar a través de la solidaridad y la cooperación”. El mensaje se repite en otra nota, del 23 de abril y alojada en la web de la Embajada china en Ghana. En el comunicado se habla de una videoconferencia de 60 expertos de 27 centros de análisis africanos y chinos. El propósito, decía el texto, era fortalecer los “esfuerzos internacionales". Pero había más: “Rechazamos”, afirma la nota, “el acercamiento negativo que prevalece en algunos países para politizar la lucha (…) lleno de estigmatización y prejuicios contra China, cuya gente ha sufrido mucho durante la crisis del virus”.

Pero no todo es narrativa por pura imagen. A Pekín le interesa que el impacto de la covid-19 sea mínimo en África. La deuda acumulada del continente con China ronda los 145.000 millones de dólares. Un informe de la consultora McKinsey publicado en 2017 cifraba ya entonces en 10.000 las empresas chinas en territorio africano, de las que el 90% eran de capital privado. Pekín compra mucha materia prima, sobre todo combustible, de sus socios africanos, y estos mantienen lógicamente unos fuertes vínculos de exportación. “Cuando hablamos de la dependencia, muchos argumentan que los países africanos son muy dependientes de la ayuda y los donantes chinos”, apunta Hangwei Li, experta en las relaciones China-África de la SOAS University of London. “Pero, por otro lado, muchas empresas chinas son muy dependientes de África, de sus recursos, energía, materiales, tierra y mano de obra relativamente barata”.

Todo este cóctel hace que cualquier movimiento en falso tenga efectos. Los analistas consultados coinciden en que esta ofensiva tiene también mucho que ver con las acusaciones de racismo contra ciudadanos africanos en la ciudad china de Guangzhou, en donde se les estigmatizó -valga también aquí el término- como portadores del virus. No hay embajada china en el continente que no dé explicaciones, a través de las palabras del portavoz de Exteriores Zhao Lijian. “La expulsión de africanos de sus casas y comercios”, continúa Cobus van Staden, “ha causado un daño real a la imagen de China en la sociedad civil africana y sus Gobiernos se vieron obligados a responder”.

Pero si la batalla china en África ha tenido y tiene una bandera, esa es la Fundación Jack Ma. Más de 10 millones de mascarillas, 800 ventiladores, más de dos millones de test de prueba… El magnate Jack Ma, que fue vinculado al Partido Comunista por la información de un diario estatal en 2018, se ha implicado a fondo en esta campaña de ayuda. Hasta el punto de que el pasado martes intervino en una videoconferencia entre médicos chinos y el Centro para la Prevención y Control de las Enfermedades de África, con sede en Adis Abeba. Sacó pecho; habían llegado a medio centenar de países en seis días con sus primeros envíos. Y tenía un mensaje, el mensaje: “Depende de nosotros que usemos nuestras capacidades para crear división y aislamiento o para mejorar nuestra estrategia y cooperación”.

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