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Jacob Rees-Mogg: “Europa es el pasado”

El excéntrico diputado conservador, favorito en las encuestas para suceder a Theresa May, influye decisivamente en el devenir del Brexit

El diputado conservador Jacob Rees-Mogg, en su oficina del distrito electoral de Keynsham, en mayo de este año
El diputado conservador Jacob Rees-Mogg, en su oficina del distrito electoral de Keynsham, en mayo de este año GETTU

Sus posturas extremas y sus maneras relamidas, que encarnan la caricatura del privilegio inglés, podrían hacer pensar que Jacob Rees-Mogg (Londres, 1969) es solo un excéntrico diputado conservador. Pero el caótico momento que atraviesa la política británica le ha convertido no solo en el favorito en las encuestas para suceder a Theresa May, sino en una de las personas que más influye en el devenir del Brexit. Presidente del European Research Group, opaco órgano de diputados ultra-eurófobos, ejerce una presión constante para que el Gobierno no se aleje del camino de un ruptura limpia con la UE. Ayudada por la endeble mayoría de la primera ministra, la fuerza de este guardián de las esencias del Brexit es muy real, como se ha demostrado en diversos puntos del proceso. El miércoles, en plena tramitación de la gran ley de salida de la UE, concedió una entrevista a un grupo de corresponsales extranjeros. 

Pregunta. ¿Por qué es tan apasionadamente antieuropeo?

Respuesta. Se trata de la democracia. De que la gente pueda votar para cambiar su Gobierno. Mientras seamos miembros de la UE, no podremos cambiar cualquier área que sea competencia europea. Todo se reduce a la democracia.

P. ¿Y el Parlamento Europeo?

R. No, no. El Parlamento Europeo no es un Parlamento serio. No es un foro democrático porque no representa al pueblo. 

P. Lo elige el pueblo.

R. Pero no representa al pueblo británico.

P. ¿Por qué?

R. El pueblo británico tiene una representación desproporcionadamente baja. En cualquier caso, carece de la legitimidad de representar a un solo pueblo. Hay muchos pueblos en Europa, no hay un pueblo europeo. Si lo hubiera, a los alemanes no les importaría subsidiar a los griegos. Pero lo odian. 

P. ¿Y hay un único pueblo británico?

R. Sí. Por una historia largamente establecida.

P. ¿E Irlanda del Norte, por ejemplo?

R. Es parte de Reino Unido. Algunos quieren irse y tienen, en virtud del Acuerdo de Belfast, el derecho a un referéndum bajo determinadas circunstancias.

P. El mismo acuerdo les da derecho a identificarse como británicos o irlandeses o las dos cosas. Lo que sugiere que tienen derecho a no ser parte del pueblo británico.

R. Bueno, tienen derecho a voto en las elecciones británicas, pero no tienen que ejercitarlo. No tenemos un voto obligatorio.

P. Cuando habla de pueblo, ¿habla de un concepto etno-nacionalista?

R. No. Me refiero a los votantes en las elecciones británicas. Creo en el concepto de Estado-nación. La gente que pertenece a un Estado-nación tiene derechos y deberes dentro de este. Pero no creo que haya un pueblo europeo dispuesto a aceptar esas cargas.

P. ¿Acepta que su anhelo de recuperar el control, como advierten los análisis realizados por el Gobierno, afectará negativamente a la economía británica? 

R. ¡Oh, no! Eso es un disparate. La UE es extremadamente dañina para la economía británica. Mi área de especialización es en la City de Londres, donde tengo mi negocio de servicios financieros del que ahora soy presidente no ejecutivo, y puedo decir que la regulación europea hace a la City menos competitiva. La oportunidad económica fuera del mundo proteccionista de la UE es muy grande y emocionante para el Reino Unido.

P. La principal patronal, CBI, no está de acuerdo.

R. Porque la CBI representa la situación actual, no los desafíos. Yo estoy del lado de mis votantes, que son los consumidores, y quieren precios más bajos y menos obstáculos al comercio.

P. Sin embargo, su propia empresa financiera acaba de abrir una sucursal en Irlanda.

R. Sí, claro, tenemos sucursales por todos lados, en las islas Caimán, por ejemplo…

P. ¿No la han abierto por el riesgo del Brexit?

R. No. Se ha planeado desde antes. Es una manera conveniente para que inviertan algunos de nuestros inversores.

P. ¿Cómo de preocupante es que, dos años después del referéndum, el Gobierno británico no parece capaz de definir la relación que quiere con la UE?

R. Yo tengo una idea muy clara de la relación que quiero: maximizar el libre comercio. Y es crucial que el dinero que paguemos a la UE sea condicional al acuerdo futuro. El Parlamento [británico] no aprobará pagar 39.000 millones de libras a la UE si no está claro lo que vamos a obtener a cambio. 

P. ¿Qué hará a su país grande de nuevo, como reza uno de los eslóganes del Brexit?

R. No me interesa el pasado, me interesa el futuro. Y el futuro no es Europa. Europa es el pasado. Europa es un modelo proteccionista retrógrado, basado en ideas económicas de finales del siglo XX. Es un modelo que funcionó razonablemente en el pasado, en un mundo muy diferente. Pero tenemos que estar pensando en competir globalmente.

P. Hablando de futuro, ¿qué pasará si en octubre no hay acuerdo o hay uno tan pobre que su Parlamento lo rechaza?

R. No me asusta irnos sin acuerdo.

P. ¿Qué pasaría entonces en Irlanda?

R. ¿Los irlandeses levantarán una frontera?

P. ¿Sugiere que Irlanda juega de farol?

R. Sí.

P. Pero Irlanda defiende los intereses de sus ciudadanos, y entre ellos está evitar cualquier amenaza a la seguridad, como levantar una frontera física.

R. Por eso no levantaremos una frontera. Así que depende del señor Varadkar [primer ministro irlandés].

P. Pero usted comprenderá que, sin alineamiento regulatorio entre las dos partes, no es posible que no haya un control fronterizo.

R. No era posible que Italia y Grecia se unieran al euro, pero sorpresa, se unieron. Las cuatro libertades eran indivisibles, excepto cuando se trata de acuerdo de asociación con Ucrania. Las leyes europeas son las Sagradas Escrituras hasta que conviene que no lo sean.

P. ¿Ha sido la construcción europea un agente para la paz?

R. La UE no ha sido un agente para la paz en Europa. La paz en Europa la proporciona la OTAN. Y la trajeron fundamentalmente tres personas: Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

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