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Anne Hidalgo, una alcaldesa asediada

El 'número dos' de la regidora parisiense dimite con duras críticas a la socialista, amenazada por Macron

La alcaldesa Anne Hidalgo, en un acto en París en agosto.
La alcaldesa Anne Hidalgo, en un acto en París en agosto. AFP

Anne Hidalgo, la gaditana que hace cuatro años llegó a la alcaldía de París y en la que algunos llegaron a ver a una futura presidenta de la República, vive uno de los momentos más difíciles de su carrera. Su número dos, Bruno Julliard, anunció este lunes que dimitía, y lo hizo acusándola de ineficacia y arrogancia. La socialista Hidalgo afronta la amenaza de una candidatura del partido del presidente, Emmanuel Macron, en las municipales de 2020.

La alcaldía de París es una de las plazas centrales de la política francesa moderna. Otorga a quien ocupa el cargo una visibilidad y una influencia de la que pocos políticos disfrutan. También le expone a las críticas más vehementes.

Hidalgo (San Fernando, 1959) llegó en 2014 al despacho del Hôtel de Ville, conocido como el despacho más grande de la República, por sus dimensiones que ningún otro despacho oficial tiene. Una alcaldesa hija de inmigrantes, socialista, ecologista y mujer: su victoria trajo un aire de esperanza para la izquierda.

Cuatro años después, no hay semana que la alcaldesa no se desayune con titulares negativos. Algunos pertenecen al género de la hipérbole malintencionada y el ensañamiento personal. Un libro sobre ella se titulaba Notre Drame de Paris. Eran un juego de palabras con la catedral —y la novela de Victor Hugo— Notre Dame de París (Nuestra Señora de París), en el que en vez de dama se leía drama.

Otras críticas apuntan a fallos en la gestión que, como revela la dimisión de Julliard, el primer adjunto de la alcaldía, son compartidas dentro su mismo círculo. Julliard, un apparatchik socialista formado en el sindicato estudiantil UNEF y después en sucesivos escalones del partido y el Ayuntamiento, expuso en una entrevista en Le Monde todos sus agravios con Hidalgo.

La lista es larga y los argumentos, demoledores, tratándose de quien hasta hace poco era considerado el hombre de confianza, su “primer ministro” como le llamaban algunos.

Julliard considera que el fracaso de la peatonalización del paseo en la ribera derecha del Sena, anulada por los tribunales, es responsabilidad suya al haber demostrado “precipitación” con el calendario. También la señala por los problemas con Velib’ y Autolib’, los servicios de bicicleta y automóvil eléctrico en la ciudad. Si Hidalgo hubiese escuchado a los responsables de la administración local, sostiene su excolaborador, no hubiese encajado otro golpe doloroso, la anulación del contrato de paneles publicitarios, que supuso una pérdida de 40 millones de euros para París.

“Aunque la orientación sea correcta, la ejecución falla. Los parisinos deploran un déficit de eficacia”, dice Julliard. La alcaldesa no escucha, polariza y tiende a replegarse en el Hôtel de Ville, según el ya exprimer adjunto. “Ante el descontento, he tenido la ocasión de lamentar un déficit de humildad y de comprensión”.

Campo de batalla

Es lícito preguntarse qué parte de responsabilidad tiene Julliard en esta gestión tan cuestionable, en su opinión. Tampoco hay que obviar, a la hora de calibrar los ataques a Hidalgo, que la política municipal es a veces el campo de batalla político más despiadado, por el impacto inmediato de las decisiones en los ciudadanos, y su cercanía. Hidalgo también estuvo al frente de la ciudad que se recuperó con vigor tras los atentados de 2015. Con ella París ha obtenido los Juegos Olímpicos de 2024. E impulsa —con otros alcaldes progresistas en Londres, Los Ángeles, Nueva York, Barcelona o Madrid—una revolución verde en las metrópolis para combatir el cambio climático. Al tratar de reducir la circulación de automóviles, se ha topado con las presiones de los grupos de presión del sector y la hostilidad de residentes en las afueras que se desplazan a París para trabajar.

El malestar va más allá de estos grupos y de decisiones en apariencia técnicas y menores como son las bicicletas o las vías peatonales. Una cuestión que Julliard no menciona en la entrevista con Le Monde es la impresión de suciedad. La proliferación de ratas en algunas zonas ha sido uno de los argumentos predilectos de la oposición. Son asuntos que incomodan a Hidalgo. Cuando en febrero, este diario le preguntó en una entrevista por la suciedad y las ratas, respondió cuestionando la pertinencia de la pregunta. “Bueno", dijo, "EL PAÍS es un diario muy importante, y también puede subir a un nivel más importante”.

Aunque quedan casi dos años para las elecciones municipales, París vive en un estado permanente de precampaña. La victoria de Macron en las presidenciales y las legislativas de 2017 dejó a Hidalgo como la socialista con más poder, uno de los últimos muros de contención ante la ola macronista. Y el presidente no renuncia a tomar la capital, donde logró un 89,7% de votos en la segunda vuelta de las últimas presidenciales.

Un sondeo publicado el domingo por Le Journal du dimanche situaba a Hidalgo empatada con un 23% de votos con Benjamin Griveaux, actual portavoz del Gobierno y posible candidato de Macron. El resultado es, para la alcaldesa, menos negativo de lo que puede parecer. Demuestra que quizá no sea tan fuerte como en 2014, pero mantiene una base sólida. Su batalla no está perdida.

Cuando la política francesa fue ‘española’

Hubo un momento, a mediados de esta década, en el que parecía que los políticos españoles acabarían gobernando Francia. En marzo de 2014, Anne Hidalgo llegaba a la alcaldía de París. Unas semanas después, Manuel Valls era nombrado primer ministro. Ambos eran socialistas. Y ambos eran ejemplos vivos de que, cuando funciona, la meritocracia francesa permite al hijo del recién llegado alcanzar la cúspide. Aquel tiempo pasó. Hidalgo resiste entre críticas a su gestión y a su estilo, algunas procedentes de sus colaboradores, con un partido debilitado y los partidarios del presidente Emmanuel Macron moviéndole la silla. Valls intentó sin éxito ser presidente, abandonó el PS y ahora se prepara para ser candidato a la alcaldía de su ciudad natal, Barcelona.

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