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Portugal se prepara para la protesta de los ‘coletes amarelos’

La Policía suspende los permisos navideños y el presidente del país viaja en camión para intentar atenuar la movilización del viernes

El presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa (derecha), junto a un camionero este jueves.
El presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa (derecha), junto a un camionero este jueves.

El viaje en camión del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, no ha parado la convocatoria para este viernes de los coletes amarelos, versión nacional de la protesta de los chalecos amarillos franceses. La convocatoria del Movimiento Coletes Amarelos se ha realizado a través de varias cuentas en Facebook y se extiende a 25 puntos de 17 ciudades del país. El Gobierno ha ordenado la cancelación de todos los permisos navideños de las fuerzas policiales.

El manifiesto de los promotores, Vamos a parar Portugal, es una amalgama de peticiones dispersas, desde la bajada del precio del gasóleo a la reducción del horario escolar. Se autodefine como “movimiento pacífico apartidista, sin fines lucrativos, de unión y apoyo a todos los grupos e individuos que estén insatisfechos con los variados problemas de actualidad en nuestro país”.

Su página en Facebook apenas tiene 6.000 seguidores y su versión de Oporto no llega a 700. Se desconoce el poder real de movilización de los convocantes. Hasta el martes, las autoridades no tenían ninguna solicitud de manifestaciones en el país, lo que no ha impedido que se cancelaran todos los permisos navideños de los miembros de la policía nacional (PSP).

En la víspera de la manifestación, el jueves, la PSP dio a conocer los 25 puntos de concentración en 17 ciudades del país que habían sido autorizados. Los principales puntos de la protesta se centran en los alrededores de Lisboa y Oporto, y persiguen cortar el tráfico vial de los accesos a estas ciudades.

En la capital, el objetivo de los coletes amarelos serán los dos puentes que cruzan el Tajo, el Vasco de Gama y el 25 de Abril, ya que su bloqueo prácticamente detiene el acceso a la ciudad desde el sur. El presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, no ha contestado a la petición de una recepción en el palacio de Belém —donde también hay anunciada una concentración—, pero sí que viajó el martes en un camión para escuchar las reivindicaciones del gremio. “Una cosa es la manifestación pacífica, que es un sello portugués, y otra cosa es la violencia que vimos en otros países”, declaró el presidente al final del encuentro con representantes de Motoristas do Asfalto.

“Constituimos la voz de la insatisfacción que vivimos hace años en este país”, añade el manifiesto de los coletes amarelos. “No nos ceñimos a una doctrina o filosofía, manteniendo así la libertad cívica individual, libertad que termina cuando empieza la del prójimo”.

Nadie se atreve a aventurar la fuerza de la protesta, pero el reciente éxito de huelgas al margen de los sindicatos abona la prevención

Los promotores insisten en su carácter pacifista, pese a lo cual la policía se prepara para impedir cualquier corte de carreteras. La convocatoria al margen de las fuerzas sindicales y sociales convierten en una incógnita la respuesta que tendrá el llamamiento, que también pide reducir el Parlamento a 180 miembros, subir el salario mínimo a 700 euros (en enero subirá a 600) o cortar las pensiones por encima de los 2.000 euros. También se hacen eco de las últimas huelgas en el servicio nacional de salud.

Aunque en Portugal no han calado, de momento, los partidos populistas de un extremo o de otro —como el Partido Nacional Renovador (PNR) o el novísimo Chega—, las autoridades temen el efecto contagio de posiciones como las de Bolsonaro en Brasil o Vox en España, y se inquietan ante el sorprendente éxito de protestas profesionales organizadas al margen de los sindicatos, como las de enfermeros de quirófano o de bomberos que han tenido lugar esta semana. A diferencia de Francia, Portugal asiste desde hace meses a continuas protestas de los más diversos sectores profesionales, desde los jueces a funcionarios de prisiones hasta profesores, médicos o revisores de tranvías.

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