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Las consultas de Italia reabren la herida entre norte y sur

El éxito de los referendos de Lombardía y Véneto encienden el debate federalista mientras más regiones se plantean exigir una mejora de su financiación y mayores competencias

Un poster gigante publicita el referéndum del pasado 20 de octubre en Milán.
Un poster gigante publicita el referéndum del pasado 20 de octubre en Milán. AP

Italia amaneció el lunes pasado con un elefante en el salón. El nítido resultado de los referendos de Lombardía y Véneto a favor de reclamar más autonomía al Gobierno reabrió el debate sobre el modelo de Estado que debe articular un país con una brecha enorme todavía entre norte y sur. Ese mismo lunes, Luca Zaia, presidente de la región véneta, percibió la corriente favorable y exigió un estatuto especial, mucho más de lo que contenía la pregunta de la consulta. Algo se mueve en Italia. Hasta Matteo Renzi, líder del PD en el polo opuesto de esa visión, reconoció la fuerza del nuevo autonomismo. Pero el debate es tan difícil de gestionar a seis meses de las elecciones generales que incluso la Liga Norte, promotora del referéndum, ha borrado el apellido "norte" de su nombre.

El viejo sueño secesionista de la Liga de Umberto Bossi, hoy condenado por robar a su partido, fue enterrado por sus propios votantes. Pero el relato de los agravios económicos entre el norte y el sur de Italia se ha mantenido intacto. Lombardía, la ventana de Italia a Europa, arrastra hoy un déficit fiscal de 54.000 millones de euros anuales. El de Emilia-Romaña, la segunda comunidad más rica, llega a 18.000 millones; el de Véneto son 13.000 y el de Torino 8.000. Ninguna de ellas —suman una población de 25 millones, casi la mitad de la República de Italia— tiene un estatuto especial, como sí poseen otras cinco regiones (Friuli Venecia Julia, Cerdeña, Sicilia, Trentino-Alto Adige y Tirol del Sur y el Valle de Aosta). Pero la corriente se extiende y, de momento, Liguria también quiere su referéndum. Más dinero, más poder.

El nuevo federalismo que emana del norte se observa también con interés desde regiones meridionales como la Apulia, Campania o Sicilia, que celebra elecciones el próximo domingo. Roma, embarrancada en relato de mala gestión, no transmite confianza. Esta vez, los partidos sin respuestas claras y la sombra catalana de fondo, corren el riesgo de ser barridos en primavera.

Lombardía arrastra hoy un déficit fiscal de 54.000 millones de euros anuales, el de Emilia-Romaña llega a 18.000 millone y el de Véneto son 13.000

El elemento Luca Zaia, un verso suelto dentro de la Liga que ya fue ministro de Agricultura con Silvio Berlusconi y hoy representa la única alternativa a Matteo Salvini en el partido, ha cambiado la velocidad de este particular proceso. El presidente de Véneto —que también suena para liderar la coalición de centroderecha— ya había intentado formular la pregunta del referéndum de forma más radical, incluso rozando premisas secesionistas. El Tribunal Constitucional le tumbó en varias ocasiones el planteamiento y aceptó la diluida pregunta final. Se fijó un quórum para la participación del 50% de los votos más uno, y finalmente se llegó al 60% (con un 95% de síes).

Salvini borra la palabra "norte" del nombre del partido

En plena lucha con Silvio Berlusconi (Forza Italia) por decidir quién lidera la coalición de centroderecha que se disponen a formar para las elecciones —en caso de resultar vencedores, quien obtenga más votos elegiría también al primer ministro—, Matteo Salvini es incapaz de disimular la incomodidad que le han provocado los referendos de Lombardía y Véneto.

Las consultas han sido organizadas por dos grandes líderes de su partido (Maroni y Zaia) obviando el discurso de corte nacional que había adoptado la formación xenófoba. Casualidad o no, esta semana Salvini ha anunciado que el partido pasará a llamarse Liga, a secas.

Es decir, la palabra Norte desaparece del mapa y permite una refundación estética de lo que se había producido ya en los últimos tiempos con el cambio de discurso. “Hace tiempo que la Liga compite a nivel nacional para transformar Italia en un país federal”, ha señalado para demostrar la lógica del cambio de nombre.

El fenómeno autonomista cambia el paso también de la propia Liga Norte, convertida por Salvini en un partido lepenista de corte nacional centrado en el discurso antinmigración. Un artefacto político digerible en un sur castigado en los últimos años por la falta de recursos para acoger una oleada de 250.000 migrantes anuales, pero desconcertada ahora con los referendos.

El próximo domingo, de hecho, se celebran unas elecciones cruciales en Sicilia. El M5S y el centroderecha se disputarán la presidencia de una región que ya tiene un estatuto especial, pero que podría ver con recelos la defensa de un nuevo régimen que traspase recursos al norte de Italia.

El lunes, con los resultados sobre la mesa, Zaia reflexionó, se vio con mayor peso político y desempolvó su vertiente radical pidiendo el estatuto especial. Una exigencia inasumible —descolocó incluso al líder de su partido, Salvini, incómodo con el referéndum— que requeriría una reforma de la Constitución promulgada el 1 de enero de 1948. La caja de los truenos.

Stefano Ceccanti, exsenador del Partido Democrático (PD) y Constitucionalista en la Universidad de la Sapienza, cree que esa era la intención original de Zaia. “Hizo el único referéndum que el Constitucional le permitió. Pero al segundo después de haber votado, intentó asimilar el resultado al contenido de las otras consultas rechazadas. En Véneto la demanda es más fuerte que en Lombardía porque está rodeado de comunidades con estatuto especial. Pero la nueva Liga ya no está interesada en este asunto como partido nacional. Ahora, sin embargo, tendrá que dar una respuesta”, advierte. Para Ceccanti, en cualquier caso, el Gobierno central es hoy demasiado débil para afrontar una demanda de este tipo. “Primero tendría que haber una reforma nacional para fortalecer el Ejecutivo de turno. El riesgo, de lo contrario, es el desastre”.

Riesgo de incendio

La sacudida ha dejado grogui a un PD con graves problemas de unidad, desubicado también en un debate sobre el que Renzi ya dio muestras de desconexión en el referéndum recentralizador del pasado de diciembre. Algunos de sus exponentes, como Enrico Rossi, presidente de Toscana, creen que la cuestión “solo alimenta divisiones entre italianos en una ya de por si frágil arquitectura de país”. Pero la reflexión, en una sociedad en busca de grandes cambios —el partido antiestablishment Movimiento 5 Estrellas lidera las encuestas— amenaza con llevarse por delante a quien no le preste atención.

En el contexto europeo de emergencia de los nacionalismos y en plena crisis catalana, el asunto no es menor. El politólogo Giovanni Orsina lo ve como una caja de Pandora difícil de controlar una vez se abra. Un cambio de modelo arriesgado sin un Parlamento fuerte. “Las opiniones públicas son hoy muy inestables y hace falta muy poco para encender el fuego. En una situación de estabilidad el resultado del referéndum podría quedar ahí, pero con tanta insatisfacción, rabia y deseo de cambiar, una iniciativa como esta puede despertar una cuestión hasta ahora adormecida. No hay duda de que Italia es un país dividido. El norte es un pedazo de Europa a pleno título, y el sur tiene todavía unos perfiles mediterráneos más fuertes. Abrir este melón ahora es peligroso”.

Forza Italia, quizá la mejor sitauda en esta partida, apoyó el referéndum —Berlusconi se decidió a última hora a hacerlo públicamente— y articula un discurso que ya mantuvo en el pasado para encajar un federalismo de “geometría variable” en su programa.

El diputado Renato Brunetta líder de la formación en el Parlamento, se desmarca del “exceso de entusiasmo de Zaia”. La fórmula, dice, es convocar referendos en toda Italia. “Las regiones son más eficientes en el gasto según el principio de subsidiariedad. Tener más competencias, pero con mejor capacidad de gasto. A nivel del Estado no cambia nada, porque deja de gestionar con el mismo dinero una competencia determinada. La cuenta total no varía”, señala Brunetta.

La síntesis de este federalismo berlusconiano es el siguiente: menos Estado invasivo en el norte y más Estado eficiente en el sur. “Muchas competencias del sur se gestionan mal. Algunos ciudadanos querrían que la sanidad, por ejemplo, volviese al Estado porque se fían más que de sus regiones. Sería un mecanismo de subsidiariedad absolutamente virtuoso”, insiste Brunetta. Las elecciones del próximo domingo en Sicilia aportarán alguna pista al respecto.