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ANÁLISIS

La lucha por la supervivencia del orden liberal

Italia, Trump, Brexit: europeístas y liberales se sienten asediados ante el avance nacional-populista

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la primera ministra británica, Theresa May, en Reino Unido el pasado enero.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la primera ministra británica, Theresa May, en Reino Unido el pasado enero. EFE

Las reuniones entre europeístas y liberales tienen estos días algo de la atmósfera de la aldea gala de Astérix, un grupo de irreductibles asediados por los romanos. O de una sesión de psicoanálisis en la que el paciente se pregunta qué hizo mal, cómo se metió en este laberinto y cómo salir de él.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirma día a día los peores pronósticos sobre su presidencia. En Europa, Italia se asoma a la trinchera de los que cuestionan el viejo orden liberal, entendido como las instituciones y valores que, promovidas por EE UU y la Unión Europea, han ordenado las relaciones internacionales en las últimas décadas. Y el presidente francés, Emmanuel Macron, cuya victoria hace un año creó la ilusión de que la ola nacionalpopulista de Trump y el Brexit se diluía, descubre ahora su creciente soledad en una Europa que no le escucha.

“Me apetecía salir de la América de Trump y respirar un poco de aire liberal. Pero me encuentro con que vosotros también estáis tosiendo”, bromeaba esta semana el estadounidense John Ikenberry, profesor de política internacional en la Universidad de Princeton, en una sesión de las jornadas del consejo anual del laboratorio de ideas europeo European Council on Foreign Relations (ECFR), en París.

El lugar del encuentro era rico en simbolismo. París se ha convertido, desde la llegada de Macron al poder, en un bastión. Es un giro irónico de la historia que Francia —un país donde para muchos la palabra liberal es un insulto; donde millones de ciudadanos votan opciones proteccionistas y euroescépticas; donde el capitalismo “anglosajón” siempre se ha visto con suspicacia— y no Estados Unidos, ni Reino Unido, sea hoy el reducto del orden liberal.

Durante dos días, expertos, altos funcionarios y políticos convocados por el ECFR dibujaron un diagnóstico sombrío y melancólico de la Europa y el mundo actual. De la crisis financiera de 2008 a la crisis de los inmigrantes en 2015, el aire que se respira en Europa no ha dejado de enrarecerse. Nadie resumió mejor esta atmósfera —atmósfera apocalíptica en algunos momentos— que el financiero, filántropo y ensayista George Soros: “La Unión Europea está atrapada en una crisis existencial. Todo lo que podía salir mal en los últimos diez años ha salido mal”.

El orden liberal no sólo está bajo asedio por parte de potencias autoritarias, países que en algunos aspectos se benefician de este orden y quieren preservarlo. No sólo está bajo el asedio de los Estados Unidos de Trump, que ha roto los acuerdos del clima, el pacto nuclear con Irán y que amenaza con una guerra comercial. El drama de los europeístas es que la propia UE difícilmente podrá ser la garante del orden liberal si quienes lo cuestionan no dejan de ganar posiciones en su interior: es fútil que los europeos quieran arreglar el mundo cuando la casa europea está patas arriba.

Un riesgo hoy es la insularidad, hablar sólo a los convencidos, se trate de los foros de think-tanks o de las consultas ciudadanas sobre la UE que promueve Macron. Desde lejos, estos debates se ven con una media sonrisa, casi como un psicodrama euro-europeo. “Occidente nunca fue serio a la hora de defender el orden liberal fuera de sus fronteras”, comentaba en los pasillos uno de los asistentes al foro, Seyed Hossein Mousavian, exnegociador nuclear y exdiplomático iraní. Se refería al apoyo occidental a dictadores en Próximo Oriente. “Trump”, añadió, “está acelerando la desparición del orden liberal, pero, en la práctica, la estrategia de Occidente en los últimos 30 o 40 años más allá de sus fronteras siempre consistió en mentir y mentir, en un doble rasero”.

Los obituarios sobre el orden liberal, parafraseando a Mark Twain, posiblemente sean exagerados, y los acentos apocalípticos soslayan que la historia no es un relato lineal, sino que avanza con meandros: ni hace un año, al ganar Macron, el orden liberal había triunfado, ni ahora se encuentra al borde de la extinción.

Europa no puede erigirse en defensora del orden liberal sin contar los propios europeos, lo que ahora no ocurre, y tampoco sin sus aliados, según el historiador británico Timothy Garton Ash. "No podemos defender el orden liberal contra Estados Unidos, y tampoco sin Estados Unidos", dijo en una de las sesiones. La otra escuela aboga por prescindir de Estados Unidos, dar por finiquitada la era transatlántica y asumir que Europa deberá valerse por sí sola.

La incógnita es si EE UU regresará o no; si Trump marca un paréntesis o una tendencia irreversible. La clave, según varios participantes, será si Trump gana o pierde la reelección de 2020. En el primer caso puede haber todavía una oportunidad de reconducir la situación. En el segundo, el nuevo mapa se consolidará. Carl Bildt, exprimer ministro sueco y codirector del Consejo del ECFR, sugería en un intermedio de las sesiones que el cambio de la primera potencia mundial va más allá del actual presidente: “Hay cuestiones estructurales, un cambio de actitud, un interés declinante en Europa”.

El peligro es precisamente ignorar que la historia no avanza en línea recta, que los momentos de euforia contienen las crisis futuras, y viceversa. Timothy Garton Ash citó un artículo de 1991 en la revista Esprit del politólogo francés Pierre Hassner, que murió el sábado a los 85 años. Era el momento del “fin de la historia”, del supuesto triunfo de las democracias liberales al final de la Guerra Fría.

Hassner avisó: “Sabemos que la humanidad no vive sólo de libertad y de universalidad, que las aspiraciones que han conducido al nacionalismo y al socialismo, la búsqueda de la comunidad y de la identidad, y la búsqueda de la igualdad y de la solidaridad, acabarán reapareciendo, como ya lo hacen”: Y añadió: “En la medida en que el liberalismo pueda incorporarlas y conciliarlas a la vez con la libertad del individuo y con la interdependencia del planeta, tendrá una oportunidad, después de ganar la guerra fría, de no perder la paz”. Un cuarto de siglo después, la lección —una pista para el futuro— sigue vigente.

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