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“Queremos darle racionalidad al fenómeno migratorio”

El embajador de México ante la ONU, facilitador del acuerdo, cree que el pacto marcará el camino para evitar las emigraciones desesperadas

Juan José Gómez-Camacho.
Juan José Gómez-Camacho. GETTY

La presidencia de la Asamblea de Naciones Unidas encomendó en 2017 a los representantes permanentes de la ONU de México y de Suiza liderar un proceso para que los 193 países que integran la organización firmen un pacto sobre emigración. Antes de emprender las negociaciones, Estados Unidos ya se descolgó del acuerdo, a pesar de que no es vinculante. Después de firmado el pacto, más de una decena de países se han retractado; entre ellos Austria, Hungría, Polonia, Estonia, Bulgaria, República Checa, Israel, Australia, y República Dominicana. Finalmente, serán alrededor de 180 países los que firmen.

Sin embargo, el embajador mexicano ante la ONU, Juan José Gómez-Camacho, se muestra convencido que el pacto es un instrumento de “larga vida” que va a modificar las dinámicas migratorias en el futuro. “Va a tomar tiempo, porque es complejo dinámicas humanas, pero lo hará”, vaticina Gómez-Camacho durante una conversación telefónica sostenida antes de su viaje a Marrakech.

¿Para qué sirve un acuerdo no vinculante?

Hay un gran espejismo detrás de la idea de un instrumento vinculante. Se cree que por ser vinculante es más exitoso. El problema es que si es vinculante, la actitud negociadora de los Estados cambia por completo. Una negociación vinculante toma años para concluirse y una vez concluida toma más años para que los países decidan ratificarla. Y la sustancia del acuerdo normalmente es de un umbral mucho más bajo. Aquí, el compromiso político, no jurídico pero sí político, es mucho más robusto.

¿Qué efecto real sobre el terreno tendrá este pacto?

La única forma de poder abordar este fenómeno es la cooperación internacional. Entonces, lo que hace el pacto es generar una serie de compromisos y objetivos y poner sobre la mesa un marco de cooperación para que los países de origen, tránsito y destino dialoguen. Todos queremos que la inmigración sea ordenada, segura y regular.

El acuerdo prohíbe las detenciones arbitrarias, y solo autoriza los arrestos como último recurso. Sin embargo, hasta hace pocos meses ha habido denuncias de detenciones ilegales en países tan diferentes como Australia, México, o incluso el país anfitrión, Marruecos. ¿Cree que la firma del acuerdo impedirá que se sigan produciendo esas detenciones?

El pacto ofrece procedimientos que permite que los Estados gestionen la migración de una manera eficaz y totalmente humanitaria, garantizando los derechos humanos del migrante.

¿Qué frase o apartado recogido en las 25 páginas del acuerdo ha sido más difícil para negociar con ciertos países?

El pacto tiene 23 objetivos, que son 23 grandes compromisos. Muchos temas fueron muy complejos. Uno muy importante fue: cómo reconocer derechos y establecer compromisos en relación con los migrantes indocumentados. Muchos países creían que el pacto era solo para abordar la migración regular.

Otro tema muy complejo tuvo que ver con qué tipo de servicios o beneficios se le reconoce al migrante indocumentado.

Y un tercer tema complejo fue cómo distinguir al refugiado del migrante. Tradicionalmente estaba claro: el refugiado huye de una persecución y el migrante se mueve por razones económicas. Pero hoy no solamente tenemos flujos mixtos donde el migrante y el refugiado utilizan la misma ruta de movimiento, sino que además también tenemos grupos de personas que huyen de algo, pero no alcanzan el umbral que les permitiría ser considerados tradicionalmente como refugiados. Se ven forzadas a emigrar, pero no son refugiados.

¿Por qué se celebra la conferencia en Marrakech?

Inicialmente la idea era hacerla en la Asamblea General, en Nueva York. Pero al mismo tiempo se pensó que era importante celebrarlo en un evento totalmente especial. Y el Gobierno marroquí hizo una oferta generosa. Es importante que sea en África, se manda una señal poderosa.

¿Las bajas de países que no firman suponen un fracaso del acuerdo?

No. Estados Unidos decidió retirarse desde antes de las negociaciones y se mantuvo muy respetuoso a un lado. Nos hubiera gustado mucho que estuviera presente. La ausencia de Estados Unidos siempre es relevante. Pero seguimos trabajando. Una vez terminado el instrumento, ocho o siete países han decidido retirarse. Es una lástima y yo creo que es un error por parte de ellos. Pero no es un fracaso. Primero, porque siguen quedando 185 que forma parte del pacto.

La otra razón es que ha habido siempre la percepción de que la migración es un fenómeno de gente que va desde el sur al norte, de países más pobres a más avanzados. Y la verdad es que eso no es cierto. Todas las estadísticas que se generaron con motivo de la negociación del pacto mostraron que la emigración es de personas saliendo literalmente de todas partes a todas partes. Los migrantes africanos que emigran a Europa representan no más del 15% de la emigración africana. El 80% ocurre entre países africanos. Lo mismo ocurre en América Latina: más del 50% se da entre países de América Latina.

Los 250 millones de migrantes alrededor del mundo que abarca el pacto mundial están en todo el mundo, no solo en esos países que han abandonado el pacto.

¿Por qué resulta tan difícil explicar a los votantes los supuestos beneficios de la emigración?

Porque la emigración es sumamente emocional. Cuando hay ese nivel de intensidad política y de emoción social es muy difícil persuadir a través de datos objetivos.

El contenido del pacto no va en línea con un contexto político global cada vez más reacio a las migraciones. ¿Existe el riesgo de que nazca muerto?

De ninguna manera. El pacto ya existe. Está vivo, coleando y avanzando con mucha fuerza. Le faltan dos estaciones. Una, que es Marrakech, donde será formalmente adoptado. Y la última estación será el apoyo formal de la Asamblea de Naciones Unidas, que seguramente se producirá también en diciembre.

¿El acuerdo servirá para crear vías legales que eviten las migraciones desesperadas?

El pacto no busca ni promover la emigración ni disuadirla. Lo que busca es que sea ordenada, segura y regulada. Dicho de otra manera: con el tiempo, darle racionalidad al fenómeno migratorio.

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