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Macron, copríncipe de Andorra

El presidente francés recibe en el Elíseo a los jefes del ejecutivo y el legislativo andorrano y escenifica su otra jefatura de Estado

Emmanuel Macron, co-príncipe de Andorra, muestra su retrato oficial con la bandera andorrana junto a los jefes del ejecutivo y el legislativo, Antoni Martí y Vicenç Mateu
Emmanuel Macron, co-príncipe de Andorra, muestra su retrato oficial con la bandera andorrana junto a los jefes del ejecutivo y el legislativo, Antoni Martí y Vicenç Mateu REUTERS

Emmanuel Macron es un monarca, y no sólo metafóricamente. Al presidente de la República Francesa le llaman el rey Macron, por su voluntad de revestir la institución de ropajes monárquicos, incluso imperiales. Pero este martes, durante unas horas, ejerció de monarca de verdad. Porque fue en calidad de copríncipe de Andorra —cargo que el jefe de Estado francés ostenta desde finales del siglo XVI junto al obispo de La Seu d'Urgell— que Macron recibió en el Elíseo al jefe de Gobierno y al presidente del parlamento andorrano.

Macron, que cuida los detalles y mide cada uno de sus gestos institucionales, ofreció dos regalos a sus visitantes, el jefe de Gobierno Antoni Martí y el síndico general (jefe del parlamento) Vicenç Mateu. El primero, la promesa de una visita a Andorra en los primeros meses de 2018. El segundo, una nueva versión, con la bandera andorrana en el fondo, de la fotografía oficial. La original, difundida en junio, se ha escrutado del derecho y del revés. La nueva colgará de los edificios públicos andorranos. El simbolismo —la voluntad de conectar con sus ciudadanos en el valle pirenaico— es fuerte, y los andorranos lo aprecian.

“Andorra no viene de anteayer, tiene más de siete siglos, han pasado más de 47 copríncipes franceses, y es la primera vez que hay la bandera andorrana y francesa”, dijo Antoni Martí, jefe del Gobierno andorrano, que representó al Principado junto al síndico Mateu. “No había pasado nunca”. Macron es un presidente con raíces pirenaicas, que vivió los momentos más intensos de su infancia junto a su abuela, Manette, en Bagnères-de-Bigorre, en la vertiente francesa de los Pirineos.

La relación entre Francia y Andorra ha entrado en un periodo de placidez tras las tensiones que coincidieron con la crisis económica. En 2009, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, llegó a amenazar con abdicar de sus funciones coprincipescas si Andorra no dejaba de ser un paraíso fiscal. El aviso del explosivo Sarkozy fue una sacudida que seguramente contribuyó a los cambios. La OCDE (Organización para la cooperación y del desarrollo económicos), que durante años describió al principado como un paraíso fiscal no cooperativo, lo sacó de la lista negra —junto a Liechtenstein y Mónaco— en 2009.

Desde entonces, Andorra debe compartir información a petición de un país; desde 2017 los bancos andorranos transmiten automáticamente los datos de los titulares de sus cuentas con los países de la Unión Europea. El vocabulario ha cambiado: de palabras como paraíso fiscal o secreto bancario se ha pasado a hablar de acuerdo con la UE y negociaciones sobre la libre circulación de mercancías o servicios. Para Andorra, Francia y España son los dos aliados en las negociaciones con Bruselas, y Martí se declaró convencido de que el copríncipe le apoya “de forma clara”. “Nos ayuda de forma indiscutible”, dijo.

Hay algo arcaico en la relación franco-andorrana, y barroco. La visita el Martí y Mateu al Elíseo no era estrictamente bilateral, sino intra-andorrana: una reunión entre el jefe de Estado y sus jefes del Ejecutivo y el Legislativo de un micropaís de 73.000 habitantes.

Otra paradoja: Macron es presidente de una República que cortó la cabeza al rey pero es copríncipe de un país de origen medieval, presidente de la laica Francia mano a mano con un obispo. Y no sólo eso. Como recordaba hace unos días el diario católico La Croix, el presidente Macron ostenta una serie de títulos que incluyen el de “primer y único canónigo honorario de la basílica mayor de San Juan de Latrán”, cargo del que tres presidentes de la V República —Pompidou, Mitterrand y Hollande— no tomaron posesión.

Macron sí se adhirió a la Constitución andorrana —que define a los copríncipes como “el símbolo y los garantes de la permanencia y la continuidad de Andorra así como de su independencia— por medio de su jefe de gabinete, Patrice Strzoda, que visitó hace unas semanas el principado. Y fue Strzoda, representante persona del copríncipe, quien a las 15.58 salió al patio del Elíseo a recibir a Martí y Mateu y les invitó a entrar en las estancias de Júpiter, otro sobrenombre que recibe Macron debido a su ambición de un poder celestial —jupiterino— por encima de las contingencias de la minúscula política diaria. A las 16.13 salieron y, ante las escalinatas del Elíseo, bajo la canícula del París estival, respondieron en catalán y en castellano, a las preguntas de la prensa.

Satisfechos de haber recibido el retrato de Macron con la bandera azul, roja y amarilla, ellos le entregaron un pasaporte de este país. Porque el copríncipe también es ciudadano. Francés y andorrano.

La investigación por los empleos ficticios de la Eurocámara se amplía a Mélenchon

La fiscalía de París ha ampliado la investigación por supuestos empleos ficticios en la Eurocámara a Jean-Luc Mélenchon, cabeza visible de la oposición de izquierdas al presidente Emmanuel Macron, según informó el martes Le Parisien. La investigación, que se encuentra en fase preliminar, tiene su origen en una denuncia de la eurodiputada del Frente Nacional (FN) Sophie Montel. La jefa del partido ultra, Marine Le Pen, fue imputada en junio por el supuesto uso de dinero del Parlamento Europeo para pagar a empleados del partido. Según el FN, otros partidos han actuado de forma similar. De ahí las denuncias de Montel, que apuntan a eurodiputados socialistas, centristas, conservadores, ecologistas y, ahora, el partido de Mélenchon.

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