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Israel sopesa apoyar un plan de la ONU para paliar la penuria económica de Gaza

El coordinador de la ONU en Oriente Próximo propone una fundación para canalizar la ayuda

Un manifestante palestino camina junto a la valla de separación con Israel en Gaza.
Un manifestante palestino camina junto a la valla de separación con Israel en Gaza. AFP

Después de diez semanas de protestas palestinas ante las tropas israelíes en la frontera de Gaza, que se han saldado con el balance más mortífero desde la devastadora guerra de 2014, Israel sopesa dar su apoyo a un plan impulsado por la ONU para paliar la penuria económica del enclave y contribuir a reducir la tensión. El Gabinete de Seguridad —el sanedrín de ministros que está al timón de la seguridad del Estado judío— se reunió este lunes convocado por el jefe del Gobierno, Benjamín Netanyahu, con un orden del día marcado por la escalada de marchas contra la valla de la Franja de jóvenes desesperados por una tasa de paro del 70%.

Netanyahu ha reconocido ante la prensa hebrea en su reciente gira por Europa que la ola de manifestaciones que golpea la línea divisoria gazatí se debe “pura y simplemente” a la bancarrota de un territorio de apenas 360 kilómetros cuadrados donde se hacinan dos millones de habitantes.

Uno de los primeros en revelar un eventual giro de la política israelí hacia Gaza fue el ministro de Vivienda, Yoav Galant, antiguo general jefe del Comando Sur durante la Operación Plomo Fundido (diciembre de 2008-enero de 2009), la primera guerra que libró el Ejercitó contra la milicia de Hamás, el movimiento islamista que gobierna de facto en Gaza desde hace 11 años.

En un reciente encuentro con la prensa internacional, Galant anticipó la construcción de una zona industrial para empresas internacionales e israelíes en la frontera común. El Gobierno de Netanyahu ha mantenido hasta ahora la estrategia de estrangular la actividad económica en la Franja, sometida a bloqueo naval y terrestre, para forzar el desmoronamiento político de Hamás, que ganó con claridad las legislativas palestinas de 2006.

La prensa israelí ha desvelado que en el orden del día del Gabinete de Seguridad figuran, además, la construcción de una planta desalinizadora, una depuradora de aguas residuales y un vertedero controlado. Son obras destinadas a acabar con la contaminación de los acuíferos del enclave, donde más del 90% de agua no es apta para el consumo humano. Otros de los proyectos previstos por Naciones Unidas, hasta alcanzar un monto de 1.000 millones de dólares (850 millones de euros), es la instalación de una planta eléctrica en la frontera egipcia del Sinaí. La población de Gaza solo recibe una media diaria de cuatro horas de suministro.

El coordinador general de Naciones Unidas para Oriente Próximo, Nicolay Maldenov, parece haber ideado una fórmula para que los donantes internacionales contribuyan a la financiación del plan —Israel ha advertido que solo está dispuesto a aportar tecnología y a facilitar la entrada de los materiales necesarios— sin necesidad de entablar contactos con Hamás, considerado como organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea. La ayuda exterior se canalizaría a través de una fundación de la ONU encargada de supervisar que no se desvíen los fondos hacia los gobernantes locales de facto.

En el seno del Gobierno israelí persiste la división entre los detractores del plan, como el titular de Defensa, Avigdor Lieberman, que encabeza la línea de mano dura a ultranza contra Hamás, y los partidarios de las inversiones plan, en el caso del ministro de Inteligencia, Israel Katz, impulsor de la creación de una isla artificial que sirva como puerto, aeropuerto y entrada de mercancías conectada a tierra por un puente que quedaría bajo control del Ejército.