Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Turquía cree que unos 300 combatientes del ISIS han entrado desde Siria

La caída del califato ha acelerado la huida de los milicianos extranjeros y sus familias, según informaciones de inteligencia

Kilis / Estambul

El reinado de terror del Estado Islámico sobre Siria e Irak toca a su fin, pues las sucesivas derrotas infligidas por sus adversarios lo han arrinconado a una franja de terreno desértico en la frontera entre ambos países. Pero el fin del autoproclamado califato no implica que se termine la amenaza del grupo yihadista: el temor en las capitales europeas se centra ahora en los denominados retornados, aquellos ciudadanos que marcharon hace años a engrosar las filas yihadistas y ahora regresan a sus países. Algunos hastiados y defraudados por el grupo; otros con un cúmulo de experiencia en manejo de armas y explosivos y dispuestos a continuar su macabra lucha.

Un cohete es lanzado desde un vehículo en Albu Kamal, uno de los últimos reductos en Siria donde se lucha contra la presencia del Estado Islámico.
Un cohete es lanzado desde un vehículo en Albu Kamal, uno de los últimos reductos en Siria donde se lucha contra la presencia del Estado Islámico. REUTERS

Hace algo más de un año que los cohetes del ISIS dejaron de caer sobre la localidad turca de Kilis, a escasos kilómetros de Siria: la intervención militar turca ha alejado la línea del frente. Pero la contienda sigue presente entre sus destartaladas calles, no solo por los miles de refugiados del país vecino, sino porque en sus tiendas no faltan los productos del otro lado de la frontera. El muro construido en el límite fronterizo y el incremento de la seguridad dificultan el contacto, pero ninguna barrera es perfecta. “El contrabando continúa”, asegura un periodista local. El de mercancías y también el tráfico humano, de civiles y combatientes que escapan de Siria. Según datos del Estado Mayor turco, en octubre y noviembre los militares han detenido diariamente a entre 1.000 y 2.000 personas que intentaban cruzar ilegalmente la frontera. De quienes logran llegar a Turquía sin ser descubiertos, obviamente no hay registro.

La información de inteligencia que maneja la división antiterrorista de la Policía turca indica que en lo que va de año, hasta 800 miembros del ISIS han logrado entrar en Turquía. Una fuente de seguridad consultada por EL PAÍS eleva esa cifra a las mil personas aunque matiza: “La mayoría son familiares, mujeres y niños” y sólo en torno a un tercio serían combatientes. Entre ellos hay ciudadanos europeos, afirma.

A medida que el califato veía reducirse su territorio y caía Raqa, su capital en Siria, se han intensificado las operaciones policiales dentro de Turquía en previsión de un éxodo de yihadistas. Según el Ministerio del Interior, más de 900 presuntos militantes del ISIS han sido detenidos en los últimos dos meses, aunque no especifica cuántos son retornados y cuántos pertenecen a células locales turcas. Un sirio, M.S., del que se sospecha que participó en varias ejecuciones ordenadas por el ISIS fue arrestado en una redada en Esmirna cuando intentaba contratar el cruce ilegal en patera hacia Grecia.

Este escenario de los combatientes del ISIS retornados disgusta profundamente en Europa ante las dificultades de afrontarlo. Por ejemplo, las autoridades de Francia han hecho saber que prefieren que los militantes del ISIS de nacionalidad francesa capturados en Irak sean juzgados en el país árabe -donde se expondrían incluso a pena de muerte- antes que lidiar con el problema en casa. Y el secretario de Defensa de EEUU, James Mattis, avanzó hace meses que el objetivo de la misión militar en Siria e Irak es que “ningún combatiente extranjero (del ISIS) sobreviva y regrese a su hogar en el norte de África, Europa, América, Asia o África”.

Por eso llama la atención que Estados Unidos aceptase en octubre un pacto las Fuerzas Democráticas Sirias, lideradas por milicias kurdas, y el ISIS para que cientos de yihadistas abandonasen Raqa en plena ofensiva para su liberación. Una investigación de la BBC, posteriormente confirmada por EEUU, descubrió que se permitió la salida de hasta 4.000 individuos ligados al Estado Islámico en un convoy de camiones y autobuses en el que viajaban combatientes, sus familiares y numerosas armas.

Es un acuerdo que, si bien tiene cierta lógica militar –impidió que los yihadistas se enrocasen en una defensa numantina de Raqa, lo que hubiese aumentado las bajas de las milicias kurdo-árabes-, plantea nuevas amenazas: “Dejar en libertad a miembros del ISIS con sus armas podría provocar muertes de gente inocente en Turquía, Europa y EEUU”, criticó el primer ministro turco, Binali Yildirim. Una fuente policial europea involucrada en la lucha contra el yihadismo asegura que “es algo que ni los turcos ni los europeos entendemos muy bien, porque con esta gente (del ISIS) no puedes negociar. Quizás con las familias sí puedes tener alguna concesión, pero ellos (los combatientes) no tienen un horizonte de reciclaje”.

¿Cuál ha sido el destino de estos combatientes de Raqa? Nadie lo sabe a ciencia cierta. La BBC, que cita testimonios de traficantes de personas, sostiene que algunos han llegado a Turquía. Otro experto en seguridad, que trabaja con organizaciones que distribuyen ayuda humanitaria en el norte de Siria, incluidas zonas bajo control del ISIS, afirma que a partir de cierto punto se convirtió en una evacuación “caótica y de sálvese quién pueda” y cree que algunos militantes del ISIS podrían haber pasado a Irak y otros a Turquía a través de la provincia siria de Idlib, donde aún mantienen redes de apoyo. El analista turco Çetin Çetiner, que ya alertó en mayo de contactos entre EEUU, las milicias kurdas y el ISIS, opina que los evacuados de Raqa “se han separado en pequeños grupos” para facilitar su huida y aquellos más combativos se han dirigido hacia el sur con la intención de enrolarse en otros conflictos, como el de Libia.

Unos 42.000 combatientes extranjeros se unieron a las filas del ISIS desde el inicio de la guerra en Siria, 5.000 de ellos procedentes de Europa. La Red de Concienciación sobre la Radicalización (RAN) estima que, de estos yihadistas europeos, el 30 % ha regresado a sus países. “Los retornados difícilmente experimentarán en sus vidas nada que alcance la intensidad de lo que vivieron como miembros del ISIS. Si al regresar a su hogar se sienten igual de desarraigados y faltos de expectativas que antes de partir (…) podrían resultar particularmente vulnerables a las campañas propagandísticas del ISIS y al contacto de las redes que los reclutaron”, advierte un reciente informe de The Soufan Center redactado por antiguos agentes del FBI estadounidense y del MI6 británico.

En el caso de España, de los 222 ciudadanos o extranjeros residentes en España que partieron para unirse a las filas del califato, han retornado 34, de los que 13 se encuentran en prisión y el resto en libertad (en su mayoría mujeres y niños). La reforma del Código Penal de 2015 facilitó encauzar a estos retornados al castigar el desplazamiento a zonas de conflicto controladas por organizaciones terroristas con la intención de unirse a ellas. Además, la liberación de importantes sedes administrativas del ISIS como Mosul, Raqa y Tal Afar ha dado acceso a los servicios de inteligencia a numerosos documentos en los que la organización yihadista detalla el nombre de miles de sus miembros. “Los mecanismos para detectar a los retornados están funcionando relativamente bien y Turquía coopera con nosotros de manera aceptable”, sostiene la fuente policial europea. “El problema es que solo hace falta que se cuele uno para que nos la líe”.