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París: 13 días sin metro y ocho horas para llegar al trabajo

La huelga ininterrumpida de los trabajadores de metro y ferrocarril en Francia dificulta la vida de los trabajadores. Aun así, un 62% apoya la huelga contra la reforma de las pensiones

Buena parte del transporte público de París lleva cerrado desde el 5 de diciembre en protesta por la reforma de las pensiones. En vídeo, una nueva jornada de protestas pone a prueba al Gobierno y sindicatos en Francia.

En cuanto ve las puertas cerradas de la estación de metro y cercanías de Denfert-Rochereau, en el sur de París, a Ibrahim se le tuerce el gesto. Otro día más, y ya van 13, que la huelga continuada de los trabajadores del metro y ferrocarril en contra de la reforma de las pensiones del Gobierno de Emmanuel Macron le obliga a ingeniárselas para llegar a casa tras una larga jornada laboral a la que, por cierto, también le costó lo suyo llegar a tiempo. Normalmente, el tren de cercanías lo llevaría en apenas media hora hasta su casa en Le Blanc-Mesnil, en las afueras de la capital francesa. Debido a la huelga, ha llegado a tardar ocho horas en hacer el trayecto. “¡Tardaría menos en llegar a Casablanca que a mi trabajo!”, lamenta este panadero de origen marroquí. Ibrahim, que este martes en que en Francia se celebró la tercera jornada de manifestaciones nacionales por las jubilaciones salió de casa a las tres de la madrugada para llegar puntual al trabajo, está tan cansado que incluso sopesa coger un taxi para hacer parte del camino de regreso. Aunque la broma empieza a salirle cara. “Llevo gastados ya 150 euros en taxis en unos pocos días, y mi salario es de 1.500”, apunta.

Mientras Ibrahim empieza a buscar alternativas de transporte en una aplicación de su teléfono —algunas como Citymapper llevan desde el 5 de diciembre, primer día de huelga y manifestaciones, alertando de la “archi-mega-maxi-huelga” que ha puesto en jaque el transporte público en urbes francesas como París o Burdeos— Aitor y Claudia corren a atrapar el primero de los tres autobuses que esperan poder coger para llegar a tiempo al aeropuerto y no perder su vuelo sin tener que usar un taxi, que ya no les da el presupuesto para tanto. Con el metro capitalino prácticamente paralizado estos días, la escapada romántica prenavideña de esta pareja de veinteañeros asturianos se ha convertido en una pequeña pero cara pesadilla. “Estamos reventados. Ayer [por el lunes] nos recorrimos toda la ciudad a pie”, cuenta Aitor. Aunque París es “muy guapo y hay mucho que ver”, Claudia reconoce que si hubiera sabido que iba a ser tan difícil moverse por la ciudad por la huelga, no habría venido. “No lo recomiendo porque es un lío. Además, los hoteles más baratos están lejos”. Y no hay casi manera de llegar, en transporte público, a puntos turísticos como el museo del Louvre o la Torre Eiffel, cerrada de todos modos este martes por la huelga. ¿Y a Eurodisney? “Otra pesadilla”, responden al unísono.

Lo que para los turistas es un inconveniente puntual, para muchos parisinos se ha convertido en un problema continuado y de final incierto, en vista de que ni sindicatos ni Gobierno parecen dispuestos a dar su brazo a torcer. Las conversaciones en los grupos de chat de estos días para quedar a cenar o a tomar una copa antes de las vacaciones no se centran en cuál es el local más de moda sino qué lugar le queda más cerca a todos por si hay que ir o volver —o las dos cosas— andando. Caminar y transportes alternativos como la bicicleta o los patinetes eléctricos se han convertido en la opción para muchos que no pueden optar por el teletrabajo o que necesitan desplazarse a otro punto de la ciudad por cualquier motivo. Y con el uso más intensivo de bicis y patinetes, tantos que desbordan las ciclovías y ocupan las calles normales en tensa competencia con coches y motos, también se ha disparado la tasa de accidentes: hasta un 40% solo en París entre el 5 y el 14 de diciembre, según Le Parisien.

Comercios y hoteles se desesperan ante la perspectiva de un nuevo diciembre negro, tras el que sufrieron el año pasado a causa de las protestas de los chalecos amarillos. Solo la actividad hotelera y de restauración ha sufrido ya una caída de entre un 30% y un 50%.

La mitad de las 16 líneas de metro estuvieron totalmente cerradas este martes, las otras ocho tenían servicios mínimos, y solo un 30% de autobuses circuló con dificultad en medio de interminables atascos. Un 75% de los conductores de trenes se declararon en huelga para esta jornada crucial, por lo que en los pocos que circulaban entre París y sus suburbios no cabía ni un alfiler.

Pese a los inconvenientes, Milena, una vendedora que estos días depende del servicio de bicicletas compartidas Vélib para cubrir los ocho kilómetros que separan su casa del trabajo, dice apoyar a los huelguistas. “Es una protesta justa”, dice. No es la única. El 62% de los franceses aprueba el movimiento social, según el barómetro de Harris Interactive publicado este martes por la emisora RTL. Claro que eso fue antes de que se conociera que solo entre el 50% y el 60% de los trenes estarán garantizados este primer fin de semana de vacaciones navideñas. Si el respaldo a la huelga es alto, los que apoyan una “tregua por Navidad” en las protestas, como ha pedido el Gobierno, son más aún: el 69% de los franceses quiere que los paros de los transportes se suspendan estos días en que tantos esperan poder pasar las fiestas con los suyos.

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