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De la ‘revolución ciudadana’ a la sombra de los recortes

Lenín Moreno, el presidente electo de Ecuador, tendrá que gobernar condicionado por el frenazo económico

Elecciones en Ecuador
Lenín Moreno con su esposa, Rocío González, ayer en Quito. REUTERS

Lenín Boltaire Moreno (Nuevo Rocaforte, 1953) se convirtió ayer en el sucesor de Rafael Correa. El debate en torno a su figura tiene que ver precisamente con la imponente herencia del presidente saliente. ¿Logrará Moreno, que fue fundador de Alianza PAÍS y vicepresidente entre 2007 y 2013, desvincularse del pasado?

Según una teoría muy asentada, el candidato oficialista fue elegido precisamente para marcar distancias y trasladar una imagen distinta a la de la volcánica personalidad de Correa. En la última legislatura el llamado “socialismo del siglo XXI” acusó un golpe importante por las dificultades económicas y la popularidad del modelo. Lo demuestran los mismos resultados de las elecciones, que arrojan una especie de empate técnico entre los dos aspirantes. Moreno, que se desplaza en silla de ruedas desde que fue víctima de un disparo durante un atraco en 1998, tiene un carácter más discreto, tranquilo y, según algunos expertos, polarizará menos que su antecesor.

Escribió varios libros, entre los que se cuentan manuales de autoayuda como Teoría y práctica del humor y Ser feliz es fácil y divertido. Pero si su talante puede ayudar a alentar el diálogo con la oposición en un Parlamento que, además, quedó más fragmentado que en las anteriores legislaturas, Moreno no cuenta, aparentemente, con el empuje y la determinación de Correa. “Moreno no tiene el liderazgo ni las capacidades para llevar adelante este proceso [conocido como “revolución ciudadana”]. Por tanto, va a marcar un cambio radical”, señala el politólogo Simón Pachano.

A esta circunstancia hay que sumar las más que probables trabas en la gestión cotidiana. El líder de Alianza PAÍS, cuyas promesas de bonos y ayudas a las franjas más vulnerables le valieron bastante fama entre los sectores más populares, tendrá que afrontar, según varios expertos, recortes en gasto social como consecuencia del frenazo económico o buscar financiación por otras vías. Su gestión del legado de Correa se anuncia, por tanto, complicado.

En 2013 Moreno dejó la vicepresidencia para ser nombrado enviado especial sobre Discapacidad y Accesibilidad de Naciones Unidas por el entonces secretario general de la organización, Ban Ki-moon, y se trasladó a Ginebra. Esta etapa fue blanco de las críticas de la oposición porque durante su estancia en Suiza recibió un salario público equiparado al de un diplomático de alto rango. Su regreso fue motivado por la decisión de Correa, que planea irse a vivir a Bélgica, de dar un paso atrás. El trabajo del presidente en funciones queda ahora en sus manos.