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El incendiario tuitero en jefe

El presidente estadounidense mantiene en Twitter durante sus primeros tres meses de mandato el tono que exhibía como candidato

El presidente de EE UU, Donald Trump.
El presidente de EE UU, Donald Trump. EFE

Donald Trump tiene una metralleta. Marca registrada @realDonaldTrump. A lo largo de sus primeros cien días de gobierno, el presidente ha utilizado su cuenta personal de Twitter para llevar a cabo aquel consejo de Maquiavelo que recomendaba al dueño del poder “mantener en suspenso y asombrados los ánimos de sus súbditos”.

La diana de sus disparos más estruendosos, por frecuencia o por potencia, han sido los jueces, los medios de comunicación y su antecesor, Barack Obama.

El 9 de febrero, sin haber cumplido aún un mes en el cargo, demostró a dónde era capaz de llegar con un tuit retando a la corte que había ratificado por unanimidad la suspensión de su polémico decreto de veto migratorio a viajeros de países musulmanes. “¡Nos vemos en los tribunales! ¡La seguridad de nuestra nación está en juego!”.

El 17 de febrero declaró la guerra a los medios críticos en un tuit en el que los acusó de dar “noticias falsas” y los definió como “¡el enemigo del pueblo americano!”. Cuatro días antes su consejero de seguridad nacional había dimitido por su relación con Rusia y la prensa aguijoneaba. Desde el mensaje en que los declaró enemigos, Trump cargó una semana sin parar contra los medios en su Twitter. “Son lo peor”. “Son gente muy deshonesta”. “Tenemos que pelear contra ellos”. La Casa Blanca contra el cuarto poder.

“Qué bajo cayó el presidente Obama al grabar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral”, escribió el 4 de marzo a las siete en su mazazo mañanero más desmedido, acusando a su predecesor sin pruebas. El escándalo del espionaje ruso lo cercaba. El golpe de efecto giró la conversación. O al menos la llenó de ruido. Una hora y diecisiete minutos después, como si tal cosa, publicaba otro tuit sobre la decisión de Arnold Schwarzenegger de abandonar el programa El Aprendiz: “Triste final para un gran show”.

Para Trump, también la política internacional cabe en un tuit. El 2 de febrero a las cinco y media de la mañana,comunicó que Irán había recibido “una advertencia” por haber realizado una prueba balística. El 11 de abril a las ocho de la mañana amenazó a Corea del Norte: “Está buscando problemas. Si China quiere ayudarnos, estupendo. Si no, ¡resolveremos los problemas sin ellos!”. El 24 de abril repescó su obsesión por fortificar la frontera sur: “A la postre, aunque sea más adelante para que nosotros podamos empezarlo cuanto antes, México pagará de alguna manera el muro que tanto necesitamos”. Al día siguiente, el 25, atacó a Canadá por competir con la industria lechera de Wisconsin.

La cuenta de referencia de Trump es su cuenta personal. La oficial del presidente, @potus, la escribe un asistente y es una versión aguada, más o menos institucional, del verdadero Trump, el que habita @realDonaldTrump con 28 millones de seguidores. La cuenta del presidente no es en realidad la cuenta del presidente, sino la del hombre que ejercer el cargo como si su personalidad primase sobre la propia presidencia.

Desde su toma de posesión hasta finales abril, Trump ha emitido una media de entre cuatro y cinco tuits diarios, según el recuento de USA Today. Los domingos han sido los días en que menos ha disparado. Miércoles y viernes, los que más. Su récord está en el día de su inauguración, 20 de enero, 12 tuits. En el primero exclamaba con su sentido televisivo de la política: “¡Todo empieza hoy!”, y en mayúsculas, uno de sus recursos enfáticos: “El movimiento continua”. Otros días calientes fueron el ocho de febrero, 11 tuits en los que entremezcló su batalla por el veto migratorio contra países musulmanes con la crítica a una empresa por no distribuir la línea de moda de su hija Ivanka, y el 15 de febrero, otros 11 mensajes girando las aspas furiosas de su Twitter en plena crisis de la conexión rusa. Sólo pasó dos días sin tuitear. El domingo 12 de marzo y el Sábado Santo.

Su tuit más exitoso, paradójicamente, no fue uno de sus usuales latigazos a algún rival sino uno con tono de concordia. El presidente arrancaba su mandato el 22 de enero y se mostraba tolerante con sus opositores: “La protesta pacífica es el distintivo de nuestra democracia. Aunque no siempre esté de acuerdo, reconozco el derecho de la gente a expresar su punto de vista”. Más de 393.000 personas teclearon me gusta. Más del doble de los que dieron su aprobación al mensaje en el acusó de espionaje a Obama.

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