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Carlos Alvarado, el presidente atrevido de Costa Rica

El nuevo mandatario tiene solo 38 años, prefiere el rock a las baladas y este 8 de mayo se convertirá en el gobernante de menor edad en el continente

El presidente electo de Costa Rica, Carlos Alvarado.
El presidente electo de Costa Rica, Carlos Alvarado. REUTERS

Sus detractores le llaman "Carlitos", como reduciéndolo. La mayoría le dice "Carlos", sin el apellido que compartía con su rival de la campaña electoral, aquel predicador llamado Fabricio Alvarado. Ante los micrófonos, la formalidad obliga a muchos a llamarle "don Carlos", como a un señor, aunque el nuevo presidente de Costa Rica tiene solo 38 años, prefiere el rock progresivo que las baladas o la salsa y este 8 de mayo se convertirá en el gobernante de menor edad en el continente.

Su certificado de nacimiento indica que se llama Carlos Andrés Alvarado Quesada y nació el 14 de enero de 1980, el año en que su banda preferida, la canadiense Rush, daría un giro ecléctico al mezclar su hard rock setentero con reggae, pop, punk y los efectos del sintetizador. Es una coincidencia que tiene sentido en la vida del nuevo presidente.

Alvarado comienza este martes a gobernar una de las democracias más estables de América con un equipo que aúna tendencias divergentes de su Partido Acción Ciudadana (PAC), generaciones diversas, dirigentes de centroderecha, una heredera del comunismo duro y una nieta del caudillo socialdemócrata que fundó al partido más tradicional del país, Liberación Nacional (PLN). Militantes de cinco partidos, figuras ajenas a la política o personas recién conocidas comienzan el cuatrienio en que Costa Rica cumple sus 200 años de independencia. Es casi un atrevimiento motivado por la pequeña fuerza legislativa oficialista con la que cuenta el presidente electo, de solo 10 de 57 escaños.

Al frente del Ejecutivo llega un hombre menor de 42 años, el promedio de edad de los electores en esta campaña que tocó las fibras más profundas de la identidad y los valores costarricenses. Fabricio –que a sus 43 años también personificaba la irrupción de una nueva generación en la política parecía favorito con sus posiciones populistas conservadoras de derecha y sus críticas al Gobierno de Luis Guillermo Solís, pero el 60% de los votantes favoreció de manera sorprendente a Carlos. Fue contundente el respaldo para el periodista y politólogo que se presentó con su cartel de oficialista y su voz del progresismo ante una población mayoritariamente conservadora. Era, de nuevo, algo muy parecido a un atrevimiento.

Alvarado es el presidente más joven en 100 años, solo superado por antecesores de épocas en que la expectativa de vida no llegaba ni a los 40 años. Proveniente de una familia seguidora del PLN y desencantada de este cambio de siglo, como muchas otras, el nuevo mandatario es resultado y a la vez factor del cambio generacional. Enfrente tiene el añejo deterioro fiscal, de seguridad, de equidad social y el rezago en empleo y competitividad, amenazas para la sostenibilidad del sistema de bienestar que caracteriza a este país centroamericano de donde aún casi nadie emigra. También llega con propuestas de nueva generación, como la "descarbonización" de la economía.

Para ello, los costarricenses se han encomendado a este hombre joven que parece mayor. De ceño fruncido, respuestas analíticas y un carácter incombustible, Carlos Alvarado proyecta su parte más madura, mientras el lado juvenil se refleja en varios actos políticos que ahora parecen osadías. La primera de ellas quizá fue haberse postulado como candidato para dar continuidad a un Gobierno que dejó insatisfecha a la mayoría. Después se atrevería a mantener su posición impopular en defensa del matrimonio igualitario y a tres semanas del balotaje (segunda vuelta) firmó una alianza con el líder del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC, centroderecha), Rodolfo Piza, a pesar de gruesas contradicciones ideológicas en asuntos económicos y morales.

Pero las sorpresas no acababan ahí. Su promesa de formar un gobierno multipartidista y con tantas mujeres como hombres fue más allá. Hay mayoría femenina y en cargos sensibles (Hacienda, Exteriores y el poderoso Instituto de Electricidad). Además, nombra al conservador Piza como su ministro de la Presidencia: lo conoció hace solo unos meses, pero ahora le otorga funciones de coordinador y portavoz del Gobierno.

Un kamikaze de la política tradicional

El arrojo político que muchos le atribuían parecía ir demasiado lejos cuando Alvarado anunció a Piza en una rueda de prensa sencilla y sin discurso. "Es casi un acto de kamikaze, una locura ante los ojos tradicionales de nuestra política, una apuesta muy alta", opina Giovanni Bulgarelli, un publicista con experiencia en campañas electorales que vio el proceso electoral de Carlos Alvarado desde la acera contraria. "Se vio que su perfil es, más que el de un político nuevo, el de una concepción nueva de la política. La forma natural como habla, las ataduras ideológicas que no tiene o cómo utiliza la tecnología para interactuar", agrega.

Eso lo vio de cerca Julián Kanarek, director de la estrategia de comunicación electoral del PAC desde su empresa Amén Comunicación Ciudadana. En la campaña, conoció a Alvarado y su propensión a escuchar y unir partes. Lo vio nominar en diputaciones y en su equipo de campaña a distintas corrientes del un PAC fragmentado. Después de la primera vuelta electoral lo acompañó en el proceso de atenuar la bandera rojiamarilla de su partido para aliarse con su exrival Piza y hacerse rodear de figuras del PLN y otros partidos. Era, de alguna manera, lo que pedía el electorado: pasar por encima de las divisas partidarias. Una encuesta de la Universidad de Costa Rica (UCR) mostró que Carlos Alvarado recibió en el balotaje apoyo procedente de la mayoría de agrupaciones adversarias en la primera ronda y que el principal factor de éxito fue su "desempeño en la campaña".

"Y todo lo hizo siendo coherente, que es otra que cosa que la gente exige. La gran habilidad de Carlos es comprender a la ciudadanía en este tiempo y atreverse a dar respuestas que se salen del molde, pero no solo por romper el molde, sino porque antes ha analizado lo que debe hacer para conseguir los objetivos", añade Kanarek desde Montevideo. Todo de manera natural, insiste, sin artificios ni aspavientos del candidato, como las apariciones de su esposa Claudia Dobles, una arquitecta con quien comparte la crianza de su hijo Gabriel en un hogar de tareas compartidas.

La estrategia era entonces ayudarlo a conectarse en plataformas digitales. De la campaña se recuerda un Facebook Live (transmisión en directo a través de la red social) hecho por el candidato en paralelo a un debate televisivo al que no lo invitaron, cuando las encuestas no le daban opciones. También, haber compartido el número de teléfono para que le enviaran consultas por audios o la foto posterior al debate final en que el candidato y su esposa se ven relajados bebiendo una cerveza en el sillón de la pequeña sala de su casa, en una zona exclusiva llamada Lindora al oeste de San José. También la imagen de "Carlitos" haciendo la primera comunión de la tradición católica o casándose ante un sacerdote. Él es católico no practicante; no va a misa, pero tampoco tuvo reparos en visitar la Catedral de Cartago, sitio de peregrinación de devotos a la Virgen de los Ángeles, porque así se lo había prometido a su madre.

Sus inicios con Solís

Hijo de ingeniero y ama de casa, de clase media y egresado de un colegio privado franciscano, Carlos Alvarado carece de linaje político. Por su cuenta comenzó en el PAC desde sus inicios (año 2000), mientras trabajaba como periodista y asesor y disfrutaba de sus pasatiempos como músico roquero y escritor (cuatro libros que entrelazan ficción y realidad). También la vida de militante político y maestrías en Ciencias Políticas en la UCR y Estudios para el Desarrollo en la Universidad de Sussex (Inglaterra), además de una pasantía en Francia y una temporada trabajando en una empresa privada en Panamá. En 2013, asumió la jefatura de comunicación del candidato Luis Guillermo Solís y en 2014, este lo nombró ministro de Desarrollo Social y después, de Trabajo, hasta que renunció a inicios del 2017 para postularse a la presidencia.

Solís lo define como "un líder de talante sereno, dialogante pero firme en sus principios". "Refleja mucho el tiempo en que vivimos y una generación de personas bien preparadas, pragmático y que no se hace castillos en el aire", dijo el mandatario saliente a EL PAÍS.

Pragmático, calibrador, flemático y convencido de que la diversidad da réditos, pero valiente y con un alto sentido de responsabilidad. Así lo caracterizan sus allegados del ámbito familiar y político. Su amiga Michelle Soto, también periodista, ha visto el proceso. "Recuerdo cuando contó que se iba a postular a la presidencia, así sin dramas, muy tranquilo, como cuando en una fiesta contó que se iba a casar, a tener un hijo o que se iba con beca a Inglaterra. En ese momento sorprendió mucho, pero ahora uno piensa que, conociéndolo, era casi algo lógico de su parte".

Solo se puede ver ahora. Ninguna encuesta ofrecía garantías que de pudiera colocarse la banda presidencial este 8 de mayo. Sin mucho qué perder en su primera candidatura, logro triunfar después de superar una a una las etapas desde que era un político desconocido con nombre demasiado común y un discurso más bien apático.

Ahora se alista para trabajar "en función de un programa y objetivos, no en función de ideologías", como contestó a este periódico. Le reconocen su determinación, pero sin mano dura. "No tengo ese liderazgo fuerte de caudillo latinoamericano. Creo mucho en la comunicación y en el trabajo en red; en la fuerza creadora de un equipo", respondió esta semana, como resumiendo los manuales de gerencia moderna, esos que sostienen que la diversidad en los equipos aumenta las ganancias.

Este martes por la mañana Carlos Alvarado arribará, con su cabello negro, tupido y engominado como siempre, en un bus junto con sus ministros para hacer el juramento constitucional frente a otra joven. Será la nueva presidenta del Congreso, una legisladora oficialista de 35 años que él nominó en 2017 en las listas diputadiles del PAC y que fue elegida este 1 de mayo para ese puesto representativo por la mayoría de los 57 diputados de este nuevo cuatrienio (con un promedio de edad de 45 años y con 45% de los escaños en manos femeninas). También quedará juramentada como vicepresidenta Epsy Campbell, la primera mujer negra en tal cargo en América Latina, quien además dirigirá el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde siempre hubo un hombre a cargo. Quizá sea otro atrevimiento más.

"Seremos exitosos si al cabo de estos cuatro años habremos recuperado la confianza en nuestra capacidad colectiva de crear soluciones para tareas que han sido postergadas y para los desafíos más recientes", dice sabiendo que algún sector popular se permite altas expectativas. El nuevo presidente, reacio a las burbujas emocionales, intenta aterrizarlas: "Por eso insisto en que lo importante son los resultados. Nada de esto tendrá sentido si dentro de cuatro años no hay resultados".

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