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ANÁLISIS

Aniquilar a la oposición

El anuncio de elecciones anticipadas en Reino Unido fue una gran sorpresa, el resultado no lo será

El líder del partido laborista británico, Jeremy Corbyn, el pasado martes en Londres.
El líder del partido laborista británico, Jeremy Corbyn, el pasado martes en Londres. Bloomberg

El anuncio de elecciones generales anticipadas en Reino Unido fue una gran sorpresa pero el resultado no lo será. Hubo suspense antes del referéndum sobre el Brexit el año pasado. Hay suspense en vísperas de las elecciones francesas. Habrá suspense en las elecciones alemanas. Pero no lo habrá en Reino Unido. El partido conservador de la primera ministra Theresa May ganará el 8 de junio y lo hará, según todo indica hoy, por goleada.

Salvando las obvias diferencias, como por ejemplo que en Reino Unido no hay 150 periodistas en la cárcel, May se ha decantado por la opción turca. Al estilo del presidente Erdogan, ganador hace dos días de un referéndum en Turquía que le otorga enormes poderes, lo que busca May es aniquilar la oposición parlamentaria y concentrar la máxima autoridad posible en sus manos. En un sistema político desde ya muy centralizado, su objetivo declarado es tener el máximo de libertad de maniobra en las negociaciones que se aproximan con Bruselas sobre los términos de la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

Esto no va a ser un segundo referéndum sobre el Brexit. Lo podría haber sido si el partido laborista, el principal partido de oposición, estuviese unido y, en particular, si su líder poseyera un mínimo de credibilidad. Pero ni el propio Jeremy Corbyn ni nadie creen seriamente que tiene madera para ser primer ministro; ni él ni nadie tienen claro cuál es la posición laborista sobre Europa, como tampoco lo tuvieron claro durante la anémica campaña que hicieron anterior al referéndum del año pasado. Bajo el ambiguo y lúgubre mando de Corbyn, un viejo soñador de la vieja izquierda, el tradicional partido de la izquierda británico está condenado al harakiri parlamentario.

La única noticia remotamente positiva para el laborismo es que su sector más pragmático, es decir, la gran mayoría de los diputados en Westminster, tendrá la oportunidad de elegir otro líder después del 8 de junio, uno—o una—capaz un día de presentar el partido al electorado como opción viable de gobierno.

La incógnita más interesante de estas elecciones se centra en el partido Liberal Demócrata. Fue casi aniquilado en las últimas elecciones generales, hace dos años, después de haber estado en una coalición con los conservadores en el Gobierno de David Cameron. Pero hoy es el único partido en Inglaterra que se opone sin tapujos al Brexit y que, como mínimo, aspira a que si no hay más remedio que salir de la Unión Europea se haga de la manera más suave y menos disruptiva posible, por ejemplo preservando el acceso al mercado único europeo.

Tanto las encuestas como los resultados de elecciones parlamentarias en un par de circunscripciones inglesas después del referéndum del Brexit hacen pensar que los liberal-demócratas sí lograrán conquistar más escaños parlamentarios, especialmente en Londres, territorio mayoritariamente proeuropeo. Pero lo más probable es que se los arrebatarán a los laboristas más que a los conservadores que, aunque sí tienen sus divisiones internas sobre el Brexit, tienen fama siempre de cerrar filas cuando llega la hora de la verdad, la de las elecciones.

Salvo una sorpresa mucho mayor incluso que la victoria electoral de Donald Trump, Santa Theresa, como algunos llaman a la hija única de un pastor de la iglesia anglicana, reinará en el firmamento político británico para rato.

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