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Costa Rica profundiza su transformación política

La primera ronda de las elecciones deja para abril la definición del sustituto de Luis Guillermo Solís, entre el predicador evangélico Fabricio Alvarado y el oficialista Carlos Alvarado

El candidato oficialista Carlos Alvarado.
El candidato oficialista Carlos Alvarado. REUTERS

Costa Rica, una de las democracias más estables de América Latina, elegirá a su presidente el 1 de abril tras unos comicios que por primera vez han dejado fuera a los dos partidos más grandes del país. Fabricio Alvarado, de la formación confesional Restauración Nacional, y Carlos Alvarado, del gobernante Partido Acción Ciudadana (PAC), lograron pasar a la segunda vuelta de manera sorprendente en unas elecciones con un abstencionismo del 34% y una fuerte influencia del conservadurismo. El empresario Antonio Álvarez Desanti, del histórico Partido Liberación Nacional (PLN), y el abogado Rodolfo Piza, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), quedaron en el tercer y cuarto lugar, respectivamente, por delante de Juan Diego Castro, el candidato con el discurso más incendiario, que aboga por la "mano dura" y la política sin partidos.

El PLN y el PUSC se alternaron el poder durante décadas hasta 2014, cuando los liberacionistas perdieron en la segunda vuelta contra Luis Guillermo Solís y sufrieron una derrota, la peor hasta las elecciones de este domingo. En esta ocasión, el PLN ni siquiera pudo acceder al balotaje, el tercero en la historia de Costa Rica. Ahora la crisis de los partidos tradicionales se agrava y cede terreno a otros movimientos como las iglesias evangélicas aliadas con un sector de la mayoría católica.

Es lo que ha ocurrido en los últimos comicios: la consolidación del movimiento cristiano, cuyo discurso rechaza los derechos de las minorías sexuales, el aborto en todas sus modalidades y hasta la educación sexual laica en escuelas y colegios. "El caso es de estudio en el contexto de América Latina", según Daniel Zovatto, director del proyecto IDEA, que analiza procesos democráticos. "Ya sabíamos que venía creciendo en muchos países, pero no habíamos tenido una campaña en la que el tema religioso haya jugado un papel tan importante con un predicador evangélico y este grado de intensidad. Costa Rica está abriendo una senda", comentó Zovatto.

El experto vincula esta situación a dos elementos clave de esta elección presidencial y legislativa, en la que también se votaba la renovación de los 57 escaños del Congreso. El primero, el evidente desmoronamiento del sistema de partidos tradicionales. El segundo, la "irresponsabilidad" de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al emitir, el 9 de enero, un pronunciamiento a favor del matrimonio igualitario, en tema sensible en plena campaña electoral. Este pronunciamiento provocó una fuerte reacción de los sectores más conservadores. A pesar de ser hasta ese momento un candidato desconocido y el único diputado de un partido pequeño, Fabricio Alvarado supo representar bien ese malestar.

Su crecimiento abrupto en las encuestas también pudo haber generado un mayor apoyo a Carlos Alvarado, el candidato oficialista que representa al progresismo, aunque arrastre el peso de la pérdida de respaldo popular de Solís.

Los analistas prevén que en los dos meses que quedan hasta el balotaje crecerá la polarización entre los "valores cristianos de familia y vida" y la defensa de los derechos de las minorías sexuales. Los expertos señalan, sin embargo, la urgencia de otros asuntos que han quedado en segundo plano, sobre todo las medidas contra el creciente déficit fiscal que ya supera el 6% del PIB y obliga a dedicar a deudas casi un tercio del Presupuesto del Gobierno.

Sin equipo y propuestas consolidadas

Los diferentes partidos ven las opciones que se abren con el ascenso de un Fabricio Alvarado carente de equipo y propuestas consolidadas. Carlos Alvarado intenta ofrecerse como la opción moderada e inclusiva. Lo dice sabiendo los cuestionamientos a la eficacia y la probidad de su partido, pero insistiendo en la necesidad de políticas inclusivas que permitan mantener la estabilidad social en Costa Rica.

Los resultados preliminares muestran que en la Asamblea Legislativa las mayores bancadas las tendrán el PLN y Restauración Nacional, seguidos del PUSC, el PAC y otras fuerzas con menos de cuatro curules. Está por verse la capacidad de los nuevos diputados de alcanzar acuerdos políticos. Los partidos perdedores analizan la situación y evitan comprometer el apoyo.

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