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El trampolín que impulsa el empleo juvenil en Bélgica

La ciudad de Bruselas ha reducido un 40% el desempleo entre los jóvenes desde 2014 de la mano de un programa de formación y prácticas de la Unión Europea

Las calles de Molenbeek son un laberinto de rectas perpendiculares. Maxime Herbiet, de 22 años, las recorre cada mañana desde hace algunos meses para ir a la plaza de la Minoterie, un camino habitual que recuerda a su trayectoria escolar, con cambios de rumbo después de haber intentado estudiar comunicación y luego grafismo. Consiguió un curso en Molengeek, una asociación sin ánimo de lucro que ofrece formación en programación con una tasa de empleo cercana al 100% al terminarla.

Esta formación centrada en el desarrollo web se la propuso Actiris a Maxime, que es un beneficiario de la Garantía Juvenil. Detrás de este nombre está un programa creado por la Unión Europea (UE). En 2012-2013, al terminar la crisis económica, el mercado laboral del continente tenía dificultades para incorporar a los menores de 25 años. Aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes, un 24%, estaba desempleado por aquel entonces en el Viejo Continente. A petición del Consejo Europeo, cuyos miembros son los jefes de Estado de los socios, la Comisión lanzó este ambicioso programa: ayudar a los operadores públicos de empleo de los países miembros para que pudiesen ofrecer a cada nueva persona que entrase en el mercado laboral unas prácticas, una formación o un empleo. El presupuesto concedido es importante: 15.100 millones de euros (de los que 6.300 proceden del Fondo Social Europeo). Bélgica ha recibido un presupuesto de 121 millones a lo largo del periodo 2014-2020.

En Bruselas, donde en 2014 una tercera parte de los menores de 25 años estaba desempleado, “nos hemos inspirado en el ejemplo escandinavo”, explica Grégor Chapelle, director general de Actiris. “Es decir, hemos querido ofrecer una solución al 100% de los jóvenes menores de 30 años”. Y es un objetivo que se ha conseguido en parte: en 2015, de los 10.825 nuevos inscritos, el 59,7% consiguió un empleo, el 10,3% realizó unas prácticas y el 13,9%, una formación. El resultado es que el desempleo juvenil ha disminuido un 40% desde entonces en la capital de la UE, que acaba de registrar, a finales de marzo, el 70º mes seguido de bajada en la categoría de demandantes de empleo menores de 25 años. Pero esta política tiene un coste de aproximadamente 30 millones al año, de los que el 66% procede de la Unión Europea, y el resto lo financia la Región de Bruselas-Capital.

Maxime Herbiet, a la izquierda, en el centro de Molengeek, una asociación sin ánimo de lucro que ofrece formación en programación.
Maxime Herbiet, a la izquierda, en el centro de Molengeek, una asociación sin ánimo de lucro que ofrece formación en programación.

“Al terminar la formación, a la persona que la realiza se le entrega un certificado, pero también una cartera”, explica Yassine Kharchaf, el director de la Coding School de Molengeek, que ha trabajado en proyectos concretos con clientes reales, y eso es lo que da un plus a la formación.

Si la Garantía Juvenil tiene tanto éxito es también porque satisface las necesidades específicas de las empresas, como Auto 5, que colabora desde el principio con el programa auspiciado por Actiris. “Lo que le interesa a Auto 5 al contratar a jóvenes becarios es tener a personas con poca experiencia profesional que van a poder asimilar nuestra cultura de empresa, que es fuerte, en la que hay que cumplir unos procedimientos”, indica Joëlle De Grox, la directora de recursos humanos de la compañía en el marco de este reportaje financiado por el Parlamento Europeo. Desde el inicio de esta colaboración, varios becarios han podido conseguir así su primer empleo. Como Mohamed Oufkir, un joven de Etterbeek de 22 años diplomado en mecánica. “Auto 5 me propuso unas prácticas durante las cuales me ayudaron mucho”, señala. “Tanto mis jefes como mis compañeros. Y al terminar estas prácticas, la dirección me ofreció un contrato indefinido”.

Tanto en Bruselas como a escala europea, este trampolín para subirse al tren de la vida activa demuestra su utilidad. El año pasado, la tasa de desempleo de los menores de 25 años disminuyó hasta el 14%. Pero existen grandes diferencias ocultas, como ocurre a menudo en Europa, detrás de esta media. “Hay grandes disparidades entre los diferentes Estados miembros”, afirma Marianne Thyssen, la comisaria europea de Empleo. El país que ha logrado los mejores resultados es la República Checa (5,8% de los jóvenes desempleados), seguida de Alemania y Holanda. En cambio, la tasa de desempleo juvenil en Grecia, en Italia y en España sigue siendo superior al 30%. Eso depende de la situación económica del país, de la manera en que le afectó la crisis y también de su organización administrativa. Así pues, hemos trabajado mucho con Italia en una serie de reformas estructurales de su servicio público de empleo”.

En la próxima programación europea, a partir del año que viene, los países cuya tasa de desempleo juvenil sea superior a la media de la Unión de 27 deberán dedicar al menos el 10% de la dotación recibida del Fondo Social Europeo a políticas de inserción de los jóvenes en el mercado laboral, incluida la Garantía Juvenil. La fórmula de inserción laboral o de formación funciona bien con las personas que se encuentran más cerca de encontrar un empleo, pero todavía tiene dificultades para llegar a los que están más lejos de encontrar uno. Y esa es la razón por la que Marianne Thyssen sugiere a los Estados miembros de la UE que, al igual que ha hecho Finlandia, consigan que los diferentes actores colaboren para ir a buscar a estos jóvenes en el marco de su vida habitual: la calle, el barrio, una cafetería. Una Europa que quiere ser más cercana.

Traducción: News Clips.

Este artículo se publica en el marco de la alianza de medios LENA.

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